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jueves, 29 de noviembre de 2012

Corazón de Fuego Capitulo 1

Un corazón hecho pedazos
Contemplando la luna
Contemplando la luna


Mi nombre es Leru de Bracamonte, vizconde de Rodas del reino de Loveless, miembro sustituto de Black Hand. Este diario es de uso personal. Si la mención de mi apellido y mi clan no es suficiente para alejar tus entrometidos ojos, debes saber que he envenenado en modo aleatorio algunas de las páginas.

Al momento de escribir este relato cuento con catorce años. El propósito de este manuscrito es contener de manera cronológica los eventos relacionados con el Corazón de Fuego. Todo comenzó hace tres días, cuando mi madre se acercó a mi vestida de luto. 
Leru, debo comunicarte que mi padre ha muerto. En una hora partimos a su funeral.

En ese momento estaba abstraído en la lectura de El buen ladrón y no quería ser distraído por cosas sin importancia.

-Madre, sabes mejor que yo que ese hombre al que llamas padre no puede estar muerto. Si se trata de otra de sus desapariciones prolongadas para despistar a alguno de sus enemigos, prefiero no participar de la farsa. Tengo mejores cosas que hacer.

Sin más, ella me abofeteó.

Leru, ¿cómo puedes ser tan malo?

En sus ojos había lágrimas. Me parecieron reales. De todos modos, opté por seguirme negando a acompañarla. Mi madre es capaz de mentir casi también como su progenitor.

Tus tías y primos esperan por nosotros —insistió ella—. ¿Acaso no tienes corazón?

Que no me esperen a mí. No pienso ir.

Estuve a punto de echar a correr cuando leí en sus ojos el deseo de golpearme hasta casi matarme. Ella se contuvo y se fue de mi cuarto dando un portazo.

Seguí leyendo, levantando la vista de mi libro sólo para ver el carruaje en que mi madre partió sola. Mi padre había madrugado ese día para encargarse de un negocio del cual no quiso dar explicación. Creo que dicho compromiso le impidió acompañar a mi madre de manera muy conveniente.

Mi madre se fue pasado el mediodía. Al anochecer, pude imaginarla hospedándose en un hostal de lujo, en el cual su reputación como una de las cinco hermanas Bracamonte le asegurara un trato de reina.

Estaba a solas en la mansión, excepción hecha de Mefisto, quien como de costumbre era mi silenciosa sombra. Con diligencia me sirvió la cena: pato en salsa de naranja con dos gotas de arsénico. Mi sistema inmunológico se ha desarrollado excelentemente, aún mi padre lo reconoció hace unos días.

No tenía concentración para regresar a la lectura, por lo que decidí dar una vuelta dentro de nuestros terrenos. Tenía la esperanza de que una fría brisa me libraría del desagradable pensamiento que quería apoderarse de mí. Forzoso es escribirlo porque puede ser que mi estado mental sea un factor a considerar en el futuro: ¿Y si esta vez de verdad está muerto?

El viento soplaba con fuerza esa noche. Cerré los ojos y pude ver la desagradable faz de Elías Bracamonte. Dientes torcidos y amarillentos que se exhibían sin pudor, ojos azules y una sonrisa de triunfo que ni las arrugas ni el cabello encanecido podían borrar.

En una semana mi madre y el resto de los Bracamonte estarían velando su cadáver, excepto yo. Tal vez...

Tal vez estuve a punto de pensar que me había equivocado, cuando abrí los ojos y encontré ante mí al mismísimo Elías Bracamonte, de carne y hueso, pavoneándose como una gallina de corral.

¡He acertado! —Repitió esto varias veces al tiempo que daba pequeños saltos—. ¡Sabía que serías el único de mis nietos que no asistiría a mi funeral! Eres tan predecible, pequeño Leru.

Desenfundé mi espada y con toda la velocidad que me fue posible lo ataque. Como en otras ocasiones, sentí que mi espada, por menos de un segundo, se clavó en una sustancia lodosa, pero no le había acertado.

Te faltan años de entrenamiento antes de poder hacerme un rasguño, chiquillo.

¡Sabía que se trataba de otra de tus tretas! —Estaba bastante enojado, por lo que volví atacarlo sin éxito.

Has heredado mi sagacidad, Leru. Es por eso que te he elegido, a ti y sólo a ti, para portar mi más precioso tesoro.

Juntó sus manos y las apretó con vehemencia. Miré de reojo y no vi a Mefisto por ningún lado. Pensé que el viejo no quería testigos y había usado algún truco para que nadie pudiera vernos.

