Buscar este blog

miércoles, 1 de julio de 2020

Memorias de un mago enamorado 20

Capítulo 19              Índice           Capítulo 21

Memorias de un mago enamorado


fuego torbellino
Foto original por James Owen

Capítulo 20: Fuego contra viento


―¡Alto ahí, Vástago del Viento!

El joven de cabello rubio se detuvo en el aire. Estaba empezando a sobrevolar los alrededores de la casa de Melodie cuando había sido llamado de tal modo. Se giró y para su sorpresa vio que alguien se acercaba a él, volando. Era alguien que usaba magia de fuego que brotaba de sus pies, lo que requería de un fino control.

Celestino tenía el cabello rubio cortado de manera irregular, lo que le daba un aspecto más rebelde y peligroso. Ahora medía un metro y ochenta centímetros de altura. Seguía teniendo una complexión entre delgada y atlética. Su cuerpo tenía la apariencia de un Zeferino de dieciocho años. La expresión en sus ojos carmesí era de hartazgo y mal genio.

―Oye, lamento desilusionarte, pero yo no soy al que estás buscando. ―Declaró Celestino con un suspiro.

El mago hizo surgir una bola de fuego de una de sus manos y la arrojó en dirección a Celestino. Él la esquivó flotando hacia un lado. La bola de fuego hizo explosión y Celestino tuvo que lanzar una ráfaga de viento a toda prisa para evitar salir lastimado.

―Eso no fue más que un saludo, Vástago del Viento. ¡Yo soy el Noveno Atahualpa, y te voy a destruir por lo que le hiciste a mi aldea! ¡Me estabas buscando, pues aquí estoy!

Por primera vez, Celestino le prestó verdadera atención a su oponente. No podía tener más de veinte años. Era calvo, brazos musculosos y ocho abdominales marcados. Medía un metro con setenta centímetros. Era de piel morena, nariz achatada y ojos negros. Sólo traía puestos unos pantalones negros: sus pies pequeños se asomaban por debajo.

Celestino se había resignado a que lo confundieran con Zeferino. A menudo se trataba de hechiceros que querían acercarse al Mago Hartwell o al Dios Dragón del Fuego. A veces eran fanáticos de las hazañas de su creador.

En sus cuatro años de existencia, era la primera vez que alguien lo venía a atacar de ese modo. Y lo peor, tan cerca de la casa donde Melodie vivía con su familia.

―Únicamente voy a repetir esto una vez. No soy el llamado Vástago del Viento, sólo soy un Espíritu del Viento que él fabricó. Deja de atacarme, o me voy a defender. ―Intentó sonar conciliador, aunque no pudo ocultar la rabia en su voz.

―A mi no me vengas con el viejo cuento del clon mágico. ¡Prepárate! ―Bramó Atahualpa avanzando.

Celestino construyó un torbellino de viento a su alrededor como defensa. Atahualpa hizo otro tanto con un torbellino de fuego. Los torbellinos se chocaron y las llamas quemaron la camisa de Celestino. Se pudo desprender de esa camisa con el mismo movimiento que utilizó para deshacer su torbellino y repeler las llamas de su persona. Sin embargo, se trataba de una hermosa camisa azul que Melodie !e había regalado en la Navidad pasada. La rabia de Celestino se transformó en ira asesina.

Lanzó una cuchillada de viento con todo el poder que pudo condensar en ese momento. El torbellino de fuego fue partido por la mitad y reveló que no había nadie allí adentro.

Lo siguiente que Celestino sintió fue un puñetazo que descendió verticalmente sobre su rostro.

Atahualpa gritó imitando a un gallo al amanecer.

Al ir cayendo, Celestino comprendió que se había dejado dominar tanto por sus emociones, que había ignorado las advertencias del viento, a las que ahora sí prestaba atención, quizá demasiado tarde.

Cuando los torbellinos se habían cruzado, Atahualpa había creado otra explosión para arrojarse a sí mismo muy alto en el aire, aprovechando el choque para ocultar la visión y audición de Celestino. De haber estado más atento, lo habría percibido al descender y lo habría podido esquivar, quizá.

Era la segunda vez en la vida que Celestino había recibido un golpe en la cara. La bofetada que le había dado Melodie poco después de su nacimiento, había sido una caricia en comparación al magnífico puñetazo de Atahualpa.

Este sujeto no solamente es fuerte, también es astuto, y tiene más experiencia de combate que yo. Pensó Celestino, a punto de perder el conocimiento.

Por pura fuerza de voluntad, se mantuvo consciente. Invocó una oleada de aire debajo de sí mismo para no hacerse daño al caer. Esperaba poder incorporarse a tiempo para alejarse a una distancia razonable de Atahualpa, quien venía cayendo detrás de él, enseñando una sonrisa victoriosa, una bola de fuego comenzando a formarse en su mano.


En las lejanas tierras de mi corazón vagabundo,
grita el viento un nombre indecible por estos labios profanos,
que en sello de agonía apagarán mi llanto.


