Buscar este blog

lunes, 8 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 16

Capítulo 15              Índice           Capítulo 17

Memorias de un mago enamorado


dos hermanos
Foto original por Limor Zellermayer

Capítulo 16: Historia de dos hermanos, Parte 1


Kuro era un niño feliz. Todas las mañanas, lo primero que veía era el rostro de su madre, Mona.

—¡Buenos días mi pequeño angelito! —Lo saludaba ella y lo cubría de besos por toda la cara.

Mona no era una mujer agraciada. Tenía el cabello negro y macilento, era flaca y sin garbo, con expresión de desgracia. El Dios Dragón del Viento no la había escogido por su apariencia, sino porque tenía la habilidad de anular la magia a su alrededor durante cinco minutos, y lo podía volver a hacer tras una hora de descanso. El fruto de esa Unión había sido Kuro, con la misma magia que su madre, pero sin límite de tiempo. El Dios Dragón del Viento no había seguido procreando después de él, porque sintió que Kuro era el arma definitiva. Combinado con los poderes de sus hermanos y hermanas, el Dios Dragón consideró que tenía el poder suficiente para apoderarse del mundo, sin importar lo que pudiera maquinar el Mago Hartwell.

Era una maravillosa locura, considerando que el Dios Dragón del Viento se había dado por satisfecho tras el nacimiento de las quintillizas, y de no ser porque Mona ya estaba embarazada, Kuro no habría nacido. Fue como ganarse la lotería tras haber ganado antes una rifa de monto inferior.

Kuro adoraba contar con la predilección de su padre. Aunque el Dios Dragón del Viento no era afectuoso, lo miraba con anhelo, como si no pudiera esperar el momento de verlo crecer. Y cuando esa mirada provenía de un ser inmortal, que rara vez se molestaba por el tiempo, esa expresión valía mucho, al menos para Kuro.

Cualquier otra necesidad de afecto que él tuviera era colmada por Mona. Ella literalmente se encendía de vida cuando estaba a su lado. Le daba de comer lo que él quisiera, jugaba con Kuro siguiendo sus caprichos y antojos. Él la consideraba la madre perfecta, aunque no era tan grandiosa como su padre, desde luego. Lo que importaba es que ella lo hacía más especial todavía, porque era la única de las madres que se había quedado tras haber dado a luz.

Podía sentir como el resto de sus hermanos lo envidiaban. La mayoría de ellos habían sido considerados el mejor producto al momento de su nacimiento. Las únicas dos excepciones eran Jiro, con un poder eficiente, si bien no sorprendente, pero con una personalidad lenta para la acción que constantemente desesperaba a su padre. A Renzo le iba peor, porque lo cuestionaba todo.

—¡Soy un niño pequeño! ¡No quiero ir! ¡Además es mi cumpleaños! ¡Deberías darme regalos y pastel, no enviarme a matar a alguien! ¡Papá malo! —Protestó Renzo una vez.

Eso fue un doce de Abril. Kuro lo memorizó porque le pareció extraño que Renzo supiera su cumpleaños.

—¡PEQUEÑO INSOLENTE! ¿CÓMO TE ATREVES A CUESTIONAR, A DEMANDAR? ¡SI NO QUIERES SER ÚTIL PARA MÍ, TE VOY A ROMPER! —Rugía el Dios Dragón del Viento, con esa voz espectral que hacía que todos se sintieran enfermos.

Todos los hijos del Dios Dragón odiaban a Renzo, porque forzaba a su padre a gritar, y ellos preferían cuando padre se limitaba a sonreír satisfecho y a darse entender mediante gestos, o escribiendo notas cuando se trataba de encargos complicados. Para educar a Renzo, el Dios Dragón del Viento solía matar a cualquiera que fuera cercano a él. Nunca le hizo daño a Renzo directamente, porque era mercancía valiosa. Kuro estaba seguro de que Renzo se iba a romper, tarde o temprano, no podía resistir la voluntad de un Dios por mucho tiempo, sin embargo la inesperada muerte de su padre le había dado una victoria a Renzo que, en opinión de Kuro, era inmerecida.