Lo que había entre sus manos comenzó a brillar, primero tan tenuamente como una vela, luego con la intensidad del mismo sol. En sus palmas abiertas, había una resplandeciente gema, no era un rubí ni ninguna otra. Tenía forma pentagonal y cambiaba de color rojo a naranja constantemente. Era tan pequeña como una manzana y de ella emanaba una calidad sensación.

He aquí, mi nieto, el Corazón de Fuego. Este es la llave que despertará al Dios Prometeo cuando llegué el momento.

Él extendió la gema hacia mí, esperando que yo la tomara.

No la quiero.

¿¡QUÉ!? ¿¡Acaso no entiendes lo que está en juego!?

¡No! Y no me importa ni un chelín.

¡Tómalo!

¡Nunca! —Tras decir esto, me desvanecí.

Desperté en mi cama. Mefisto inclinaba su fea nariz sobre mí rostro, eso fue suficiente para despejarme. Tras beber una copa de whisky, él me informó que me había encontrado desmayado, recostado sobre la puerta trasera por la cual entra y sale la servidumbre. Había estado media hora inconsciente. Tuve que responder a un molesto interrogatorio para que Mefisto me dejara en paz:

¿Cuál es el nombre y titulo completo de su padre, señorito?

Xavier King, Conde de Rodas y miembro fundador de Black Hand.

Bien respondido, señorito. ¿Qué signos debe evitar confrontar?

Aries, Escorpión, Capricornio, y en especial, Cáncer.

Bien respondido, señorito. ¿Cómo puede vencer a un usuario de magia tipo tierra?

Existen tres métodos: romper su conexión, desbaratar su concentración o usar magia de viento.

Excelente señorito. Lo dejaré para que descanse. Si se siente mal, haga sonar la campanilla.

Pasados cinco minutos, saqué de mi bolsillo el Corazón de Fuego. El hecho de que Mefisto no lo hubiera notado cuando me cargó, podía ser indicio de que mi abuelo lo había protegido con alguna clase de hechizo de ocultación. ¿Sólo puedo verlo yo? ¿O hay que tener algún vinculo de sangre con el viejo? No creo que se trate de poseer magia porque carezco de ella.

Otra posibilidad que se me ocurrió era que Mefisto la viera y decidiera guardar silencio al respecto para luego informar a mi padre.

Sosteniendo la extraña gema a la luz de la vela, pensé en visitar a Raken para que la estudiara. Él es uno de los pocos magos en que me fio. Sin embargo, la perspectiva de asistir al falso funeral me desanimó. No podía creer que mis tías y mi madre no supieran de las andanzas de Elías. Prefería viajar dos meses en barco para visitar a mi primo en el reino de Hateless a su regreso. Me fui a dormir y me olvidé de la gema.

Hasta hoy al mediodía.

Al salir de una reunión rutinaria de Black Hand, realizada en la base secreta del puerto, Mefisto me pidió que aprovecháramos la ocasión para comprar pescado. Sin sospechar nada, me dejé llevar por él a un lugar alejado del bullicio del mercado.

Mefisto, creo que has equivocado el camino. Aquí no encontraremos pescado a no ser que te tires al mar y lo cojas tu mismo.

¿Te crees muy gracioso, mortal? —De repente Mefisto me miraba con odio puro—. En este día pagaras tus ofensas al Dios Poseidón.

El cuerpo enjuto de mi criado se hinchó de manera grotesca. Sus hombros reventaron en sucesivas explosiones de carne, de la cuales surgieron un par de tentáculos blancos, enormes y desagradables.

Anonadado como estaba, no pude reaccionar a tiempo. Los tentáculos me apresaron la cintura y un brazo. Me vi alzado por los aires, sacudido, y finalmente lanzado hacia el mar. Lo único que pude atinar a hacer fue dar la bocanada de aire más grande de mi vida.

Dentro del agua, las ventosas se pegaron a mi ropa con mayor fuerza. Alcanzando el cuchillo que guardaba cerca de la manga de mi camisa, corte el broche de mi capa y pude liberar mi otra mano, la cual armé de inmediato con el cuchillo correspondiente a esa manga.

Con desesperación, acuchillé los tentáculos. El agua se tiñó de sangre sin que el poder del apretón disminuyera ni un poco.


Un poco de dolor no va a detenerme, Leru.


La voz de esa criatura penetraba en mi mente. No podía ver más que las blancas ataduras, no tenía ni idea de dónde estaba mi atacante, su rango de ataque es por lo menos de unos cinco metros, no puedo olvidar eso.