Era una versión sumamente distorsionada de la voz cantante de Melodie. A pesar de ello, se alcanzaba a percibir su voz de sirena, tan distinta a su usual voz chillona.

Atahualpa sintió que le faltó el aire, como si le hubiesen dado un golpe en el estómago: su corazón se había contraído de manera antinatural. Perdió el equilibrio en el aire y por poco se desmaya. Giró sobre sí mismo, puso las plantas de los pies sobre la calle de cemento y levantó ambos puños en alto, envueltos en llamas.

Aunque Celestino cayó con menos gracia, al menos no se hizo daño.

―El ataque que acabas de recibir fue de nivel tres: puede matar cualquier ser vivo en un área de veinticinco centímetros. No fue más que una millonésima parte de mi poder. Si insistes en pelear, mi próximo hechizo será de nivel cuatro, lo que significa un área de dos metros y medio, lo que resultaría en una muerte instantánea para ti.

Atahualpa inspeccionó con escepticismo a quien así había hablado. Era una adolescente flaca, de cabello negro corto y ojos de color avellana. Un metro y cincuenta y seis centímetros de altura. Vestía un uniforme escolar de camisa blanca y falda a cuadros que le caía por debajo de las rodillas. Tenía una mano detrás de la espalda: ¿ocultaba un objeto, quizá?

Era una versión adulta de un retrato a lápiz que él había atesorado durante años, por lo que no le fue difícil reconocerla.

―¡Melodía de la Muerte! ―Dijo Atahualpa atemorizado.

Bajó los brazos e hizo desaparecer su magia de fuego. No podía jugar con la Asesina de Dioses.

―¿Por qué estás protegiendo a un pedazo de basura como él? Tú mataste a su padre, ¿no deberían ser enemigos? ―Espetó Atahualpa con frustración.

La frustración de Atahualpa se disipó cuando detrás de Melodie vio aparecer a la mujer más hermosa que había conocido en toda su vida. Era ligeramente más alta que Melodie, y muy superior en cualquier otro aspecto físico. Tenía el cabello rubio largo hasta la cintura, liso como el de una muñeca. Sus ojos eran dos esmeraldas brillantes, y su cuerpo de una perfección que el uniforme no podía ocultar. Una mochila colgaba de su espalda.

Atahualpa pensó que parecía esculpida por los mismos dioses.

―Vaya guardaespaldas estás hecho, Celestino. De no ser por Melodie te habrías convertido en un chicharrón. ―Se burló Persea, contoneándose.

―Me tomó por sorpresa. ―Replicó Celestino, frunciendo el ceño hacia Persea.

―¡Claro que no! ¡Mi asalto fue de frente, como un verdadero hombre! ―Protestó Atahualpa.

Melodie se acercó a Celestino y lo miró directo a los ojos, a un palmo de distancia.

―Rompió tu nariz y te dejó un ojo morado. Persea, ¿me puedes dar un aguacate?

―Yo creo que ahora se ve mejor. ―Dijo Persea con mordacidad.

―¡Persea! ―La apremió Melodie, haciendo un gesto demandante con la palma de la mano abierta.

Persea se encogió de hombros y sacó un aguacate de su mochila, que luego depositó sobre la mano de Melodie. Ella removió la cáscara y se lo ofreció a Celestino. Él, con desgano, lo mordió.

―No fue para tanto. ―Él comentó, al tiempo que sus heridas sanaron.

Entonces Melodie se giró hacia Atahualpa, sosteniendo el aguacate.

―Te daré el resto si cooperas con nosotros y respondes nuestras preguntas. ¿Por qué atacaste a Celestino?

―Aparentemente Zeferino destruyó su aldea. Él solía hacer mucho ese tipo de cosas cuando el Dios Dragón del Viento lo mangoneaba. ―Informó Celestino.

El desánimo se asomó en el rostro de Melodie. Por un momento consideró que podría tratarse de una nueva pista sobre el paradero de Zeferino.

―Aguarden un momento. ¿De verdad no eres Zeferino, el Vástago del Viento? ―Inquirió Atahualpa asombrado.

―Te dije que soy un Espíritu del Viento que él fabricó.

―¡Entonces tiene que estar muy cerca, pues eres un Espíritu hecho con mucho detalle. ¡Claro! ¡Alguien le advirtió de mi llegada y por eso huyó! ―Se jactó Atahualpa.

―¡Deja de decir sandeces y presta atención a Melodie! ―Amonestó Persea.

―¿Por qué buscar venganza después de tanto tiempo? Zeferino a cambiado mucho su comportamiento. Ya no es un servidor de ningún Dios Dragón. ―Explicó Melodie entristecida.

―¡Patrañas! ¡Cambiado mi trasero! ¡No sé si lo hizo por órdenes del Dios Dragón, pero definitivamente fue él! ¡La semana pasada asoló mi Aldea con un tornado, con un grado de poder que solamente el Vástago del Viento posee! Seis personas murieron, y la mitad de las casas fueron destruidas. De yo haber estado ahí, le habría dado su merecido. Ojos carmesí, cabello rubio. ¡Tuvo que haber sido él!

