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sábado, 10 de octubre de 2020

Memorias de un mago enamorado 32

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Memorias de un mago enamorado

 

Foto original por Photos Hobby
Foto original por Photos Hobby


Capítulo 32: El ascenso de la máquina


Erase una vez una rubia de cuerpo perfecto montando a horcajadas sobre la espalda de un calvo musculoso que iba volando gracias a su magia de fuego.

No habían sobrevolado mucho cuando Atahualpa abrió la boca de nuevo.

―Explicame algo Persea. Si querías llegar lo más pronto posible con Melodie, ¿no habría sido mejor un taxi?

Persea contuvo la tentación de darse una palmada en la frente porque no quería que Atahualpa se diera cuenta que ella había sido una completa idiota.

Por supuesto que mi bicicleta impulsada por mis plantas es más veloz que un simple taxi. Lo malo fueron esos tipejos que me empezaron a seguir bajo la absurda creencia de que si tenían sexo conmigo ellos también iban a adquirir dones mágicos porque yo soy una bruja.

Atahualpa casi rompió su propio cuello de toro al girar su cabeza con demasiada brusquedad para ver a Persea con una mirada de regocijo infantil.

―¿Las mujeres ordinarias quieren tener sexo conmigo ahora mismo? ¡Este es el momento que he estado esperando toda mi vida! ¡El repentino momento en que me vuelvo popular con las chicas y puedo procrear un digno heredero de mis antepasados!

Persea lo sacudió por los hombros con violencia, sin miedo a una caída fatal.

―¿Qué tonterías dices Pie Pequeño? ¡No te puede aprovechar de la idiotez de los demás! ¡Eso está mal!

―Persea, das demasiada cantaleta para ser tan hermosa, no seas amargada. No creo que podamos salir juntos a conquistar chicas con esa actitud tan negativa.

―Yo soy mujer de una mujer, no tengo interés en andar ligando chicas por ahí.

―Además, no pienso aprovecharme de ellas: las voy a sacar de su error. Sin embargo, eso puede darme la oportunidad de conocer a una chica linda, invitarla a tomar algo. Ya sabes, una cosa puede llevar a otra.

―Vaya Pie Pequeño, pasaste de sonar como un abusador sexual a un perdedor total.

―Por cierto, ¿podrías dejar de llamarme Pie Pequeño? Me estás acomplejando.

―¡Me comprometo a no llamarte Pie Pequeño si cierras la boca y vuelas lo más rápido que puedas!

Menos de un minuto después, Atahualpa volvió a hablar

―Persea...

―¡Juro por el Mago Hartwell que te voy a partir la cara Pie Pequeño!

―Persea, ¿es eso un jodido robot? ―Preguntó Atahualpa apuntando con un dedo.

Ella siguió con la vista la dirección señalada por el índice y descubrió lo que parecía ser un robot que se aproximó volando hasta quedar en una ruta paralela a la de ellos, a un metro de lejanía.

Era como ver una armadura medieval modernizada. El metal era blanco y reluciente, probablemente una aleación que se veía casi irrompible a la vez que conservaba cierta flexibilidad. A través de las coyunturas en las placas de la armadura se podía percibir un exoesqueleto de un metal negro, junto con un montón de cables perfectamente alineados que resplandecían con un color carmesí, dando la impresión de que en esos puntos su sistema sanguíneo estaba expuesto a la vista de todos. Era como ver un robot de juguete que era tan grande como un niño de diez años. Tenía compuertas retráctiles (en las suelas de sus botas, las palmas de sus guanteletes y en la espalda) de las cuales eran emitidas ondas propulsoras que le permitían volar tan bien como Atahualpa. El visor de su casco era una línea tan ajustada que lo único que se podía ver eran dos brillos de color carmesí, el mismo color que en sus cables.

El robot les enseñó el dedo medio de su mano derecha y les habló con una voz electrónica que por alguna razón Persea sintió familiar, y al mismo tiempo le produjo un escalofrío.

Saludos, Lesbiana la Flor Inmoral y la Llama en el Pie Pequeño. Soy la Unidad Kurobot y estoy aquí para destruir a los enemigos de Blaise el Fabricante Inválido. ¿Desean actualizar su estado de aliados a enemigos? ¡Me encantaría matarlos a ambos!

Decir que una rubia, un calvo y un robot estaban recorriendo los cielos a mitad de la noche sonaba más como el principio de un chiste que una descripción de lo que estaba sucediendo.

―Pues, creo que queremos evitar todos los conflictos innecesarios que puedan retrasar nuestro desplazamiento, al menos hasta que nos reunamos con nuestros camaradas. Así que, ¿podemos seguir siendo amigos, amable Señor Robot? ―Propuso Atahualpa, manteniendo una prudencial separación de dos metros.

¡Pues que lastima! ―Exclamó Kurobot como si fuera una frase de una canción electrónica.

―¿Kurobot? Me suena de algo. Voy a analizarlo, no estoy segura de que sea realmente un robot. ―Dijo Persea.

―Déjame ahorrarte el maná Persea; no es un humano, no tiene el calor corporal de uno. ― Compartió Atahualpa.