Este mundo sólo le pertenece al Dios Poseidón.


Un estertor en mi garganta me avisó de la falta de oxigeno en mis pulmones.


Prometeo dormirá eternamente contigo, Leru.


Todo se puso negro. El vigor abandonó mi cuerpo al penetrar el agua dentro de mí. Me retorcí por culpa del terrible dolor en mi pecho, mas no había nada que pudiera hacer.


¡No! ¡No! ¡No!


Mi pecho ardió como si me hubieran puesto una brasa ardiendo en la piel. No estoy seguro de cómo, pero en esos momentos era como si no necesitara el aire para vivir. El calor que se había encendido dentro de mí era todo lo que necesitaba.

El agua a mi alrededor burbujeaba con violencia. Los tentáculos me soltaron apresuradamente. Braceé con la energía que me quedaba y llegué a la orilla del mar.

Mi cuerpo quería tumbarse en la arena. No se lo permití. Levante mi cabeza en busca de mi agresor, Lo encontré a unos metros de distancia, retorciéndose en el suelo. Empujando mis piernas contra su voluntad, me acerqué.

Guardaba muy poco de humano; estaba calcinado en cuestión de segundos. Era como si un fuego invisible lo desintegrara. Era todo ampollas rojas y piel carbonizada. El saco negro de Mefisto no era más que pedazos revueltos sobre la caótica masa. Un ojo verde, cuyo iris era triangular, giraba de un lado a otro en medio de toda esa carne quemada. El olor era apetitoso, como a mariscos asados.

¿Dónde está Mefisto? —Mi voz me sonó desconocida, estruendosa. Pudo ser por que casi me ahogo o por un efecto secundario del Corazón de Fuego.


¿Qué me hiciste? ¡Maldito! ¡No pereceré aquí!


¡Si me dices dónde está Mefisto te salvaré! —Estaba dispuesto a perdonarlo si con ello salvaba la vida de mi criado. No sabía como funcionaba el poder de la gema, pero pensé que algo podría hacer para detener la extinción.

Una risa demente resonó en los ecos de mi cabeza. Aún la puedo escuchar. Como no pude dormir tras los eventos de hoy preferí invertir mi tiempo en este manuscrito.


¡Tonto! ¡Nunca existió Mefisto! Siempre fui yo, Garden del Amanecer Abisal.


Hubo un crujido dentro de mí, pero no pude precisar su origen. No podía acabar de dar crédito a estas palabras, aún no acabo de hacerlo.


Yo nunca fui tu criado fiel. Por veinte años serví a tu familia bajo las ordenes del señor Poseidón. Puedes haberme matado, pero tarde o temprano, mi señor ira tras de ti...


Esas fueron sus últimas palabras. Estaba dolido por la traición de quién yo creía era Mefisto. Observe en silencio como ardió hasta reducirse a cenizas. Regresé a la mansión sin poder pensar con claridad. Para sosegarme tuve que acabar con dos botellas de whisky y escribirlo, para ya no tenerlo en mi mente.

Ahora que releo lo sucedido he reflexionado algunas cuestiones. Cuando estaba con Elías, es probable que Mefisto... no, Garden, nos haya espiado. Incluso pudo haber visto la gema, y no haber hecho nada a la espera de sus ordenes. Si tengo la oportunidad de ponerme en contacto con Elías, debo ponerle sobre aviso de que el Dios del mar sabe que aún vive.

Le dejaré una nota explicándole a mi padre que Mefisto resulto ser un espía de Poseidón, le recomendaré cambiar a toda la servidumbre y renovar la seguridad en Black Hand, pero no le diré del Corazón de Fuego. Él no me permitiría manejar está situación yo mismo, y a pesar de lo mucho que odie a Elías, si me escogió debe ser por alguna razón. Porque se trata de una misión que sólo yo puedo cumplir.

A propósito de la gema, se ha roto en pedazos, cinco para ser precisos. Su color ahora es un ámbar apagado. Fuera el que fuera su poder no parece estar funcionando. ¿Se habrá dañado por culpa de Garden o por mi causa? Es urgente que se la muestre a Raken y que juntos intentemos repararla. Esta gema no sólo tiene que ver con el durmiente Prometeo, también es lo único que puede protegernos de la ira de Poseidón.

En una semana llegaré con retraso a los pomposos funerales de Elías Bracamonte, el héroe más grande de los cuatro reinos. ¡Cómo odio a ese bastardo!



7 de Sagitario de 2012
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