Buscar este blog

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 62

Capítulo 61             Capítulo 63

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad


Capítulo 62


El Experimento de la Prisión Stanford, Final

christmas_present_by_whatevercat-d5q7znq
christmas_present_by_whatevercat-d5q7znq

Minerva echó un vistazo al reloj, las manos doradas y los números plateados, el movimiento circular. Los Muggles lo habían inventado, y hasta que lo hicieron, a los magos no les había importado saber la hora. Campanas, sincronizadas con un reloj de arena, habían servido a Hogwarts para sus primeras clases cuando fue construida. Era una de las cosas que los puristas de sangre deseaban que no fueran verdad, y por lo tanto Minerva lo sabía.

Ella había recibido un Sobresaliente en sus É.X.T.A.S.I.S. en sus Estudios Muggle, lo que ahora parecía ser una marca de vergüenza, considerando cuán poco ella sabía. Su yo más joven se había dado cuenta, incluso entonces, que la clase era una estafa, enseñada por un sangre pura, supuestamente porque los hijos de Muggle no podían apreciar lo que los hijos de magos necesitaban que les contaran, y de hecho la Junta de Gobernadores no aprobaba a los Muggles para nada. Pero cuando ella tenía diecisiete el grado de Sobresaliente era lo que le importaba principalmente, lo recordaba con tristeza...

¡Si Harry Potter y Voldemort luchan su guerra con armas Muggle no quedará nada de este mundo excepto fuego!

Ella ni siquiera podía imaginarlo, y la razón por la cual no podía imaginarlo era que no podía imaginar a Harry combatiendo con Quien-Tú-Sabes.

Ella había enfrentado al Señor Oscuro cuatro veces y sobrevivió cada vez, tres veces con Albus para protegerla y una vez con Moody a su lado. Ella recordaba el daño, la cara como serpiente, las tenues escamas verdes desperdigadas sobre la piel, los ojos rojos brillantes, la voz que se reía con un siseo agudo y no prometía nada excepto crueldad y tormento: el monstruo puro y completo.

Y Harry Potter era fácil de visualizar en su mente, la expresión luminosa sobre la cara de un joven niño que tambaleaba entre tomar lo ridículo seriamente y lo serio ridículamente.

Y pensar en los dos encarándose a punta de varita era demasiado doloroso para ser imaginado.

No tenían derecho, ningún derecho de poner todo eso sobre un niño de once años. Ella sabía lo que el Director había decidido para él el día de hoy, porque le habían contado los arreglos; y de haber sido ella a la misma edad habría rabiado y gritado y llorado y sentido inconsolable durante semanas, y...

Harry no es un estudiante de primer año ordinario, Albus había aseverado. Él está marcado como el igual del Señor Oscuro, y tiene poder que el Señor Oscuro no conoce.

La terrible y hueca voz explotando desde la garganta de Sybill Trelawney, la profecía verdadera y original, haciendo eco una vez más a través de su mente. Ella tenía la sensación de que no significaba lo que el Director pensó, mas no había forma de poner la diferencia en palabras.

Y aún si parecía ser verdad, que si había algún niño de once años en la Tierra entera que podía soportar ésta carga, ese niño se aproximaba a su oficina ahora. Y si ella pronunciaba algo como 'pobre Harry' enfrente de él... bueno, a él no le gustaría.

Así que ahora tengo que hallar la forma de matar a un Mago Oscuro inmortal, Harry había hablado en el primer día que lo descubrió. Realmente desearía que me lo hubiera dicho antes de que iniciara mis compras...

Ella había sido Jefa de la Casa de Gryffindor por suficiente tiempo, había visto suficientes amigos morir, para saber que había algunas personas que no podías salvar de convertirse en héroes.

Hubo un llamado a la puerta, y la Profesora McGonagall pronunció, "Pase."

Cuando Harry entró, su cara tenía la misma fría, alerta mirada que le había visto en el Lugar de Mary; y se preguntó por un instante si él había estado vistiendo esa misma mascara, esa misma identidad, todo el día.

El joven niño se sentó en la silla frente a su escritorio, y habló, "¿Así que ya es momento de que me informen qué está pasando?" Las palabras neutrales, no las palabras afiladas que debieron acompañar a esa expresión.

Los ojos de la Profesora McGonagall se alzaron por la sorpresa antes de que los pudiera detener, y exclamó, "¿El Director no le contó nada, Sr. Potter?"