Sin duda alguna, al que más odiaba era a Zeferino. Tan perfecto y lacónico, siguiendo las órdenes de su padre al pie de la letra. Kuro deseaba superarlo, demostrar que era más útil para la causa, y sabía que algún día lo haría. Sólo era cuestión de tiempo, solía pensar Kuro, De no ser por la Melodía de la Muerte, su destino se habría visto cumplido. Por eso los odiaba a los dos profundamente.

Una vez, Kuro quiso jugar con las quintillizas. Ellas estaban afuera del palacio del Dios Dragón, pateando una pelota. Kuro se dirigía para afuera cuando su madre se interpuso en su camino.

—Lindo Kuro, ¿a dónde crees que vas? —Dijo Mona, con las manos en la cintura y expresión ceñuda.

—Quiero jugar con mis hermanas a la pelota. —Contestó él, inquieto. Su madre nunca lo cuestionaba de ese modo.

—No, lo prohíbo. —Sentenció ella, con tono serio.

Kuro quiso hacer lo que le daba la gana, como era usual, y con sus cortas piernas de cinco años intentó pasar al lado de Mona corriendo. Sin mucho esfuerzo, ella lo sujetó, lo cargó, y lo llevó hasta su cuarto, donde corrió el pestillo.

—Ahora estamos encerrados juntos y no puedes ir para ningún lado. —Sonrió ella con expresión retorcida.

—¡Pero yo quiero jugar! —Chilló Kuro, zapateando el suelo con fuerza varias veces.

—¡Puedes jugar con mamá, Lindo Kuro! ¿A qué quieres jugar?

—¡Ya estoy cansado de jugar contigo! ¡Quiero jugar con alguien más! ¡Quiero jugar a la pelota con mis hermanas!

Entonces Mona hizo algo que nunca había hecho. Cargó a Kuro sobre sus piernas, bocabajo, y le asestó un par de nalgadas con la mano desnuda. No fue tan doloroso, fueron un par de golpes rápidos y sin precisión. Sin embargo era la primera vez que él había sido castigado. Lloró sin darse cuenta, y se quedó con la boca abierta, viendo a Mona con esos ojos carmesí llenos de incredulidad.

—¡Lo siento tanto, Lindo Kuro! ¡Mamá lo siente de verdad! ¡Nunca te volveré a golpear, lo prometo! —Dijo Mona con lágrimas en los ojos, abrazándolo casi hasta el punto de asfixiarlo.

La experiencia dejó a Kuro muy confundido, tanto que se lo tuvo que comentar a Jiro la siguiente ocasión en que se escabulló dentro de su cuarto. Desde que Kuro tenía cuatro años, Jiro lo había comenzado a visitar. Mona se había opuesto, pero Jiro se había salido con la suya gracias a su control mental. De nada le servía a ella poder anular la magia, si Jiro la podía manipular sin que ella se diera cuenta.

Por lo general él le ordenaba que diera una vuelta por la ciudad en busca de regalos para su hijo. Así obtenían una hora de tiempo en la que Kuro, sin saber muy bien por qué, sentía que podía respirar más tranquilo. Una hora, esa era la mayor cantidad de tiempo que Mona podía estar apartada de su hijo sin sospechar que estaba siendo manipulada.

—Lo lamento, Kuro. No te puedo dar más tiempo. Tu madre no quiere estar lejos de ti. Creo que ella está a medio camino de ser encantadora y espeluznante. —Concluyó Jiro.

—Me gusta que mi mamá me quiera tanto. Sólo quisiera que me diera mi espacio. ¿Acaso me piensa acompañar cuando nuestro padre me envíe a alguna misión?

—No creo que padre lo permita. —Opinó Jiro con un asomo de tristeza.

—Lo siento. ¿Te hice sentir mal? —Preguntó Kuro con genuina preocupación infantil.

—Claro que no. No es tu culpa que mi poder sea una basura.

—Tu poder no es basura. Lo malo es que requiere mucho tiempo, y padre es muy impaciente. Cuando yo sea el favorito de padre, voy a buscar misiones para ti en las que te puedas lucir, y a Zeferino lo voy a mandar adentro del mar o algo así.

Ambos se rieron hasta revolcarse por el suelo, deleitados por poner en su lugar a su pedante hermano.

...

El mundo cambió para ambos cuando el Dios Dragón del Viento murió.