―¿Celestino, acaso tú…?

―¡Ni siquiera insinúes nada Per! Tengo mejores cosas que hacer que eso.

―¡No es cierto! Te la pasas holgazaneando y acosando a Melodie.

―¿Se pueden callar los dos? ―Gritó Melodie.

Ella se acercó a Atahualpa y puso una de sus delicadas manos encima de uno de los gruesos hombros de él.

―¿Estás seguro de lo que dices? ¿Es de confianza la persona que te lo contó?

Atahualpa vio preocupación genuina dentro de los ojos avellana. No creyó que lo estuvieran engañando.

―Todos en la Aldea Pielroja concuerdan en la descripción. Algunos incluso tienen vídeos.

―¡Por favor, llévanos a tu Aldea! ¡Celestino puede determinar si realmente se trató de Zeferino o no!

―¡Melodie, tenemos que asistir a nuestra graduación! ―Se quejó Persea.

―Esto es más importante. ―Sentenció Melodie con su voz aguda.

―Tú no tienes que venir Per, esto no es de tu incumbencia.

Los ojos verdes de Persea fueron dos rendijas de rencor.

―Silencio, clon mal hecho. ¡No voy a dejar a Melodie en manos de dos orangutanes!

Melodie le entregó el aguacate a Atahualpa, quien se sintió mucho mejor tras comerlo. Era la primera vez que se topaba con un trío tan interesante. A pesar de estar en medio de una misión de venganza, experimentó la alegría de aquel que, tras haberse sentido solo toda su vida, por fin se encuentra con otros espíritus afines.

―Tengo que ir por algunas cosas que dejé a la vuelta de la esquina, ya regreso. ¡No se preocupen, no voy a escapar! ―Anunció Atahualpa y se fue corriendo sin esperar respuesta.

Celestino se incorporó. Melodie cayó en cuenta de que su torso estaba descubierto y miró para otro lado, sonrojada.

―Mel, lo siento. Me descuide y permití que la camisa que me regalaste fuera destruida.

―Lo importante es que tú estás bien. Voy a traer otra camisa para ti.

Melodie salió corriendo.

Con expresión enamorada, tanto Persea como Celestino la vieron partir.


...

Capítulo 19              Índice           Capítulo 21

Nota de autor (26 de Junio de 2.020)

La canción de Melodie es un fragmento de Poema para ti escrito por mi novia Melathana.

Supongo que la segunda parte de Mago Enamorado tiene un cierto sabor a Naruto: Shippūden por el salto en el tiempo. Ahora tanto Melodie como Persea serán más eficaces en el combate. Desde luego ahora ellas, junto con Celestino, son más maduros, y por lo mismo más emocionales e inestables pues están en ese terrible periodo de la vida que suena a adolecer.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.


miércoles, 24 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 19

Capítulo 18              Índice           Capítulo 20

Memorias de un mago enamorado


muerte y amor
Foto original por Leonardo Yip

Capítulo 19: Muerte de un mago enamorado


Demasiado alta su figura, demasiado oscura su túnica negra, demasiado viejo su sombrero bombacho, así había aparecido el Mago Hartwell frente a ellos.

El Capitán Jace, los miembros de su Escuadrón, y Abdullah, quedaron petrificados por el terror, recordando todas las historias que se contaban sobre el Primer Hechicero.

Convirtió el sistema circulatorio del Duque Verdinal en un montón de cianuro y chocolate.

Hizo que el famoso matemático Paradero quedase reducido a un retrasado mental, literalmente, porque demoraba cinco minutos en replicar a lo que le habían dicho: su cerebro procesaba la información con la misma velocidad que una persona normal, pero era como si él estuviese cinco minutos en el pasado. Se suicidó tras una semana de vivir así.

Riku intentó levantar su mano. Sólo logró que sus dedos se movieran ligeramente. Un pequeño carrillo fue lanzado en dirección al Mago Hartwell, aunque no cayó ni cerca de él.

Zeferino y Masaki siguieron muertos sobre los escombros.

Nana, Mori y Suki se concentraron sobre la figura cuyo rostro no se podía ver con claridad. Lo vieron intensamente, sin embargo nada ocurrió.

El Mago Hartwell se echó para atrás y soltó una carcajada inhumana, más similar al aullido de un lobo.

—Niñas, ¿acaso su padre no les enseñó nada de nada? Sus trucos no servirán contra mí, ¡porque yo soy asombroso! Como sea, voy a extraer veintidós gramos de ese muerto mago enamorado y luego me iré, por lo que no tienen porque preocuparse. Hoy no representó un peligro para ustedes. Hoy.

Hubo un temblor y un pilar de fuego surgió desde el mismo cielo, apartando las nubes grises del cielo nocturno. De la incandescente llama surgió una mujer con el cabello violeta, ojos de color índigo y diez alas abiertas de par en par, de plumas blancas y larga envergadura. Un aura de fuego, similar a la del pilar del que había emergido, la rodeaba.