―Es mejor que me dejes los análisis a mí, Pie Pequeño. Ahora guarda silencio, por favor, y no me vayas a dejar caer. No quiero perder tiempo al tener que regenerarme.

―¿Qué?

―Silencio.

Atahualpa sintió como los tiernos muslos se apretaron más contra sus caderas. También hicieron lo mismo los brazos de ella sobre el cuello de él, y como resultado de todo el estrechamiento anterior, pudo sentir con mayor precisión los pechos perfectos sobre su espalda.

―Persea, en una escala de uno a diez, ¿qué tan lesbiana eres?

―Once. Ahora guarda silencio o te arranco los ojos.

¡La unidad Kurobot ofrece su asistencia con dicha labor!

Tras un minuto, Persea volvió a abrir sus ojos verdes.

―Pude detectar tres elementos de vida orgánica: su cerebro, y sus ojos carmesí.

―¿Tiene los ojos carmesí? ¡Oh, tienes razón! Son iguales a los de Celestino. ―Exclamó Atahualpa.

―No es una coincidencia. ―Concluyó Persea, que ya había deducido la identidad de Kurobot.

Afirmativo. La Unidad Kurobot era hermano del difunto Bastardo del Viento conocido como Zeferino, y ha llegado a la conclusión de que el Segundo Bastardo del Viento conocido como Celestino también puede ser considerado como un hermano por la Unidad Kurobot, lo que simplifica mi sentimiento de odio homicida hacia un completo desconocido.

Atahualpa y Persea intercambiaron miradas de preocupación de soslayo.

―Sé un poco sobre él. Era un niño cuando lo vi morir, y un completo psicópata. Era un asesino serial de magos y brujas que estuvo activo hace cuatro años. ―Explicó Persea.

―¿El Dios Asesino no era más que un niño? Lo estuve investigando porque sospeché que había matado a alguien de mi Aldea. Dejó de matar justamente cuando empecé a seguir su rastro. ¡Espero que haya sufrido mucho tras convertirse en un robot!

Los términos correctos son organismo cibernético, ciberhumano o cyborg. ¡Y yo también te odio, maldito calvo ignorante! ―Canto Kurobot con su timbre electrónico.

―Pues tuviste suerte de no encontrarlo Pie Pequeño. Kuro tenía la habilidad de anular todo tipo de magia. No creo que pudieras contra eso.

Atahualpa tuvo que morderse la lengua porque se suponía que nadie por fuera de la Aldea debía conocer sobre su llama azul. Por suerte para él, Kurobot sintió la necesidad de intervenir.

¡Y todavía lo puedo hacer! De no ser por mis órdenes, ya los habría hecho caer. A esta altura la probabilidad de muerte para la Llama en el Pie Pequeño es de sesenta y siete por ciento.

―Su rango de acción es de tres metros. ―Añadió Persea divertida.

Atahualpa se alejó hasta los cuatro metros en su trayectoria de vuelo compartido, nada más para estar seguros.

¡Subiré los decibelios de mi voz para que puedan seguir escuchándome malditos cobardes!

―Kuro era el hermano menor de Zeferino. Asesinó a aquellos magos y brujas para llamar su atención. Luego secuestró a Fernando, el hermano menor de Melodie, por lo que Zeferino fingió su muerte y lo atacó cuando menos lo esperaba, así rescatamos a Melodie y a Fernando. Lo que no sabíamos entonces era que uno de nuestros amigos era en realidad Jiro, otro hijo del Dragón del Viento. Para ganarse nuestra confianza y engañarnos, Jiro mató a su propio hermano pequeño. ―Relató Persea con cierta amargura.

Se operó un cambio visible en Kurobot. Su vuelo se volvió irregular e inestable porque sus propulsores crecían y decrecían sin ritmo. Sus puños de metal estaban tan apretados que el resto de la armadura estaba vibrando.

¡Asesinaré a ese traidor!

―Me temo que eso no podrá ser, aunque puedes torturarlo si lo deseas. ―Comentó Persea con alegría mórbida.

―¿Qué? Lo que afirmas es contradictorio. ¿Ha pagado o no ha pagado por lo que me hizo?

Era un poco difícil tomar a Kurobot en serio porque sonaba como un mal cantante con autotune. A pesar de ello Persea habló con mucha seriedad.

―Jiro fue a buscarme. Consideré que la muerte era demasiado buena para él y lo convertí en una planta humana, similar a mí, porque no puede morir. Pero Jiro no puede defenderse, así que lo puedo lastimar todo lo que se me antoje, por siempre. Por eso te invito, Kurobot, no a asesinarlo, sino a torturarlo a tu gusto. Creo que tú y yo podríamos ser buenos amigos después de todo.

Al principio Kurobot no reaccionó. Luego se carcajeó como una computadora poseída por un demonio.

Por su parte, Persea sonrió con belleza y maldad.

Atahualpa los contempló por un rato y al final suspiró.

―Supongo que no soy quién para juzgarlos: yo acabo de matar a la mamá de Zeferino.

Persea puso cara de consternación. Kurobot redobló su risa de computadora demoníaca.

