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martes, 28 de julio de 2015

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 45

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Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad


Capítulo 45

Humanismo, Parte 3

Harry Potter del Futuro
Harry Potter del Futuro

La canción de Fawkes gentilmente divagó hacia la nada.

Harry se sentó desde donde había estado acostado, sobre la hierba golpeada por el invierno, Fawkes todavía posado sobre su hombro.

Hubo respiraciones contenidas a su alrededor.

"Harry," dijo Seamus con voz temblorosa, "¿estás bien?"

La paz del fénix seguía dentro de él, y la calidez, provenía desde donde Fawkes reposaba. Calidez, esparciéndose a través suyo, y la memoria de la canción, todavía viva ante la presencia del fénix. Cosas terribles le habían sucedido, pensamientos terribles lo habían recorrido. Había recuperado una memoria imposible, a cambio de todo lo que el Dementor había hecho que él mismo profanara. Una extraña palabra seguía haciendo eco en su mente. Y todo eso podía ser puesto en espera, mientras el fénix todavía brillara rojo y dorado bajo el sol poniente.

Fawkes le canturreó.

"¿Algo que yo tengo que hacer?" Harry le preguntó a Fawkes. "¿Qué?"

Fawkes ladeó su cabeza en dirección al Dementor.

Harry miró el horror invisible aún dentro de su jaula, y luego de nuevo al fénix, confundido.

"¿Sr. Potter?" inquirió la voz de Minerva McGonagall detrás de él. "¿Está usted bien?"

Harry se puso de pie y se giró.

Minerva McGonagall lo estaba observando, con expresión muy preocupada; Albus Dumbledore al lado de ella lo estudiaba cuidadosamente; Filius Flitwick se mostraba tremendamente aliviado; y todos los estudiantes no hacían otra cosa que mirar.

"Creo que sí, Profesora McGonagall," Harry contestó calmadamente. Casi había pronunciado Minerva antes de frenarse. Mientras Fawkes estuviera sobre su hombro, al menos, Harry estaría bien; podría ser que colapsara un momento después de que Fawkes se fuera, pero por alguna razón pensamientos como esos no parecían importantes. "Creo que estoy bien."

Debió haber gritos de alegría, o suspiros de alivio, o algo, sin embargo nadie sabia que decir, ninguno de ellos.

La paz del fénix se alargó.

Harry se volteó. "¿Hermione?" él llamó.

Todos con la más mínima pizca de romance en sus corazones contuvieron su aliento.

"Realmente no sé cómo expresar mi agradecimiento apropiadamente," Harry explicó en voz baja, "no más de lo que sé sobre cómo disculparme. Todo lo que puedo afirmar es que si te preguntas si fue o no lo correcto para hacer, es que sí lo fue."

El niño y la niña se miraron directamente a los ojos.

"Lo siento," Harry dijo. "Sobre lo que va a pasar a continuación. Si algo que pueda hacer -"

"No," Hermione replicó. "No hay nada que puedas hacer. Sin embargo, está bien." Entonces le dio la espalda a Harry y se alejó caminando, hacia el camino que llevaba a las puertas de Hogwarts.

Un número de chicas observaron a Harry con expresión intrigada, y luego la siguieron. Mientras avanzaban, podías escuchar el inicio del excitado interrogatorio.

Harry las vio partir, se giró para contemplar a los otros estudiantes. Lo habían visto en el suelo, gritando, y...

Fawkes acarició su mejilla, brevemente.

...y eso los ayudaría, algún día, comprender que el Niño-Que-Vivió también podía ser herido, podía estar angustiado. Así cuando ellos estuvieran heridos y angustiados, recordarían haber visto a Harry gimoteando en el suelo, y sabrían que su propio dolor y problemas no significaba que nunca iban a lograr nada. ¿Había calculado el Director eso, cuando había permitido que otros estudiantes se quedaran y observaran?

Los ojos de Harry fueron de regreso hacia el alto manto andrajoso, casi sin pensar, y sin estar realmente consciente de qué estaba hablando, Harry pronunció, "No debería existir."

"Ah," comentó una seca, precisa voz. "Pensé que podría pensar algo así. Lamento mucho comunicarle, Sr. Potter, que los Dementores no pueden ser asesinados. Muchos lo han intentado."

"¿En serio?" Harry inquirió, todavía con la mente ausente. "¿Qué intentaron?"

"Hay un cierto hechizo extremadamente peligroso y destructivo," el Profesor Quirrell informó, "cuyo nombre no revelaré aquí; un hechizo de fuego maldito. Es lo que usarías para destruir un artefacto antiguo como el Sombrero Seleccionador. No tiene efecto sobre los Dementores. Ellos son imperecederos."