El niño sacudió su cabeza. "Sólo que él había recibido una advertencia de que yo podría estar en peligro, pero que ahora estaba a salvo."

Minerva estaba teniendo problemas para encontrar su mirada. ¿Cómo le podían hacer esto a él, cómo podían cargar esto sobre un niño de once años, esta guerra, este destino, esta profecía... y ellos ni siquiera confiaban en él...

Se forzó a sí misma a contemplar a Harry directamente, y vio que sus ojos verdes estaban calmados mientras se posaban sobre ella.

"¿Profesora McGonagall?" el niño inquirió con calma.

"Sr. Potter," arguyó la Profesora McGonagall, "me temo que no es mi derecho explicar, sin embargo si después de ésto el Director todavía no le cuenta nada, usted puede venir conmigo y yo le gritaré a él por usted."

Los ojos del niño se abrieron de par en par, algo del Harry real mostrándose a través de una hendidura antes de que la mascara se volviera a acomodar.

"En cualquier caso," la Profesora McGonagall explicó enérgicamente. "Lamento la molestia, Sr. Potter, mas necesito pedirle que use su Giratiempo para regresar seis horas hasta las tres de la tarde, y darle el siguiente mensaje al Profesor Flitwick: Plata en el árbol. Demande al Profesor que anote el tiempo en el que usted le dio ese mensaje. Después de eso el Director desea encontrarse con usted cuando a usted le convenga."

Hubo una pausa.

Entonces el niño habló, "¿Soy sospechoso de hacer un uso incorrecto de mi Giratiempo, entonces?"

"¡No por !" La Profesora McGonagall respondió a toda prisa. "Lamento el inconveniente, Sr. Potter."

Hubo otra pausa, y entonces el joven niño se encogió de hombros. "Va a desbaratar mi agenda de sueño pero supongo que no se puede evitar. Por favor permita que los elfos de casa sepan que si pido un desayuno mañanero a las, digamos, tres A.M., debo recibirlo."

"Por supuesto, Sr. Potter," ella concedió. "Gracias por entender."

El niño se levantó de su silla y le dirigió una inclinación de cabeza formal, luego se deslizó hasta la puerta con su mano ya yendo debajo de su camisa en donde aguardaba su Giratiempo; y ella casi lo llamó ¡Harry! Sólo que no sabía qué más decir después de eso.

En vez de eso esperó, sus ojos sobre el reloj.

¿Cuánto necesitaba esperar para que Harry Potter regresara en el tiempo?

No necesitaba esperar nada, en realidad; si él ya lo había hecho, entonces ya había pasado...

Minerva sabía, entonces, que ella lo estaba dilatando porque estaba nerviosa, y darse cuenta de ello la entristeció. Travesuras, sí, travesuras inenarrables impensables con toda la prudencia y precaución de una roca cayendo – ella no sabía cómo el niño había engañado al Sombrero para que no lo Seleccionara en Gryffindor donde él obviamente pertenecía – sin embargo nada oscuro o dañino, jamás. Bajo esas diabluras su bondad corría tan profunda y verdadera como la de los gemelos Weasley, aunque ni siquiera la Maldición Cruciatus habría logrado que ella lo reconociera en voz alta.

"Expecto Patronum," ella invocó, y luego, "Ve con el Profesor Flitwick, y trae su respuesta tras preguntarle lo siguiente: '¿El Sr. Potter te dio un mensaje de mi parte, cuál fue ese mensaje, y cuándo lo recibiste?'"

...

Una hora antes, habiendo usado el último giro de su Giratiempo tras ponerse la Capa de Invisibilidad, Harry plegó el reloj de arena de vuelta dentro de su camisa.

Y se dirigió a los calabozos de Slytherin, con zancadas tan largas y rápidas como se lo permitieron sus piernas invisibles, aunque sin correr. Por fortuna la oficina de la Subdirectora ya estaba en un nivel bajo de Hogwarts...

Unas cuantas escaleras después, devorando dos escalones a la vez mas no tres, Harry se detuvo en un corredor cuya vuelta final llevaba a la entrada de los dormitorios de Slytherin.

Harry tomó un pedazo de pergamino (no de papel) de su rollo, cogió una Pluma Vuelapluma (no un bolígrafo) de su monedero, y le indicó a la pluma, "Escribe estas letras exactamente como te las digo: Z-P-G-B-S-Y, espacio, F-V-Y-I-R-E-B-A-G-U-R-G-E-R-R."