―¿Crees que Celestino se vaya a sentir mal? No eran su familia en un sentido literal. Y ambos eran malos personas. Aún así, él tiene las memorias de Zeferino. Celestino me cae bien, es un verdadero hombre. ¿Cómo no admirar a alguien que está dispuesto a permanecer al lado de una bomba nuclear? No quiero que sufra porque su pseudo-familia este compuesta de un montón de locos. ―Reflexionó Atahualpa.

―Para empezar, más respeto con Melodie. Y para terminar, Pie Pequeño, no tienes de qué preocuparte. Celestino se sentirá más tranquilo por la desaparición de aquellos que quieran lastimar a Melodie. ―Replicó Persea.

―Claro. Lo malo es que el primero en la lista es un Dios. ―Se quejó Atahualpa.

―Y también están sus guerreros de élite. ―Añadió Persea.

Nuestras probabilidades de éxito son del cinco por ciento. ―Anunció Kurobot con entusiasmo robótico.

―Vaya, parece ser que tenemos un optimista en el grupo. ―Bromeó Atahualpa para ocultar su desazón.

―Eso me recuerda. Kurobot se presentó en nombre de Blaise el Fabricante. Su nombre estaba en la lista de enemigos que el Dios Dragón del Fuego ordenó exterminar. Kurobot, ¿acaso Blaise estuvo en un Gremio junto con Melodie y Zeferino?

Afirmativo, Flor Inmoral. Ellos tres junto con Carmen la Exploradora fundaron Rumpitur Cordibus Quattuor.

―Comprendo. Todo parece indicar que Blaise es nuestro aliado aunque no lo conozcamos en persona. Para ser honesta, prefiero que Kurobot haya sido enviado por un extraño. Tenía miedo de que fuera un regalo de último minuto del Mago Hartwell.

Oh, pero yo sí soy un regalo del Mago Hartwell, quien me dejó en manos de Blaise el Fabricante para cuando llegase el día del fin del mundo, ¡qué es hoy!

Atahualpa extendió un par de metros más su distancia de seguridad entre ellos y Kurobot, lo que Persea aplaudió internamente.

Kurobot se carcajeó una vez más, produciendo el clamor de docenas de ollas siendo aporreadas hasta la completa destrucción.


...


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Nota de autor


Para los que no hayan leído el encabezado de mi Twitter o Facebook, básicamente quedan como cuatro capítulos para el final de Memorias de un mago enamorado. Debo escribirlo a toda prisa porque a partir de la última semana de Octubre estaré bajo contrato con una empresa y ya no podré escribir mientras trabaje con ellos.

Procedo a copiar aquí mi nota de despedida

...

"Con mucho pesar debo anunciar mi retiro de Rhaidot.

¿Por qué?

Hace casi un mes envié una hoja de vida a una empresa, algo que llevó haciendo durante años. Sólo que está vez sí me llamaron a un examen, y de alguna manera lo hice suficientemente bien como para que me ofrecieran un contrato. Es una oportunidad de empleo excelente que no puedo rechazar. La cuestión es que la empresa maneja una clausula de exclusividad y debo dedicar todo mi tiempo a trabajar con ellos, so pena de arriesgarme a una demanda.

Así que a partir de la última semana de Octubre me será imposible escribir por razones legales.

Toda mi vida he intentado ser un escritor, desde los 8 años. Lo que más quería era poder vivir de mis escritos. No lo pude lograr. Creo que en parte es mi responsabilidad, porque a veces hice las cosas bien, sin embargo la mayor parte del tiempo no fue así. Tener éxito como escritor también es cuestión de suerte, casi como comprar un billete de lotería, y yo no compré el billete ganador.

Siempre quise saber lo que se sentía ser un Mangaka, pero no así. Siento como si Memorias de un mago enamorado hubiese sido cancelado justo cuando entró a su fase final, un corte tan profundo que alcanzó a Mi mujer es una serpiente que ya estaba en su revisión final. Voy a procurar escribir un final apropiado para Memorias de un mago enamorado, aunque considero inevitable que los lectores lo sientan apresurado. Parece apropiado para una historia que yo mismo acepto tuvo mucha influencia de Bleach.

Hoy mismo voy a cerrar mi Patreon para evitar que mis patrocinadores reciban un cobro adicional. No creo que vaya a seguir activo en mis redes sociales, porque puede ser hasta contraproducente para mi nuevo trabajo.

Es justo reconocer que la persona con quien más estoy en deuda es @Melathana pues siempre me apoyó para que yo fuera mejor escritor y mejor persona. Ella me tuvo la paciencia que yo no tenía ni para conmigo mismo. A ella le hago entrega de las llaves de Rhaidot para que abra la puerta hacia la escritura, si ese es su deseo.

No descarto la posibilidad de regresar como escritor, pero no será pronto. Podrían ser cinco, diez, veinte años o más, o simplemente nunca. No lo sé.

Tuve suerte de ser reconocido por algunas personas, ya fuera como traductor o escritor. Me siento muy afortunado y agradecido por todas las personas que me apoyaron, como lectores o patrocinadores, a todos dedico mis más sinceros buenos deseos."


Esta entrada fue posible gracias a Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

Gracias por leer.


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