"No son imperecederos," rechazó el Director. Las palabras dulces, su expresión afilada. "No poseen la vida eterna. Son heridas en el mundo, y atacar una herida únicamente la hace más grande."

"Mmm," Harry preguntó. "¿Supongamos que lo arrojamos al Sol? ¿Sería destruido?"

"¿Arrojarlo al Sol?" chilló el Profesor Flitwick, viéndose como si fuera a desmayarse.

"Parece improbable, Sr. Potter," el Profesor Quirrell opinó secamente. "El Sol es muy extenso, después de todo; dudo que el Dementor tenga algún efecto sobre el Sol. Pero no es una prueba que yo quisiera intentar, Sr. Potter, sólo por si las dudas."

"Ya veo," Harry espetó.

Fawkes canturreó una última vez, agitó sus alas alrededor de la cabeza de Harry, y luego despegó apartándose de Harry. Se lanzó a sí mismo derecho hacia el Dementor, soltando un enorme y perforador grito de desafío que hizo eco alrededor del campo. Y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, se produjo un fogonazo de fuego, y Fawkes había desaparecido.

La paz se desvaneció, un poco.

La calidez se desvaneció, un poco.

Harry respiró profundamente, y exhaló de nuevo.

"Aja," Harry dijo. "Todavía vivo."

Otra vez el silencio, una vez más la ausencia del animo; nadie parecía saber cómo responder -

"Es bueno saber que se ha recuperado totalmente, Sr. Potter," el Profesor Quirrell apuntó con firmeza, como negando cualquier otra posibilidad. "Ahora, ¿creo que era el turno de la Señorita Ransom?"

Eso inició otra discusión, en la cual el Profesor Quirrell estaba en lo correcto y todos los demás estaban equivocados. El Profesor de Defensa señaló que, a pesar de las comprensibles emociones de todos los involucrados, la oportunidad de que un problema similar le ocurriera a otro estudiante estaba cerca de lo infinitesimal; más aún porque ya conocían la forma de evitar accidentes con las varitas. Y mientras tanto, había otros estudiantes que necesitaban aprovechar su mejor oportunidad para lanzar un Encantamiento Patronus, o aprender la sensación de un Dementor para que así pudieran huir, y descubrir su propio grado de vulnerabilidad...

Al final resultó que Dean Thomas y Ron Weasley de Gryffindor eran los únicos que seguían dispuestos a acercarse al Dementor, lo que simplificó el entuerto.

Harry echó un vistazo en dirección al Dementor. La palabra hizo eco en su mente de nuevo.

De acuerdo, Harry pensó para sí mismo, si el Dementor es un acertijo, ¿cuál es la respuesta?

Y con tan sólo eso, fue obvio.

Harry contempló la deslustrada, ligeramente corroída jaula.

Vio lo que yacía debajo del alto, agujereado manto.

Eso era, entonces.

La Profesora McGonagall se acercó y habló con Harry. Ella no había visto lo peor, así que nada más había un poco de agua resplandeciente en sus ojos. Harry le comunicó que necesitaba conversar con ella después e inquirir una cuestión que él había demorado desde hace tiempo, pero que eso no tenía que ocurrir ya mismo, si ella estaba ocupada. Ella produjo una cierta expresión que sugirió que le habían alejado de algo importante; y Harry se lo manifestó, y añadió que honestamente ella no tenía por qué sentirse culpable sobre irse. Esto le mereció una mirada afilada, mas entonces ella se fue, presurosa, con la promesa de que hablarían más adelante.

Dean Thomas invocó su oso blanco otra vez, incluso ante la presencia del Dementor; y Ron Weasley puso un adecuado escudo de niebla chispeante. Lo que concluyó el día, al menos hasta donde a todos les importaba, y el Profesor Flitwick empezó a guiar a los estudiantes de regreso a Hogwarts. Cuando fue claro que Harry tenía el propósito de quedarse atrás, el Profesor Flitwick lo observó de manera inquisitiva; y Harry, por su parte, fijó la vista de manera significante hacia Dumbledore. Harry no supo que concluyó el Profesor Flitwick de eso, pero tras una afilada mirada de advertencia, su Jefe de Casa partió.

Y asó únicamente permanecieron Harry, el Profesor Quirrell, el Director Dumbledore, y un trío de Aurores.

Hubiera sido mejor deshacerse del trío primero, sin embargo a Harry no le se ocurrió una buena manera de lograrlo.