Había dos clases de códigos en la criptografía, códigos que evitaban que tu hermano menor leyeran tus mensajes y códigos que prevenían que los grandes gobiernos leyeran tus mensajes, y éste era el primer tipo de código, pero era mejor que nada. En teoría, nadie debía leerlo de todos modos; y aún si lo hacían, no recordarían nada interesante a menos que lo descifraran primero.

Harry entonces puso esa pieza de pergamino dentro de un sobre cerrado, y con su varita derritió un poco de cera verde para sellarlo.

En principio, por supuesto, Harry pudo haber hecho todo eso horas antes, sin embargo por alguna razón esperar hasta después de haber escuchado el mensaje de los propios labios de la Profesora McGonagall se parecía menos a Molestar Al Tiempo.

Entonces Harry puso el sobre dentro de otro sobre, que ya contenía otra hoja de papel con otras instrucciones, y cinco Sickles plateados.

Cerró ese sobre (que ya tenía un nombre escrito en el exterior), lo selló con más cera verde, y presionó un último Sickle dentro de ese sello.

Luego Harry puso ese sobre dentro del último sobre en el cual estaba escrito con largas letras el nombre "Merry Tavington".

Y Harry asomó la cabeza en la vuelta de la esquina donde el retrato ceñudo que servía como puerta a los dormitorios de Slytherin aguardaba; como él no deseaba que el retrato recordara no haber visto a alguien invisible, Harry usó el Encantamiento Levitador para hacer que el sobre flotara hacia el hombre ceñudo, y lo golpeó suavemente con el sobre.

El hombre ceñudo observó el sobre, contemplándolo a través de un monóculo, suspiró, y se giró para darle la cara hacia el interior de los dormitorios de Slytherin, y llamó, "¡Mensaje para Merry Tavington!"

Ahí fue cuando al sobre se le permitió caer al suelo.

Unos cuantos momentos después la puerta del retrato se abrió, y Merry recogió el sobre del piso.

Ella lo abriría y hallaría un Sickle y un sobre dirigido a una estudiante de cuarto año llamada Margaret Bulstrode.

(Los Slytherins hacían éste tipo de cosas todo el tiempo, y un Sickle definitivamente constituía una orden apremiante.)

Margaret abriría su sobre, y encontraría cinco Sickles junto con un sobre para ser dejados en un salón de clases sin usar...

...después de que ella usara su Giratiempo para regresar cinco horas...

...donde ella se toparía con otros cinco Sickles esperándola, si llegaba allí pronto.

Y un invisible Harry Potter estaría esperando en ese cuarto entre las tres PM y las tres treinta, sólo en caso de que alguien intentara la prueba obvia.

Bueno, había sido obvia para el Profesor Quirrell, al menos.

También había sido obvio para el Profesor Quirrell que (a) Margaret Bulstrode tenía un Giratiempo y que (b) ella no era muy estricta sobre cómo lo usaba, por ejemplo al decirle a su hermana menor buenas piezas de chisme "antes" que alguien más las hubiera escuchado.

Algo de la tensión se fue de Harry mientras se alejó del retrató en la puerta, todavía invisible. De alguna forma su mente se las había arreglado para preocuparse sobre el plan, incluso sabiendo que ya había tenido éxito. Ahora sólo faltaba la confrontación con Dumbledore, y su día habría acabado... iría a las gárgolas del Director a las 9PM, ya que hacerlo a las 8PM parecería más sospechoso. De éste modo el podía clamar que simplemente había malentendido lo que la Profesora McGonagall había querido decir con "después"...

El oscuro dolor se agarró al corazón de Harry al pensar una vez más en la Profesora McGonagall.

Por lo que Harry se retiró un poco más dentro de su lado oscuro, que había vestido la expresión de calma y mantenido la fatiga fuera de su rostro, y siguió caminando.

Habría un ajuste de cuentas, mas a veces tenías que tomar prestado todo lo que pudieras el día de hoy, y dejar que los pagos llegaran mañana.

...

Incluso el lado oscuro de Harry se estaba sintiendo exhausto para cuando la escalera en espiral lo hubo llevado a la gran puerta de roble que era el portal final a la oficina de Dumbledore; pero ya que Harry ahora estaba legalmente cuatro horas más allá de su hora natural para ir a la cama, era seguro mostrar algo de esa fatiga, la física aunque no la emocional.