El Mago Hartwell hizo una profunda reverencia, su sombrero estuvo a punto de caer y reveló un poco de su cabello: se vio como la melena negra de un león.

—¡Vaya! ¡Pero yo digo vaya! ¿Cómo estás Fuego? ¡Desnudo como siempre! ¿O debería decir desnuda? Ustedes siempre me confunden, me han repetido un montón de veces que prefieren el pronombre masculino, pero luego se encariñan con sus bolsas de carne y de repente prefieren el género biológico. Como sea, te ves genial, la apariencia de este cuerpo es bastante imponente.

—¡INSOLENTE PELAFUSTÁN! ¿CÓMO TE ATREVES A INTERVENIR DIRECTAMENTE? ¡SI TANTO DESEAS UNA CONFRONTACIÓN, ESTOY DISPUESTO A COMBATIR CONTIGO AHORA MISMO! —Gritó el Dios Dragón del Fuego.

Abdullah, Jace y el resto de la Guardia Dragón cayeron de rodillas. Las cuatro hermanas perdieron el conocimiento.

 —Ay Fuego, extremista como siempre. Sabes que si peleamos solamente vamos a destruir a todos los mortales sin herirnos realmente. Ni tú ni yo queremos eso, ¿o si? —El Mago Hartwell sonrió, mostrando una doble hilera de dientes.

—SI NO VIENES A PELEAR, ¿POR QUÉ ESTÁS AQUÍ, MAGO?

—Solamente vengo por lo que me pertenece. El buenazo de Zeferino hizo dos tratos conmigo. Del primero no voy a decir nada. El segundo sólo lo podía cobrar en el momento de su muerte. He venido a reclamar su alma, nada más que eso. Puedes quedarte con el cuerpo, no me importa.

El Mago Hartwell se fue acercando al cadáver de Zeferino. El Dios Dragón del Fuego lo contempló sin moverse ni un centímetro.

—¿A CAMBIO DE QUÉ VENDIÓ SU ALMA EL VÁSTAGO DEL VIENTO?

—Por amor a los juegos de vídeo Fuego, era tu sobrino. Al menos lo puedes llamar por su nombre. Es más corto, ¿sabes?

—¡RESPONDE, INFELIZ!

El Mago Hartwell metió un dedo dentro de la nariz de Zeferino, un dedo que a pesar de estar dentro de un guante blanco, se veía más como una pezuña de cerdo.

—En realidad no tendría por qué hacerlo, pero de hecho el que tú lo sepas hará que mis planes avancen. Ustedes los "Dioses" Dragones se creen tan poderosos y capaces de prever el futuro, pero siempre que se topan conmigo yo soy el que ríe al final. Perdona mi verborrea, me siento nostálgico con tan sólo verte. ¿Has vuelto a ponerte en contacto con Key? Espero que esté bien. Volviendo a nuestro asunto. Zeferino sólo tenía a una persona en su cabeza, así que es evidente que sólo habría vendido su alma a cambio de una cosa, sobretodo en caso de morir. Piénsalo detenidamente por un segundo y lo descubrirás por ti mismo, Fuego.

Los ojos índigo resplandecieron.

—¿DEBO SUPONER QUE LA MELODÍA DE LA MUERTE ESTÁ BAJO TU PROTECCIÓN AHORA?

—Correcto, mi sensual Fuego. Lo digo por tu vasija, no por ti, no quiero que nuestra relación energética vaya por esos derroteros. Lo intenté con Agua y aprendí mi lección. ¡Nunca más!

Por primera vez, en lugar de mostrar su divina magnificencia, su voz enseñó una nota de emoción, de asqueada y preocupada emoción.

—¿AGUA Y TÚ QUÉ?

El Mago Hartwell retiró su dedo de la nariz de Zeferino. Una sustancia plateada estaba empapando ese dedo. Era como una especie de plasma, que luego el Mago Hartwell introdujo dentro de un vial. Se limpió los restos sobre su túnica negra, que no mostró ni una sola mancha.

—Oye, si ella (o él) no te lo contó, mejor no digo más. Luego se enoja conmigo y ya sabes como es tu hermana. O hermano. Si la ves, o lo ves, envía mis saludos. ¡Hasta la próxima! Probablemente sea en una épica batalla final para decidir el destino de este mundo. ¡O no! ¿Quién sabe?

El Mago Hartwell hizo otra reverencia, pero en vez de levantarse, se fue hundiendo en la tierra hasta desaparecer como una sombra negra.

Al rato Abdullah se puso de pie, sintiéndose mareado. Se acomodó su turbante y se alisó su frac negro con la otra mano. Vio una expresión de pensamiento profundo en el rostro del Dios Dragón del Fuego y aunque no lo quería interrumpir, no hacerlo podría ser más perjudicial.

—Capitán Jace. Procedamos como le indique antes. Amo, desea usar los cuerpos de Zeferino y Masaki, ¿verdad?