"De acuerdo," dijo el Auror Komodo, "vamos a llevarlo de regreso."

"Disculpen," Harry arguyó. "Me gustaría tener otra oportunidad con el Dementor."

...

La petición de Harry halló una cierta cantidad de oposición de la variedad estás completamente loco, aunque sólo fue el Butnaru quien de hecho lo expresó en voz alta.

"Fawkes me pidió que lo hiciera," Harry declaró.

Eso no venció toda la oposición, a pesar de la expresión de sorpresa que produjo en el rostro de Dumbledore. El argumento siguió, y estaba empezando a desgastar la paz remanente del fénix, lo que molestó a Harry, mas nada más un poco.

"Vean," Harry explicó, "estoy muy seguro de qué fue lo que hice mal antes. Hay un tipo de persona que tiene que usar una clase diferente de pensamiento cálido y féliz. Sólo permitan que lo intente, ¿de acuerdo?"

También esto demostró no ser persuasivo.

"Me parece," el Profesor Quirrell señaló finalmente, observando a Harry con ojos como rendijas, "que si no lo dejamos hacer esto bajo supervisión, él podría, en algún punto u otro, fugarse y buscar a un Dementor por su cuenta. ¿Lo acuso falsamente, Sr. Potter?"

Hubo una pausa horrorizada ante esto. Pareció un buen momento para jugar su carta del triunfo.

"No me importa si el Director mantiene su propio Patronus activo," Harry propuso. Porque yo estaré ante la presencia de un Dementor de todos modos, Patronus o no.

Esto produjo confusión, incluso el Profesor Quirrell se mostró intrigado; pero el Director finalmente accedió, ya que no era probable que Harry pudiera ser herido a través de cuatro Patronus.

Si el Dementor no pudiera atravesar tu Patronus en algún nivel, Albus Dumbledore, no verías un hombre desnudo al cual es doloroso ver...

Harry no lo pronunció en voz alta, por razones obvias.

Y empezaron a avanzar hacia el Dementor.

"Director," Harry inquirió, "suponga que la puerta de Ravenclaw le pregunta a usted este acertijo: ¿Qué yace en el centro de un Dementor? ¿Qué respondería?"

"Miedo," dijo el Director.

Era un error bastante simple. El Dementor se aproximaba, y te provocaba miedo. El miedo dolía, sentías el miedo debilitarte, querías que el miedo se fuera.

Era natural pensar que el temor era el problema.

Así que concluyeron que el Dementor era una criatura de temor puro, que no había más allí que temer que el miedo mismo, que el Dementor no podía dañarte si no tenías miedo...

Pero...

¿Qué yace en el centro de un Dementor?

Miedo.

¿Qué es tan horrible que la mente se rehúsa a verlo?

Miedo.

¿Qué es imposible de matar?

Miedo.

...no encajaba del todo, una vez que lo considerabas.

Aunque era lo bastante claro por qué las personas estarían reluctantes a mirar más allá de la primera respuesta.

Las personas comprendían el miedo.

Las personas sabían lo que supuestamente debían hacer con el miedo.

Así que, enfrentado con un Dementor, no sería exactamente confortante preguntar: '¿Qué tal si el temor no es más que un efecto secundario en vez de el problema principal?'

Llegaron muy cerca de la jaula del Dementor protegida por cuatro Patronus, cuando se produjeron cuatro inhalaciones violentas provenientes de los tres Aurores y el Profesor Quirrell. Todas las caras se voltearon para contemplar al Dementor, como si escucharan; había horror sobre el rostro del Auror Goryanof.

Entonces el Profesor Quirrell levantó su cabeza, con expresión dura, y escupió hacia el Dementor.

"No le gustó que le arrebataran su presa, supongo," Dumbledore comentó con calma. "Bueno. Si se vuelve necesario, Quirinus, siempre habrá refugio para ti en Hogwarts."

"¿Qué fue lo que pronunció?" inquirió Harry.

Todos giraron la cabeza hacia él.

"¿No lo oíste...?" Dumbledore dudó.

Harry sacudió su cabeza.

"Se dirigió a mí," explicó el Profesor Quirrell, "dijo que me conocía, y que me cazaría algún día, a donde fuera que intentara esconderme." Su rostro era rígido, sin señal de estar atemorizado.

"Ah," Harry comentó. "No me preocuparía por eso, Profesor Quirrell." No es como si los Dementores pudieran hablar de verdad, o pensar; la estructura que tienen la toman prestada de tu propia mente y expectativas...

Ahora todos lo estaban mirando con expresiones muy raras. Los Aurores se ojeaban nerviosamente entre ellos, al Dementor, a Harry.