La puerta de roble se abrió de par en par –

De antemano los ojos de Harry ya se habían enfocado en la dirección del gran escritorio, en el trono detrás de aquello; así que le tomó un momento registrar que el trono estaba vacío, el escritorio desolado en el centro excepto por un solitario volumen encuadernado en cuero; y entonces Harry cambió su mirada de dirección para ver al mago de pie a un lado de sus horribles cosas, los desconocidos y misteriosos aparatos amontonados en una esquina del escritorio. Fawkes y el Sombrero Seleccionador ocupaban sus respectivos percheros, una brillante y fogosa llama crujía en un rincón que Harry hasta ahora se daba cuenta era una chimenea, y había dos sombrillas y tres pantuflas rojas para el pie rojo. Todas las cosas en su lugar y apariencia acostumbrada excepto el mago anciano en sí mismo, de pie y alto vestido con una túnica negra muy formal. Fue una conmoción para sus ojos, esa túnica sobre esa persona, era como si Harry hubiera visto a su padre luciendo un traje de negocios.

Muy antigua era la apariencia de Albus Dumbledore, y afligida.

"Hola, Harry," saludó el mago anciano.

Dentro de una identidad alterna auto-mantenida como una construcción de la Oclumancia, un Harry-inocente que absolutamente no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo inclinó su cabeza fríamente, y pronunció, "Director. Espero que ya haya escuchado la confirmación de parte de la Subdirectora McGonagall, así que si está bien por usted, realmente quisiera saber qué está pasando."

"Sí," concordó el mago anciano, "es hora, Harry Potter." La espalda se enderezó, nada más un poco pues el mago ya estaba de pie; pero de alguna forma incluso ese pequeño cambio hizo que el mago pareciera una cabeza más alto, y más fuerte aunque no más joven, formidable aunque no peligroso, su potencia reunida sobre él como un manto. Con una clara voz, entonce, él habló: "Éste día tu guerra contra Voldemort ha iniciado."

"¿Qué?" exclamó el Harry exterior que no sabía nada, mientras algo viendo desde adentro pensó más o menos lo mismo sólo que con mucha más profanidad de por medio.

"Bellatrix Black ha sido tomada de Azkaban, ella escapó de una prisión de la que no se podía escapar," el mago anciano explicó. "Es una hazaña que carga la firma de Voldemort como ninguna otra que hubiera visto antes; y ella, su más fervorosa sirviente, es uno de los tres requisitos que él debe obtener para revivir con un nuevo cuerpo. Tras diez años el enemigo que derrotaste ha regresado, como fue predicho."

Ninguna parte de Harry pudo pensar que pronunciar ante eso, al menos no durante los pocos segundos antes de que el mago anciano continuara.

"No cambia mucho para ti, por ahora," explicó el mago anciano. "He empezado a reconstituir la Orden del Fénix que te servirá, he alertado a las pocas almas que pueden y deberían entender: Amelia Bones, Alastor Moody, Bartemius Crouch, ciertos otros. De la profecía – sí, hay una profecía – yo no les he contado, pero saben que Voldemort ha regresado, y saben que tú jugarás un rol vital. Ellos y yo lucharemos tu guerra en sus etapas iniciales, mientras tú creces en fuerza, y quizá sabiduría, aquí en Hogwarts." Las manos del mago anciano se alzaron, como si estuviera suplicando. "Así que para ti, por ahora, sólo hay un cambio, y te imploro que comprendas su necesidad. ¿Reconoces el libro sobre mi escritorio, Harry?"

La parte interna de Harry estaba gritando y golpeando su cabeza contra paredes imaginarias, mientras el Harry exterior se giró y contempló a lo que resultó ser -

Hubo una pausa bastante larga.

Entonces Harry respondió, "Es una copia de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien."

"Reconociste una frase de ese libro," prosiguió Dumbledore, mirada intensa en sus ojos, "por lo que asumo que lo recuerdas bien. Si estoy equivocado, por favor corrígeme."

Harry nada más se lo quedo viendo.

"Es importante entender," expuso Dumbledore, "que éste libro no es una descripción realista de una guerra mágica. John Tolkien nunca luchó contra Voldemort. Tu guerra no será como en los libros que has leído. La vida real no es como en las historias. ¿Comprendes, Harry?"

Harry, muy lento, asintió sí; y luego sacudió su cabeza en un no.