La cabeza de cabello violeta asintió. Al Dios Dragón del Fuego le habría gustado tener a alguien con quien hablar, un igual. Pero prefería morir mil veces a ponerse en contacto con Oscuridad por iniciativa propia. ¿Y si era eso lo que el Mago Hartwell quería? Hablar con Oscuridad podía ser parte de los planes de ese entrometido, al igual que usar el cuerpo de Zeferino. Como Dios Dragón, Fuego era excelente para predecir el comportamiento de las sociedades humanas. Pero los individuos eran un capítulo aparte. Y el Mago Hartwell era completamente extraterrestre, sin punto de comparación.

El Dios Dragón del Fuego decidió que no tenía sentido romperse la cabeza. Después de todo, ya había decidido cuál era el mejor curso de acción para dominar este mundo.

Lo iba a quemar hasta las cenizas, y volver a empezar desde cero.

...

La misma noche que Melodie le había dado una bofetada a Celestino, ella estaba quedándose dormida, cuando la despertó que su cama se sacudió fuertemente.

—¿Qué fue eso? —Exclamó asustada, medio incorporándose.

—Creo que fue una explosión. Voy a revisar si hay alguna mención en las noticias. —Dijo Celestino, poniéndose a teclear en la computadora.

Iba a añadir que tenía la impresión que el origen del estallido, que él sí había captado, provenía de la misma área donde vivía Camilo. Se contuvo porque ya la había hecho llorar y no quería tener más de esa sensación de ahogo en el pecho que Celestino no entendía, pero que le provocaba dolor, aunque ninguno de los dos estaba herido.

Cinco minutos después aparecieron los primeros reportes de una explosión en la ciudad. Diez minutos más tarde, se había precisado la localización.

Melodie se había puesto la cobija y acercado a Celestino para ver la pantalla del computador por encima de su hombro. El olor de su carne lo perturbó a él por completo.

—En esa zona queda la casa de Camilo. —Señaló Melodie preocupada.

Celestino sintió una punzada de molestia ante la preocupación de ella, y también culpa por la molestia que lo invadió. ¿Qué no era normal preocuparse por un amigo? ¿Por qué sentía enojo?

Melodie cogió su celular y marcó varias veces sin recibir contestación.

—Camilo no contesta. Zefer tampoco. ¿Podría tener algo que ver con el Dios Dragón?

—¿Quieres que vaya a investigar, Mel?

Ella lo pensó antes de responder.

—Sí, pero no te pongas en peligro. Debes ser lo más sigiloso y cauteloso que puedas, ¿vale?

Celestino asintió y salió volando por la ventana, lleno de alegría ante la confianza que ella tenía en sus habilidades.

...

Celestino pudo determinar que, si bien la explosión que había causado el cráter no había sido mágica, había rastros de tierra y viento manipulados mediante maná, rastros que definitivamente pertenecían a Masaki y a Zeferino. También el Dios Dragón del Fuego había estado allí.

Celestino no pudo encontrar nada más.

En la mansión de Zeferino, y el apartamento que estaba ubicado cerca del hogar de Melodie, Celestino no pudo encontrar a nadie.

Zeferino no asistió el día de los exámenes de recuperación, lo que no despertó sospechas de parte de la escuela, pues él no estaba obligado a asistir. La alarma ante su desaparición no se produjo hasta el inicio del siguiente año.

Camilo tampoco fue encontrado, ni su padre adoptivo Abdullah. Se creyó que habían muerto durante la explosión.

Con el pasar de los días, Celestino extendió su búsqueda a los lugares que únicamente los hechiceros podían acceder. Había rumores de una confrontación entre el Vástago del Viento, el Dios Dragón del Fuego y el Mago Hartwell. Nadie se ponía de acuerdo con respecto a quién había sido el vencedor.

Celestino y Persea le recomendaron a Melodie no hacer nada. Salir en busca de Camilo o Zeferino era arriesgarse a llamar la atención indeseada.

—Zeferino puede estar entrenando a Camilo en secreto. Necesitaba tiempo y por eso organizó todo el incidente. Es una posibilidad. —Insistió Celestino.

—Lo que él menos quería era que te vieras involucrada en todo eso. —Recalcó Persea.

Melodie se tragó sus sentimientos y se comportó del modo más sensato. Su decisión la hizo mortificarse todos los días. Sabía que si se adentraba en el misterio de la desaparición de Zeferino y Camilo, Persea y Celestino la iban a seguir a donde quiera que ella fuera. Además estaba su hermano Fernando y sus padres. No podía ser tan egoísta de ponerlos a todos en peligro al actuar a ciegas.

Tuvieron que pasar cuatro años para que Atahualpa, la Llama en la Mano, se cruzase en el camino de Melodie, la Melodía de la Muerte.

...

Capítulo 18              Índice           Capítulo 20

Nota de autor (24 de Junio de 2.020)


Me demoré más de lo que pensaba escribiendo este capítulo. Espero sacar pronto la primera recopilación en formatos EPUB y PDF. ¿Pueden creer que quedó de 40.000 palabras solamente esta primera parte? Increíble, no puedo creer que haya escrito tanto en tan poco tiempo. La magia de la cuarentena.