Y se quedaron de pie directamente en frente de la jaula del Dementor.

"Son heridas en el mundo," Harry declaró. "No es más que una corazonada, pero supongo que el que pronunció eso fue Godric Gryffindor."

"Sí..." admitió Dumbledore. "¿Cómo lo sabes?"

Es una confusión común, pensó Harry, que los mejores racionalistas eran Seleccionados en Ravenclaw, sin dejar otros para otras Casas. Esto no es así; ser Seleccionado en Ravenclaw indica que tu virtud más fuerte es la curiosidad, inquirir y desear conocer la respuesta verdadera. Y esta no es la única virtud que un racionalista necesita. A veces tienes que trabajar duro en un problema, y perseverar por un tiempo. A veces necesitas un plan ingenioso para resolverlo. Y a veces lo que necesitabas más que nada para ver la respuesta, es el coraje para enfrentarlo...

La vista de Harry fue hacia lo que yacía debajo del manto, el horror que era mucho peor que cualquier momia en descomposición. Rowena Ravenclaw también podría haberlo sabido, porque era un acertijo bastante obvio una vez que lo veías como acertijo.

Y también era obvio porque los Patronus eran animales. Los animales no lo sabían, y por eso estaban protegidos del miedo.

Sin embargo Harry sabía, y siempre lo sabría, y nunca sería capaz de olvidar. Intentó enseñarse a sí mismo a enfrentar la realidad sin retroceder, y aunque Harry todavía no había dominado ese arte, de todos modos esas ranuras habían sido impresas dentro de su mente, el reflejo aprendido de contemplar hacia el pensamiento doloroso en lugar de huir. Harry nunca sería capaz de olvidar al pensar en pensamientos cálidos y felices sobre algo más, y por eso el hechizo no había funcionado para él.

Así que Harry pensaría en un pensamiento cálido y feliz que no era sobre algo diferente.

Harry extrajo su varita que el Profesor Flitwick le había devuelto, puso sus pies en la postura inicial para el Encantamiento Patronus.

Dentro de su mente, Harry descartó los últimos remanentes de paz del fénix, puso a un lado la calma, el estado ensoñado, recordó más bien el grito perforador de Fawkes, y se preparó a sí mismo para la batalla. Llamó a todas las piezas y elementos de sí mismo a despertar. Elevó dentro de sí mismo todas las fuerzas que el Encantamiento Patronus requería cada vez, para ponerse en el punto mental correcto para el cálido y feliz pensamiento final; recordó todas las cosas brillantes.

Los libros que su padre le había comprado.

La sonrisa de su Mamá cuando Harry había hecho a mano su tarjeta para el día de la madre, una cosa elaborada que había usado media libra de partes electrónicas sobrantes del garaje para producir luces destellantes y timbrar con una suave tonada, y le había llevado tres días en construir.

La Profesora McGonagall afirmando que sus padres había muerto bien, protegiéndolo. Como en efecto había sido.

Darse cuenta que Hermione estaba manteniendo su ritmo e incluso yendo más rápido que él, que podían ser verdaderos rivales y amigos.

Embaucando a Draco afuera de la oscuridad, observarlo lentamente caminar hacia la luz.

Neville y Seamus y Lavender y Dean y todos los demás que lo veían como un ejemplo a seguir, todos por los él pelearía para defender si algo amenazaba a Hogwarts.

Todo lo que hacia la vida digna de ser vivida.

Su varita se levantó hacia la posición inicial para el Encantamiento Patronus.

Harry pensó en las estrellas, la imagen que casi contuvo al Dementor aún sin un Patronus. Sólo que esta vez, Harry añadió el ingrediente perdido, él no lo había visto realmente mas había visto las fotos y el vídeo. La Tierra, resplandeciendo azul y blanca reflejando la luz del sol mientras flotaba en el espacio, en medio del vacío negro y los brillantes puntos de luz. Pertenecía ahí, dentro de esa imagen, porque era lo que le daba un significado a todo lo demás. La Tierra era lo que hacía las estrellas significantes, las hacía más que incontrolables reacciones en fusión, porque era la Tierra la que algún día colonizaría la galaxia, y cumpliría la promesa del cielo nocturno.

