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Mi primera consola fue un Famicom, la versión asiática del Nintendo Entertainment System (NES) de ocho bits. Venía con 32 juegos incorporados que podían utilizarse sin necesidad de cartucho. Entre ellos recuerdo con añoranza a Bomberman, Super Mario Bros, Dig Dug, Excitebike, Formation Z y Circus Charlie. Había un juego cuyo nombre no recuerdo y que debía traducirse a algo similar como pelea callejera, pero no se trataba del Street Fighter que todos conocemos y amamos; este juego trataba de dos tipos que partían lentamente desde los extremos opuestos del frente de una casa para liarse a puños en el centro de la pantalla, nada más se podían golpear en el estómago o en la cara y el objetivo era empujar a tu oponente por tres calles hasta tirarlo por el hueco de una alcantarilla destapada. Debo confesar que odiaba ese juego.
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Todo el mundo me vencía: mis primos, mis vecinos e incluso mis padres, una y otra vez. Lo que se ha vuelto irónico con los años porque ahora soy tan bueno con los videojuegos de pelea que ya nadie quiere jugar conmigo. O a lo mejor ese trauma de la niñez fue un catalizador para llegar a ser así de grandioso :D