"En particular," declaró Dumbledore, "hay una cosa ciertamente tonta que Gandalf hace en el primer libro. Él comete muchos errores, así actúa el mago de Tolkien; sin embargo hay un error que es el más imperdonable. Ese error es éste: Cuando Gandalf tuvo la primera sospecha, aunque fuera momentánea, de que Frodo poseía el Anillo Único, debió llevarse a Frodo para Rivendell en el acto. Podría haber pasado una vergüenza, ese mago anciano, de haber resultado sus sospechas falsas. Podría haber encontrando embarazoso comandar a Frodo, y Frodo habría estado grandemente incómodo, necesitando hacer a un lado muchos otros planes y pasatiempos. Mas un poco de vergüenza, y embarazo, e incomodidad, es nada comparado a la perdida de toda tu guerra, cuando los nueve Nazgul descendieron en picada sobre la Comarca mientras tú estabas leyendo viejos pergaminos en Minas Tirith, y se llevan el Anillo sin perder el tiempo. Y no sería Frodo solamente quien habría sufrido; toda la Tierra Media habría caído en la esclavitud. De no haberse tratado de una mera historia, Harry, ellos habrían perdido su guerra. ¿Captas a qué me refiero?"

"Eh..." contestó Harry, "no exactamente..." Había algo sobre Dumbledore cuando se comportaba así, que hacía difícil permanecer apropiadamente frío; su lado oscuro tenía problemas con lo raro.

"Entonces lo diré con todas sus letras," concluyó el mago anciano. Su voz era severa, sus ojos estabas tristes. "Frodo debió haber sido movido a Rivendell de inmediato por el propio Gandalf – y Frodo nunca debió haber dejado Rivendell sin guardia. No tendría porque haber ocurrido la noche de terror en Bree, no Quebradas de los Túmulos, no Amon Sûl donde Frodo fuera herido, pudieron haber perdido su guerra por completo en cualquiera de esas veces, ¡por el descuido de Gandalf! ¿Entiendes ahora a qué me refiero, hijo de Michael y Petunia?"

Y el Harry que nada sabía lo comprendió.

Y el Harry que nada sabía vio que era la más ingeniosa, sabia, inteligente y sensata, la acción correcta por hacer.

Y el Harry que nada sabía pronunció justo lo que un inocente Harry habría hablado, mientras el observador silencioso gritaba por la confusión y agonía.

"Usted se refiere," Harry contestó, su voz temblando pues las emociones internas iban traspasando hacia la calma exterior, "a que no voy a ir a casa de mis padres en vacaciones."

"Los verás de nuevo," el mago anciano se apresuró a explicar. "Les pediré que vengan aquí para estar contigo, les extenderé cada cortesía durante su visita. Sin embargo no vas a ir a casa para las vacaciones, Harry. No vas a ir a casa para el verano. Ya no irás a almorzar en el Callejón Diagon, ni siquiera con el Profesor Quirrell para cuidarte. Tu sangre es el segundo requisito que Voldemort necesita para alzarse tan fuerte como antes. Por lo que nunca volverás a dejar los limites de las protecciones Hogwarts sin una razón vital, y con un guarda lo suficientemente fuerte como para repeler cualquier ataque durante el tiempo suficiente como para que tú llegues a un lugar seguro. "

El agua estaba empezando en las esquinas de los ojos de Harry. "¿Es eso una petición?" inquirió su voz tambaleante. "¿O una orden?"

"Lo lamento, Harry," el mago anciano respondió con suavidad. "Tus padres verán la necesidad, espero; pero si no... Me temo que no tienen otra opción; la ley, aunque equivocada, no los reconoce como tus guardianes. Lo siento, Harry, y entenderé si me desprecias por ello, mas debe ser hecho."

Harry le dio la espalda, miró la puerta, ya no podía contemplar más a Dumbledore, no podía confiar en su propio rostro.

Éste es el costo para ti mismo, opinó Hufflepuff dentro de su mente, es justo porque tú impusiste costos sobre otros. ¿Cambiará eso tu perspectiva de todo el asunto, en la forma en que el Profesor Quirrell cree que cambiará?

Automáticamente, la mascara del inocente Harry exclamó exactamente lo que habría dicho: "¿Están mis padres en peligro? ¿Necesitan ellos ser movidos aquí?"

"No," replicó la voz del mago. "No lo creo así. Los Mortífagos aprendieron, hacia el final de la guerra, a no atacar a las familias de la Orden. Y si Voldemort ahora está actuando sin sus antiguos compañeros, él todavía sabe que soy yo quien toma las decisiones por el momento, y él conoce que no le daré nada por cualquier amenaza hacia tu familia. Le enseñé que no me rindo ante el chantaje, y por eso él no lo intentará."