¿Seguirían plagados por los Dementores, los hijos de los hijos de los hijos, los distantes descendientes de la raza humana al viajar de una estrella a otra? No. Por supuesto que no. Los Dementores no eran más que pequeñas molestias, palideciendo hacia la nada bajo la luz de la promesa; no eran imposibles de asesinar, ni invencibles, nada de eso. Tenías que sobreponerte a las pequeñas molestias, si eras uno de los pocos afortunados y desafortunados en nacer sobre la Tierra; en la Antigua Tierra, como sería recordada algún día. Eso también era parte de lo que significaba estar vivo, si eras uno del pequeño manojo de seres conscientes nacidos al principio de todas las cosas, antes de que la vida inteligente llegara totalmente a la cima del poder. Que el mucho más vasto futuro dependía de lo que tú hicieras aquí, ahora, en los primeros días del amanecer, cuando todavía había tanta oscuridad para combatir, y molestias temporales como los Dementores.

Mamá y Papá, la amistad de Hermione y el viaje de Draco, Neville y Seamus y Lavender y Dean, el cielo azul y el brillante Sol y las otras cosas resplandecientes, la Tierra, las estrellas, la promesa, todo lo que la humanidad era y todo lo que se convertiría...

Sobre la varita, los dedos de Harry se movieron en las posiciones iniciales; estaba listo, ahora, para pensar el tipo indicado de pensamiento cálido y feliz.

Y los ojos de Harry se fijaron directamente a lo que permanecía por debajo del manto agujereado, miró recto hacia lo que había sido nombrado Dementor. El vacío, la ausencia, el hueco en el universo, la falta de color y espacio, la herida abierta a través de la cual se escapaba la calidez del mundo.

El miedo que exudaba robaba todos los pensamientos felices, su cercanía drenaba tu poder y fuerza, su beso destruiría todo lo que eras.

Te conozco ahora, Harry pensó al tiempo que su varita giraba una, dos, tres y cuatro veces, mientras sus dedos se deslizaban hacia las distancias correctas, he comprendido tu naturaleza, simbolizas la Muerte, mediante algunas leyes de la magia tú eres una sombra que la Muerte lanza sobre el mundo.

Y la Muerte es algo que yo nunca aceptaré.

Sólo es una cosa de niños, de la cual la especie humana aún no ha madurado.

Y algún día...

La superaremos...

Y las personas ya no tendrán que decir adiós nunca más...

La varita se alzó y apuntó directo hacia el Dementor.

"¡EXPECTO PATRONUM!"

El pensamiento explotó de él como una represa rota, descendió desde su brazo hacia su varita, explotó desde ahí como un relámpago de luz blanca. Luz que se volvió corpórea, tomó una forma y substancia.

Una figura con dos brazos, dos piernas, y una cabeza, de pie; el animal Homo sapiens, la apariencia de un ser humano.

Destellando más y más brillante mientras Harry proyectaba toda su fuerza en el hechizo, resplandeciendo con luz incandescente más luminosa que el sol ocultándose, los Aurores y el Profesor Quirrell protegieron sus ojos sorprendidos -

Y algún día cuando los descendientes de la humanidad se hallan esparcido de estrella a estrella, no les contarán a los niños sobre la historia de la Antigua Tierra hasta que sean lo suficientemente mayores para poderlo tolerar; ¡y cuando aprendan al respecto llorarán al conocer que tal cosa como la Muerte existió tan siquiera una vez!

La figura de un humano se iluminó más brillante que el Sol del mediodía, tan radiante que Harry podía sentir el calor reflectándose sobre su piel; y Harry envió todo su desafío a la sombra de la Muerte, abriendo todas las compuertas dentro de sí para hacer más fulgurante esa brillante forma y aún más luminosa y todavía más resplandeciente.

No eres invencible, y algún día la especie humana de acabará.

Te eliminaré si puedo, por el poder de la mente y la magia y la ciencia.

No me arrodillaré por temor a la Muerte, no mientras tenga una oportunidad de ganar.

No permitiré que la Muerte me toque, no permitiré que la Muerte toque a aquellos que amo.

Y aún si me eliminas antes de que yo te elimine,

Otro tomará mi lugar, y luego otro,

Hasta que la herida en el mundo sea sanada al final...

Harry bajó su varita, y la destellante figura humana se desvaneció.

Lentamente, exhaló.

Como si despertara de un sueño, como si abriera sus ojos tras haber dormido, la mirada de Harry se alejó de la jaula, contempló alrededor y vio a todos los que lo estaban observando.

Albus Dumbledore lo estaba mirando fijamente.

El Profesor Quirrell lo estaba mirando fijamente.

El trío de Aurores lo estaba mirando fijamente.

Todos lo estaban contemplando como si él acabara de destruir un Dementor.


El manto desgarrado yacía vacío dentro de la jaula.

Capítulo 44             Capítulo 46


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