Intempestivamente, la presencia de Kuro fue requerida a las tres de la mañana. Un miembro de la Guardia Dragón aguardó en la puerta de su cuarto hasta que terminó de vestirse con el traje de príncipe que debía usar delante de su padre. Mona estaba nerviosa, y se sobresaltó cuando el Guardia Dragón no le permitió salir a ella, cogiéndola por el brazo.

—Solamente los hijos del Dios Dragón del Viento han sido llamados. —Declaró el Guardia Dragón.

Mona se quedó atrás con cara de preocupación. El propio Kuro estaba intrigado, nunca había ocurrido algo así.

El Guardia Dragón lo acompañó hasta la puerta de la Sala de Recepción, allí hizo una inclinación, abrió la puerta y se hizo a un lado para que Kuro pudiera pasar. Él entró. Vio a Jiro y a las quintillizas arrodillados frente al trono de oro. A un lado del trono, estaba Zeferino, con una sonrisa aún más pedante de lo usual. Renzo no se veía por ningún lado.

Cuando vio que el trono estaba siendo ocupado por alguien que no era su padre, sintió que el estómago se le revolvió.

—¡HIJO MENOR DEL DIOS DRAGÓN DEL VIENTO, ARRODÍLLATE FRENTE A TU NUEVO AMO! —Rugió el Dios Dragón del Fuego, con una autoridad que era incuestionable.

Kuro se arrodilló. Por alguna razón, le estaba costando respirar. La apariencia del nuevo ocupante del trono era muy diferente del anterior. Era una mujer que tenía el cabello violeta, los ojos eran de color índigo, su piel estaba rodeada por un aura roja y ardiente, tenía cinco pares de alas desplegadas desde su espalda. Kuro había escuchado rumores sobre cómo se veía su padre a punto de combatir, sin embargo nunca había tenido oportunidad de verlo. Esa mujer no era su padre, ¿en dónde estaba?

—¡POCO ANTES DE LA MEDIANOCHE, MI HERMANO, SU PADRE, FUE ASESINADO POR UNA BRUJA CONOCIDA COMO LA MELODÍA DE LA MUERTE!

—¡Imposible! —Exclamó Suki poniéndose de pie.

Una de las alas se batió en dirección a Suki y la tiró de espaldas contra el piso. Masaki a su izquierda, y Nana a su derecha, no sintieron absolutamente nada. Kuro quedó maravillado por la precisión con que esa mujer, ese Dios, controlaba su poder.

—¡NO VINE AQUÍ PARA CONVERSAR, SINO PARA SER ESCUCHADO! ¿ACASO MI HERMANO NO LES ENSEÑÓ EL DEBIDO RESPETO HACIA UN DIOS DRAGÓN? ¡SOY EL DIOS DRAGÓN DEL VIENTO, Y SOLAMENTE VAN A HABLAR CUANDO YO SE LOS PERMITA!

Era doloroso. Ni siquiera cuando Renzo molestaba a su padre, ni siquiera entonces les había hablado tanto. Kuro pudo percibir el sufrimiento en las expresiones de todos sus hermanos y hermanas. Incluso Zeferino, por debajo de su expresión triunfante, tenía que estar más adolorido que los demás porque estaba de pie. Suki ni siquiera intentó incorporarse, se quedó tendida cuan larga era, llorando.

—¡SÓLO UNO ENTRE USTEDES ESTABA PREPARADO PARA LO INESPERADO! ¡SÓLO ZEFERINO HA DEMOSTRADO QUE MERECE ESTAR A MI LADO! ¡ÉL SOLAMENTE NECESITO UNA HORA PARA ENCONTRAR UNA VASIJA DIGNA DE MÍ, Y LLEVÓ A CABO EL RITUAL PARA INVOCAR MI DIVINA PRESENCIA EN ESTE MUNDO! ¡ESPERO QUE USTEDES ME PUEDAN DEMOSTRAR QUE SON DIGNOS DE MÍ!

Esas fueron las últimas palabras del Dios Dragón del Fuego esa noche. Zeferino se adelantó un paso para dirigirse a ellos. Lo único que compartían todos en ese momento era el tormento de haber escuchado hablar a un Dios por tanto tiempo.