A partir del primer capítulo de la segunda parte, los Patreon van a recibir los capítulos con una semana de antelación.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

lunes, 22 de junio de 2020

Fotos de eclipse Luna de Fresa

Mi novia Melathana tomó estas fotos y me las envió y me pareció buena idea subirlas aquí porque se ven bien. Creo que ayer hubo otro eclipse pero no sé si voy a tener fotos.


eclipse luna fresa
Eclipse lunar penumbral 5 de junio del 2020

luna fresa
Luna de Fresa

Eclipse lunar penumbral
Eclipse Lunar en Colombia

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.


Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:


  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

sábado, 20 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 18

Capítulo 17              Índice           Capítulo 19

Memorias de un mago enamorado


calaveras
Foto original por Gábor Molnár

Capítulo 18: Una batalla perdida


Abdullah había sido contratado después de la partida de Zeferino, por lo que él desconocía que Abdullah era un mago especializado en la detección. Con tan solo un vistazo, el falso padre adoptivo de Jiro supo que no se trataba de su hijo, sino del temido enemigo sobre el cual le habían advertido tantas veces. A pesar de que su poder no servía para el combate, Abdullah era la razón por la que esta base secreta había sido construida de ese modo. Si alguien bajaba sin haber sido reportado por Abdullah, las quintillizas debían asumir de inmediato que se trataba de un enemigo.

Zeferino había decidido ignorar a Abdullah, pues en realidad no sabía si era un mago o no, y pensó que el Anillo de Ojos Negros bastaba para cubrir su identidad. Cuando Abdullah estuvo seguro de que Zeferino ya estaba bajando por el ascensor, marcó una línea especial que solamente comunicaba con la base subterránea.

—Señorita Masaki, aquel que es conocido como Vástago del Viento está bajando por el ascensor. Tiene puesto el Anillo de Ojos Negros y se hizo pasar por el Señorito Jiro.

—Muy bien hecho Abdullah. Lo mejor es que te alejes de aquí todo lo posible. Intenta comunicarte con la Guardia Dragón para que envíen Sanadores lo más pronto posible. No creo que lo podamos vencer sin resultar heridas.

—Como usted ordene, Señorita Masaki.

Abdullah no sentía gran devoción a la causa del Dios Dragón. Para él, solamente se trataba del trabajo mejor pagado que podía aspirar a conseguir, por lo que procuraba ser eficiente.

...

El primer indicio percibido por las bolas de cristal que fueron enviadas a espiar la batalla, fue la presencia de un hombre cuyo cabello gris se asomaba por debajo de su turbante, vestido de frac negro, merodeando por ahí con expresión severa, que no cambió ni siquiera cuando se produjo un terremoto que fue registrado por el Servicio Sismológico.

Varias casas y carreteras fueron destruidas. Doscientos cincuenta mil metros cúbicos de roca y tierra fueron arrojados por el aire. Doce personas murieron, quince resultaron heridas, y mil quedaron sin hogar. El cráter de la explosión midió ciento noventa por noventa metros, con veinte metros de profundidad.

Aunque hubo rumores de un posible ataque terrorista, y decenas de teorías de la conspiración, nunca se supo con certeza cuál fue la causa de la explosión pues, hasta donde todos sabían, en esa zona urbana no había nada de interés particular.

...

Riku y Masaki estaban casi en frente del ascensor, esperando que se abriera para atacar. Más atrás de ellas, detrás de la mesa de madera, Nana, Mory y Suki aguardaban en la retaguardia. Aunque no habían tenido mucho tiempo para prepararse, esas solían ser sus posiciones de combate. Todas tenían el cabello rubio y los ojos carmesí. Masaki era la que más sobresalía por su largo vestido rojo de volantes y su copete al estilo pompadour. Luego Nana y Suki, por usar faldas cortas y blusas de tiras poco apropiadas para niñas de diez años. Riku y Mori, con su armadura ligera y remaches de cuero, parecían las más normales.

Estaban en una base subterránea, tres kilómetros bajo tierra. No lo parecía, pues las paredes eran de sólido concreto y había una excelente iluminación eléctrica.

Aunque no lo hubiesen admitido, las cinco estaban nerviosas, pues estaban a punto de enfrentar a su hermano mayor. Masaki sentía miedo. Riku realmente no deseaba combatir, pero tampoco quería morir. Nana quería ver el deseo más recóndito de Zeferino hecho realidad, incluso si moría en el proceso. Suki quería convertir a su hermano en su esclavo personal, por lo que quería atraparlo con vida. Mori estaba confiada en que podría vencer al Vástago del Viento si se acercaba lo suficiente.

La puerta del ascensor tembló, indicando que ya casi se iba a abrir. Masaki puso una mano encima del hombro de Riku, incrementando el poder de su magia de tierra.

—El ascensor acaba de vibrar un poco más fuerte de lo usual. —Informó Riku.