Harry lo volvió a encarar, y vio frialdad en la cara del mago anciano que combinaba con el cambio de su voz, los ojos azules de Dumbledore tras las gafas se habían endurecido como el acero, no encajaban con la persona mas sí con la formal túnica negra.

"¿Es eso todo, entonces?" cuestionó la voz temblorosa de Harry. Después él pensaría sobre ésto, después pensaría en alguna respuesta astuta, después le preguntaría al Profesor Quirrell si había alguna manera de convencer al Director de que estaba equivocado. En ese momento, mantener la mascara requería toda la atención de Harry.

"Voldemort usó un artefacto Muggle para escapar de Azkaban," el mago anciano dijo. "Él te está observando y aprendiendo de ti, Harry Potter. Pronto un hombre llamado Arthur Weasley por orden del Ministerio impondrá un edicto para que cese todo el uso de artefactos Muggle en las batallas del Profesor de Defensa. En el futuro, cuando tengas una buena idea, guardala para ti mismo."

No parecía importante por comparación. Harry nada más asintió, y preguntó una vez más, "¿Es eso todo?"

Hubo una pausa.

"Por favor," suplicó el mago anciano con un susurro. "No tengo derecho a pedir tu perdón, Harry James Potter-Evans-Verres, pero por favor, al menos dime que entiendes el por qué." Había agua en los ojos del mago anciano.

"Lo entiendo," afirmó la voz del Harry exterior que sí entendía, "O sea... Ya había estado pensando en algo así... reflexionando si podía lograr que mis padres y usted me permitieran quedarme en Hogwarts durante el verano como los huérfanos, para poder leer en la biblioteca de aquí, como sea todo es más interesante en Hogwarts..."

Un ahogado sonido surgió de la garganta de Albus Dumbledore.

Harry se giró otra vez hacia la puerta. No era un escape indemne, mas era un escape.

Dio un paso hacia adelante.

Su mano cogió el pomo de la puerta.

Un grito desgarrador partió el aire -

Como si fuera en cámara lenta, al tiempo que Harry se giró, vio al fénix ya lanzándose a través del aire y aleteando hacia él.

Desde el verdadero Harry, el que conocía su verdadera culpa, salió un asomó de pánico, pues no había pensado en eso, no lo había anticipado, se había preparado para encarar a Dumbledore mas se había olvidado de Fawkes -

Aleteo, aleteo, y aleteo, tres veces las alas del fénix aletearon como el estallido y apagón de un fuego, la duración parecía pasar demasiado lento mientras Fawkes se remontaba por encima de los misterios dispositivos para llegar hacia donde Harry aguardaba de pie.

Y el ave roja-dorada estaba flotando frente a él con gentiles movimientos de ala, balanceándose en el aire como la flama de una vela.

"¿Qué sucede, Fawkes?" inquirió el falso Harry confundido, observando al fénix a los ojos, como lo haría si fuera inocente. El Harry real, sintiendo el mismo malestar horrendo que sintió cuando la Profesora McGonagall había expresado su confianza en él, pensó: ¿Me volví malvado el día de hoy, Fawkes? Yo no creí que fuera malvado... ¿Me odias ahora? Si me convierto en algo que un fénix odia, quizá debería rendirme sin más, rendirme ahora y confesar -

Fawkes gritó, el más terrible chillido que Harry hubiera llegado a escuchar, un chillido que puso todos los dispositivos a vibrar e hizo despertar a todas las figuras que dormían dentro de sus retratos.

Perforó a través de todas las defensas de Harry como si fuera una espada caliente cortando mantequilla, todas sus capas colapsaron como globos estallados con agujas, reajustaron sus prioridades en un instante pues él recordó la única cosa que era importante; las lágrimas empezaron a verterse libremente por los ojos de Harry, bajando por sus mejillas, su voz ahogada pues las palabras salían de su garganta como si estuviera tosiendo lava -

"Fawkes dice," la voz de Harry pronunció, "él quiere que yo, haga, algo, sobre, los prisioneros, en Azkaban -"

"¡Fawkes, no!" exclamó el mago anciano. Dumbledore se adelantó, acercándose al fénix con una mano suplicante. La voz del mago anciano era casi tan desesperada como había sido el grito del fénix. "¡No puedes pedirle eso, Fawkes, no es más que un niño!"

"Usted fue a Azkaban," Harry susurró, "usted llevó a Fawkes consigo, él vio – usted vio – usted estuvo ahí, usted vio - ¿POR QUÉ NO HIZO NADA? ¿POR QUÉ NO LOS DEJÓ SALIR?"

