Anomalía
Toda
su vida, Kwan se había sentido diferente a los demás, pero sólo
cuando cumplió diez años entendió por qué.
Su
mamá acababa de entregarle un trozo de pastel a Mina, quien todos
decían era la más bella del salón, entonces la niña se atrancó
con el primer bocado.
Sin
pensar en lo que hacía, Kwan corrió más rápido que el viento y le
hizo la maniobra
de Heimlich,
aún cuando no sabía lo que era.
Los
periódicos locales cubrieron la noticia. Al preguntarle qué deseaba
hacer cuando grande, Kwan respondió: “No sé cuál trabajo
exactamente, sin duda alguna quiero ayudar a los demás.”
Mina
le pidió que se volviera su novio. Kwan la rechazó. No estaba
interesado en tener novia, sino en ser un héroe.
Y
lo fue muchas veces. Porque adonde fuera que llegara Kwan, las
aventuras y desgracias lo seguían. Durante años, Kwan enfrentó a
malhechores, desastres naturales y accidentes de todo tipo.
Las
personas que al principio aplaudían sus proezas, poco a poco se
alejaron de él. Algunos acusaron a Kwan de provocar las situaciones
para luego rescatar a otros. Hubo quienes lo vieron como alguien con
mala fortuna, como si una maldición
pesara sobre su cabeza.