Eso podría no significar nada, o podría significar que Zeferino tenía algo planeado contra ellas. Lo único que sabían era que él traía una mochila consigo, y eso no reducía para nada la cantidad de objetos mágicos con que las podría atacar. Tenían diversos artilugios sobre ellas para anular diversos tipos de magia, pero no era posible protegerse contra todo. No disponían de tiempo para hablar entre ellas, sólo podían reaccionar y confiar en su trabajo en equipo.

El ascensor se detuvo. Sonó la familiar campanilla. Las puertas se abrieron un par de centímetros, y Riku lanzó un puño de tierra del tamaño de un autobús contra el ascensor. El metal crujió al doblarse, y Riku sintió que había agarrado algo con su ataque.

—¡Lo cogiste! —Exclamó Masaki animada.

Riku no se sumó a su canto de victoria. Ella ya había asesinado gente de ese modo, y no sintió que estuviese crujiendo carnes y huesos. Se sintió como aquella ocasión en que mató a un panadero que estaba cargando un bulto de harina.

El detonador electrónico se activó e hizo que los diez kilos del explosivo plástico C4 fueran detonados. El radio de la explosión habría sido suficiente para destruir un bloque de casas, o un edificio de cinco pisos.

Algunos de sus objetos mágicos redujeron el daño, pero no por completo.

Masaki fue partida en dos a la altura del estómago.

Tanto Riku como Nana perdieron su brazo derecho.

La pierna derecha de Suki fue destrozada por la explosión.

El rostro de Mori quedó desfigurado por completo.

La estructura de la construcción subterránea se tambaleó, y acabó por resquebrajarse cuando un taladro que no era sólido ni gaseoso, sino de plasma, surgió desde la misma tierra y se dirigió directamente hacia las chicas rubias. Dentro de dicho taladro de color verde-transparente, estaba Zeferino, con expresión inmisericorde.

Riku hizo un gesto con la mano izquierda, y el torso de Masaki fue levantado por un pilar de tierra que la arrojó directo hacia Riku. Masaki abrió los ojos carmesí, vio que iba volando hacia su hermana, y se aferró a ella por el cuello. Masaki dio a Riku todo el maná a su disposición, hasta el punto de perder el conocimiento, hasta el punto que hizo gritar a Riku de dolor.

Zeferino intentó dirigirse hacia Riku, sin embargo no era fácil navegar cuando todo se estaba derrumbando a su alrededor.

Otros pilares surgieron y arrojaron a cada una de ellas a los pies de Riku, quien al tener a todas sus hermanas cerca, construyó una bola de tierra para protegerlas a todas. Una bola que pronto adquirió la figura de una armadura.

El taladro mágico que envolvía a Zeferino chocó contra la armadura de tierra que protegía a sus hermanas. La armadura se rompió y por un instante él pudo ver tres pares de ojos carmesí.

Aunque las habilidades de Mori, Nana y Suki funcionaban mejor si podían tocar a su oponente, habían desarrollado sus habilidades hasta el punto que el contacto visual era suficiente como para manifestar su magia.

El estómago de Zeferino se transformó en la cabeza de Melodie, que de inmediato se giró, estiró su cuello y le dio un mordisco tremendo en la entrepierna. Estaba aullando de dolor cuando de repente todo se volvió oscuridad. Zeferino estaba teniendo el pensamiento de que estaba atrapado en una ilusión y que no sabía si la cabeza de Melodie era real, cuando sus pensamientos se vieron interrumpidos por la imagen de su hermana Suki, la creciente sensación de que lo mejor para su hermana más amada era rendirse, dejar que lo mataran.

Sin pensar, Zeferino desarmó una de las capas que constituían su taladro mágico y se cortó su propio estómago. El terrible dolor lo ayudó a romper los encantamientos de sus hermanas. De reojo pudo ver la cabeza sangrante de Melodie cayendo por fuera de su taladro. Él mismo estaba sangrando demasiado, se había producido a sí mismo una herida fatal, pues no había sido un ataque nacido de un cálculo preciso, sino de una reacción animal. Pudo ver una de sus tripas asomándose y la volvió a introducir con una mano.

Al ver más allá, vio que toda la tierra a su alrededor se estaba compactando sobre él, como si fuera un ente vivo que lo quería aplastar. Estaba mareado y con naúseas. Lo único que lo sostenía de pie era su propio maná. No tenía tiempo para hacer otra cosa que mover el taladro sin rumbo con la esperanza de matar a alguna de sus hermanas por casualidad, antes de que terminase de desangrarse por completo.

—Al final, todo es cuestión de suerte, ¿verdad? —Dijo Zeferino para sí mismo.

Con una sonrisa, puso todo el maná que le quedaba en el taladro y lo hizo girar como un loco que no tenía nada que perder.

...

Tras un tiempo prudencial, Abdullah había regresado. Se había rodeado con una capa de maná para pasar desapercibido por los ordinarios, era menos complicado así. Ignoró los chillidos de angustia y los llamados de ayuda, y se concentró en ver alguna señal de vida por parte de las quintillizas.

—¡Explorador Abdullah!