Cuando los instrumentos dejaron de vibrar, Harry se dio cuenta que Fawkes había gritado al mismo tiempo que él, que ahora el fénix estaba volando al lado de Harry y encarando a Dumbledore a su lado, la cabeza rojo-dorada a la altura de la suya.

"Puedes," murmuró el mago anciano, "¿puedes en verdad escuchar la voz del fénix tan claramente?"

Harry estaba llorando tan fuerte que casi no podía hablar, por todas las puertas de metal que había pasado, las voces que había escuchado, las peores memorias, las desesperadas suplicas que oía al caminar, todo había explotado dentro de su mente como una flama a causa del grito del fénix, todos los bastiones internos derribados. Harry no sabía si en realidad podía escuchar la voz del fénix claramente, si habría entendido a Fawkes sin haberlo sabido de antemano. Todo lo que Harry sabía era que tenía una excusa plausible para mencionar las cosas que el Profesor Quirrell le había dicho que nunca debía comentar en una conversación desde hoy en adelante; porque esto era justamente lo que un inocente Harry habría dicho, lo que habría hecho, de haber escuchado con tanta lucidez. "Ellos están sufriendo – tenemos que ayudarlos – "

"¡Yo no puedo!" lloró Albus Dumbledore. "¡Harry, Fawkes, no puedo, no hay nada que yo pueda hacer!"

Otro grito desgarrador.

"¿POR QUÉ NO? ¡NADA MÁS VAYA Y SÁQUELOS!"

El mago anciano retiró su vista del fénix, sus ojos se posaron sobre los de Harry. "Harry, ¡explica a Fawkes de mi parte! ¡Cuéntale que no es tan simple! Los fénix no son meros animales mas son animales, Harry, no pueden asimilar -"

"Yo tampoco lo comprendo," Harry declaró, con voz temblorosa. "¡No comprendo por qué están alimentando a los Dementores con prisioneros! ¡Azkaban no es una prisión, es una cámara de tortura y ustedes están torturando a esas personas hasta la MUERTE!"

"Percival," argumentó el mago anciano con voz ronca "Percival Dumbledore, mi propio padre, Harry, ¡mi propio padre murió dentro de Azkaban! ¡Lo sé, sé que es un horror! ¿Pero que quieres de mí? ¿Destrozar Azkaban por la fuerza? ¿Quieres que declare una abierta rebelión contra el Ministerio?"

¡CAW!

Hubo una pausa, y la voz temblorosa de Harry dijo, "Fawkes no sabe nada sobre los gobiernos, él nada más quiere que usted – saque a los prisioneros afuera – de sus celdas – y él le ayudará a pelear, si alguien se interpone en su camino – y – ¡y yo también lo haré, Director! ¡Iré con usted y destruiré cualquier Dementor que se acerque! Nos preocuparemos sobre las consecuencias políticas después, apuesto que usted y yo juntos podemos salirnos con la nuestra -"

"Harry," murmuró el mago anciano, "los fénix no entienden cómo ganar una batalla puede perder una guerra." Las lagrimas descendían por las mejillas del mago anciano, secándose dentro de su barba plateada. "La batalla es todo lo que conocen. Son buenos, sin embargo no son sabios. Por eso es que escogen a los magos para que sean sus maestros."

"¿Puede usted traer a los Dementores donde yo pueda atacarlos?" La voz de Harry ya era suplicante. "Tráigalos en grupos de a quince – creo que puedo destruir esa cantidad a la vez sin lastimarme a mí mismo – "

El mago anciano negó con su cabeza. "Fue bastante difícil pasar la perdida de uno – podrían darme uno más, pero nunca dos – son considerados posesiones nacionales, Harry, armas en caso de guerra – "

La furia destelló entonces en Harry, resplandeció como el fuego, podría haber venido del hombro donde reposaba un fénix, y podría haber venido de su propio lado oscuro, y las dos iras se mezclaron dentro de él, la fría y la caliente, y fue una extraña voz la que surgió desde su garganta, "Dime algo. ¿Qué tiene que hacer un gobierno, qué tienen que hacer los votantes con su democracia, qué tienen que hacer las personas de un país, antes de que me vea forzado a decidir que ya no estoy en el mismo lado de ellos?"