—Renzo escapó del castillo aprovechando la confusión. Cuando nuestro amo decida un buen uso para él, enviaré a alguno de ustedes a capturarlo. Ahora que este mundo está bajo la jurisdicción del Dios Dragón del Fuego, lo más probable es que no volveremos a ver a nuestro padre nunca más. A menos que seamos recompensados, tras nuestra muerte, con el ingreso al Mundo de los Dioses, cuyo nombre no debe ser mencionado a la ligera. Melodía de la Muerte es una bruja sin comparación. Tiene ocho años, y con su canto destruyó el cuerpo físico de un Dios. Voy a recabar más información, sobre su persona y sobre el combate que libró con nuestro padre. Hasta entonces deben pensar en maneras de hacerse útiles para nuestro nuevo amo, el Dios Dragón del Fuego.

Con eso Zeferino concluyó su discurso y los despachó. De regresó en su cuarto, Kuro relató todo lo acontecido a su madre.

—¡Ni siquiera sabía que había otros Dioses! ¿Cómo pudo haber sido asesinado por una simple bruja, una niña? Lindo Kuro, ¿que será de nosotros ahora?

—¿A qué te refieres mamá? Nada ha cambiado. No creo que haya mucha diferencia entre un Dios y otro, ¿o sí?

Su madre lo abrazó con mucha fuerza, temblando.

—Espero que tengas razón, Lindo Kuro. No quiero que nada cambie, quiero que sigamos juntos, por siempre. —Mona se puso a darle besos por todo el rostro.

Kuro empezó a preguntarse cómo podía utilizar la llegada del nuevo Dios Dragón para su beneficio. Lo que más deseaba en ese momento, más que nada en el mundo, era visitar la playa con Jiro.

...

Capítulo 15              Índice           Capítulo 17

Nota de autor (8 de Junio de 2.020)


Mañana regresó a mi trabajo de vendedor. Espero que mi jefe tome todas las medidas necesarias. Por mi parte, haré mi mejor esfuerzo para seguir escribiendo, sobretodo porque ya casi llegamos al final del primer libro. Tal vez no sea esta semana, pero ya estamos cerca.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

domingo, 7 de junio de 2020

Mi apariencia durante la cuarentena

Mi apariencia durante la cuarentena


Todo parece indicar que a partir del Martes voy a regresar a mi trabajo. Como vendedor debo verme bien, pero durante la cuarentena no me había cortado el cabello ni me afeitaba muy a menudo, por lo que hoy en la mañana me veía así:

Como en mi trabajo tengo que usar protección en la cabeza y tapabocas, sobretodo después de la cuarentena, hoy me hice cortar el cabello lo más corto que pude y quedé así:


Pero aún era necesario afeitarse, lo que también hice hoy:


Me acordé del meme de "Esta ni siquiera es mi forma final" con tantos cambios que experimenté hoy.

Estoy nervioso porque seguramente las ventas van a estar muy mermadas, y porque mientras no exista una vacuna para el COVID-19 no será realmente seguro salir a la calle, pero trabajar es un deber inevitable.

Espero poder mantener el mismo ritmo de escritura que logré establecer durante la cuarentena. También quiero hacer la misma cantidad de ejercicio, pero en el pasado ha sido difícil mantener el equilibrio entre esas dos actividades y mi trabajo como vendedor. Lo haré lo mejor que pueda.

Tengo otras fotos para compartir, probablemente las publicaré en los días en que no subo los capítulos de Memorias de un Mago Enamorado, o sea ni el Lunes ni el Miércoles ni el Viernes. Creo que lo dije del modo más innecesariamente complicado posible.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.


Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:


  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

viernes, 5 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 15

Capítulo 14              Índice           Capítulo 16

Memorias de un mago enamorado


mochila negra
Foto original por Luis Quintero

Capítulo 15: Hacia la autodestrucción


El Domingo no hubo mucho progreso en los estudios.

Camilo estuvo circunspecto todo el día, apenas y se despidió cuando se fue de la casa de Melodie.

Persea se mostró visiblemente incómoda por la presencia de Celestino. Por más que quiso concentrarse y hablar con normalidad, no pudo ocultar que era miserable ante semejante anormalidad.

A pesar de estar rodeada de su familia y amigos, Melodie se sintió muy sola. Estaba a punto de meterse a la cama y dormir con la esperanza de olvidar todo el drama, cuando descubrió que Celestino ya se le había adelantado. Al menos no estaba desnudo, cortesía de una ropa vieja de su padre.

—¿Qué estás haciendo, Celestino?