El llamado alzó la vista y vio un Escuadrón de la Guardia Dragón en el aire. Montaban, como era usual, unos lagartos alados que no merecían el nombre ni de dragón bebé. Eran cinco, todos engalanados con las armaduras completas que los cubrían de pies a cabeza. Cuatro de las armaduras eran de color plateado, mientras que una era de color dorado. Cuando descendieron, a esta última fue a la que se dirigió Abdullah.

—Capitán Jace, ha llegado más pronto de lo que esperaba, lo que de seguro complacerá a nuestro amo.  Pronto, ayúdenme a encontrar a las quintillizas.

—Haremos lo que podamos, pero si están enterradas muy profundo nada podemos hacer.

Abdullah asintió.

—Por otro lado, si pueden encontrar la confirmación de que el Vástago del Viento está muerto, de seguro nuestro amo los recompensará con mayor generosidad.

Ante esto, los miembros de la Guardia Dragón fueron a inspeccionar el cráter con más ahínco.

Tras cinco minutos, Abdullah comenzó a pensar en la posibilidad de que todos estuvieran muertos. El Dios Dragón del Fuego estaría complacido si el Vástago del Viento no se interponía en su camino, aunque también estaría irritado por la pérdida de algunas de sus fichas más importantes.

Eso estaba hilando la mente de Abdullah cuando vio la tierra moverse a unos metros de él. Aunque se acercó entusiasmado, cuando vio el rostro de Zeferino asomarse, paró en seco. Estuvo a punto de gritar y salir corriendo. Entonces se dio cuenta que tenía los ojos cerrados, que su rostro no solamente estaba gris por la tierra, que ya no respiraba y su cuerpo no emitía magia alguna.

Era la cara de un muerto, que había sido llevado a la superficie por la mano de una armadura fabricada con tierra.

—¡Capitán Jace, aquí!

Detrás del cadáver de Zeferino, surgió Riku. Su brazo derecho estaba cortado por encima de la altura del codo. Ya no estaba sangrando gracias al Collar de Perlas Sagradas que todas portaban en su cuello. Sin embargo, Riku estaba en muy mal estado, al igual que Nana y Suki. A Abdullah se le revolvió el estómago cuando vio a Mori, pues su rostro era un amasijo de carne roja y sus ojos eran dos supuraciones achicharradas. Él se sobrepuso y la cogió de las manos para que pudiera recostarse sobre el suelo.

La última en salir de la armadura fue Masaki. Riku manipuló la armadura, que estaba bastante resquebrajada, para depositar el torso de su hermana con la mayor delicadeza que pudo. Un vistazo le bastó a Abdullah para comprobar que estaba igual de muerta que el Vástago del Viento. Nadie lloró por ella. La única gracia que Abdullah tuvo para con sus restos fue cerrar sus párpados. Esos ojos carmesí, a pesar de la muerte, transmitían un odio espeluznante.

Una vez que el Escuadrón de la Guardia Dragón atendió las heridas más urgentes de las cuatro, Abdullah determinó el curso que más beneficiaría a su amo.

—Capitán Jace, llevé los cadáveres del Vástago del Viento y la Señorita Masaki ante nuestro amo, de seguro él les dará un buen uso. Permita que el resto del Escuadrón sea la escolta de las niñas y yo para llevarnos al palacio en la Ciudad Plateada.

—Me temo que debo hacer algo con ese cuerpo antes de que se lo lleven, pequeños traviesos. —Dijo una sombra que salió desde el mismísimo hoyo excavado por la armadura de tierra.

La sombra adquirió la forma de una túnica negra, con un gorro viejo y bombacho sobre su cabeza.

...

Una de las bolas de cristal que espiaba el cráter, que estaba algo alejada del epicentro, vio algo muy interesante. Una cabeza de cabello negro y ojos avellana, de cuyo cuello surgieron una serie de diminutos tentáculos que la ayudaron a arrastrarse para alejarse del lugar.

La bola de cristal flotó dudosa por un rato, hasta que al final se decidió y siguió el trayecto de la cabeza.

...

Capítulo 17              Índice           Capítulo 19

Nota de autor (20 de Junio de 2.020)


Espero publicar mañana el capítulo final del primer libro, que espero presentar pronto para descargar. ¿Alguien más está sorprendido por la muerte del protagonista? Yo lo estoy un poco. Yo no lo pensé hasta el capítulo quince, y aunque pueda parecer que ya lo tenía planeado desde el principio, o desde la aparición de Celestino, la verdad es que no.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

viernes, 19 de junio de 2020

Fotos de un perro negro

Gohan es el perro de mi hermano que originalmente pertenecía a mi hermana pero las cosas no son de quien se las encuentra sino de quien paga su alimento.


foto perro negro
Gohan esperando a cualquiera para ladrar como loco.

foto perro
La leyenda cuenta que todavía sigue esperando. El pobre se lastimó su pata derecha delantera hace poco y no se queda quieto, por lo que su recuperación es demorada y lenta.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.


Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:


  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.