Los ojos del mago anciano se abrieron por completo al observar al niño con un fénix sobre el hombro. "Harry... son aquellas tus palabras, o las del Profesor de Defensa – "

"Porque tiene que haber algún punto, ¿no es así? Y si no es Azkaban, ¿dónde es, entonces?"

"Harry, escucha, por favor, ¡óyeme! ¡Los magos no podrían vivir juntos si cada uno declarara rebelión contra los demás, cada vez que difieren! Siempre habrá algo – "

"¡Azkaban no es un mero algo! ¡Es malvado!"

"¡Sí, incluso malvado! ¡Incluso algunos males, Harry, pues los magos no son perfectamente buenos! Y de todos modos es mejor que vivamos en paz, que en caos; y si tú y yo acabáramos con Azkaban por la fuerza ese sería el principio del caos, ¿no lo puedes ver?" La voz del mago anciano era suplicante. "¡Y es posible oponerse a la voluntad de tus iguales abiertamente o en secreto, sin odiarlos, sin declararlos malvados y enemigos! ¡No creo que las personas de éste país merezcan eso de ti, Harry! E incluso si algunos de ellos lo merecen – ¿qué hay de los niños, qué hay de los estudiantes en Hogwarts, que hay de las muchas buenas personas mezcladas con las malas?"

Harry contempló hacia su hombro donde Fawkes se había posado, vio los ojos del fénix observándolo a su vez, no brillaban y aún así iluminaban, flamas rojas en un mar de fuego dorado.

¿Qué piensas, Fawkes?

"¿Caw?" Dijo el fénix.

Fawkes no comprendía la conversación.

El joven niño miró al mago anciano, y habló con densa voz, "O tal vez los fénix son más sabios que nosotros, más listo que nosotros, quizá ellos nos siguen por ahí esperando que algún día los escuchemos, que algún día lo entendamos, que algún día simplemente saquemos, los prisioneros, afuera, de sus celdas -"

Harry se giró, abrió la puerta de roble y atravesó la escalera y cerró con un portazo la puerta tras él.

El hueco de la escalera empezó a rotar, Harry empezó a descender, y él puso su cara dentro de sus manos, y principio a llorar.

No fue hasta que estuvo a la mitad del fondo que notó la diferencia, se dio cuenta del calor que seguía esparciéndose a través de él, y percibió que -

"¿Fawkes?" Harry susurró.

- el fénix seguía sobre su hombro, acomodado ahí como lo había visto unas cuantas veces sobre Dumbledore.

Harry volvió a ver dentro de los ojos, flamas rojas dentro de fuego dorado.

"Tú no eres mi fénix ahora... ¿o sí?"

¡Caw!

"Oh," Harry dijo, su voz temblando un poco, "Me alegra escuchar eso, Fawkes, porque no creo – que el Director – no creo que él lo merezca -"

Harry se detuvo, respiró profundamente.

"No creo que él se merezca eso, Fawkes, estaba intentando hacer lo correcto..."

¡Caw!

"Pero estás enojado con él y quieres probar un punto. Lo comprendo."

El fénix acarició su cabeza contra el hombro de Harry, y la gárgola de piedra se hizo suavemente a un lado para permitir que Harry pasara hacia los corredores de Hogwarts.

Capítulo 61             Capítulo 63


...

Nota del Traductor

Por poco alcancé a terminar a tiempo. Éste será el último capítulo del año 2016. Voy a tomarme una semana de vacaciones para pasar tiempo de calidad con mi novia y después reasumiré la traducción.

El próximo episodio es bastante largo, es probable que lo terminé a finales de Enero.

Después trabajaré en preparar los tres libros PDF en que se dividen los primeros 63 capítulos de HPMOR y entonces regresaré al capítulo 64 que constituye varios Omakes.

Creo que será un gran año para Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad.

Creo que éste episodio es lindo, con todo el asunto de Fawkes y las dudas que Harry tiene sobre sí mismo. Me hace cuestionarme las diferencias entre la ley y la justicia, entre lo bueno y lo correcto, entre el Hermione X Ron y el Hermione X Harry.

Les doy un agradecimiento generalizado por haberme acompañado durante otro año. ¿Será que en el 2017 llegaremos al final de HPMOR? Lo dudo, pero espero que al menos avancemos un buen trecho.

Y un agradecimiento personalizado a Dorabel Essa, cuyos comentarios en brasileño me han divertido y animado bastante .

Como siempre, gracias por leer.

...

Escrito por Less Wrong / Eliezer Yudkowsky


Traducido al español por Rhaidot


Publicar un comentario en la entrada