—Pues ya nos vamos a dormir, ¿no? —Respondió el aludido sonriendo.

Los ojos avellana miraron con dureza los ojos carmesí.

—No vamos a dormir en la misma cama, eso no va a pasar. —Declaró Melodie con firmeza.

—Anoche compartimos cama, ¿por qué hoy no?

—Anoche yo no me encontraba bien, no pensaba con claridad. No me siento bien por completo, pero al menos soy consciente de que un chico y una chica no pueden compartir cama hasta que hayan llegado a cierta edad y compartan ciertos sentimientos. Puedes quedarte con la cama, yo voy a dormir en la sala.

Celestino se puso de pie de un salto. Se pasó una mano por el cabello rubio y sonrió como un ángel.

—No voy a permitir tal cosa. Yo puedo flotar mientras duermo. Bueno, en realidad no necesito dormir. ¿No te molesta si uso tu computadora toda la noche?

—Duermo como un tronco así que no te preocupes. Hasta mañana, Celestino.

Melodie se dirigía a la cama cuando él la tomó de la mano.

—Mel, aún hay algo que necesitamos hacer.

Ella se lo quedó mirando con expresión interrogante, lo que hizo suspirar a Celestino.

—Necesito que me beses para renovar mi existencia, ¿recuerdas?

—Ah, sí, claro, eso. —Dijo Melodie sonrojada.

Ella se acercó a él y le estampó un beso rápido en los labios. Ibas a retroceder pero Celestino la sujetó por los hombros para hacer que el beso fuera más largo.

Melodie lo empujó y le estampó una bofetada en el rostro.

Él se la quedó observando con los ojos carmesí abiertos por la sorpresa, llevándose una mano a la mejilla que ella había golpeado.

—¿Por qué fue eso?

Melodie estaba temblando. Cayó en cuenta que todavía tenía la mano alzada y la bajó. Respiró profundamente para calmarse un poco.

—Voy a seguirte besando para mantenerte con vida, no para disfrutarlo. Tú no eres Zeferino, y aún si lo fueras, él y yo estamos pasando por algo muy complicado ahora mismo. No vuelvas a intentar darme un beso como ese, ¿de acuerdo?

Celestino asintió, sin entender la explicación de Melodie. ¿Acaso besarse no se sentía bien? ¿Por qué evitar una experiencia agradable que los podía hacer sentir bien a ambos? Ciertamente él no lo entendió.

Melodie se arropó con su sabana y se hizo un ovillo. Celestino la escuchó llorar de manera sofocada. ¿Por qué intentaba que él no se diera cuenta? ¿Acaso había algo que pudiera hacer por ella? Si Melodie no le decía directamente cómo ayudarla, ¿cómo la podía ayudar? Los patrones mentales heredados de Zeferino le decían que debía esperar y ser paciente, dejarla desahogarse hasta que ella lo fuera a necesitar con algo que él pudiera ayudar. Celestino no lo comprendió, sin embargo decidió seguir la manera de pensar de su creador, al menos por esta vez.

...

Camilo se decidió cuando el taxi iba a la mitad de su recorrido.

—Disculpe señor, acabo de recordar que tengo otro compromiso. Le voy a indicar otra dirección.

El taxista le echó un vistazo. No parecía un muchacho peligroso. Un chico de cabello negro común y corriente sin malas intenciones que acababa de recordar algo. No podía ser mala persona, puesto que tenía puesto su tapabocas en toda regla.

Camilo acarició el anillo invisible en el dedo corazón de su mano izquierda. Se iba a jugar el todo por el todo.

...

El timbre del intercomunicador sorprendió a Zeferino. No esperaba una visita nocturna. En la pantalla de la cámara exterior vio a Camilo. Parecía nervioso, tenía su celular en la mano. Zeferino presionó el botón para permitir la comunicación.

—¿Cam? ¿Qué rayos haces aquí?

—Lamento presentarme a esta hora. Sin embargo hay un asunto urgente que debo discutir contigo. No tenemos tiempo que perder.

Zeferino oprimió el botón que quitaba el bloqueó de la verja. Mientras esperaba que Camilo llegase hasta la puerta, optó por crear una barrera de viento. Por si las dudas. Cayó en cuenta que nunca le había dicho a Camilo el paradero de su casa, y preparó un hechizo de lanza de viento, porque era demasiado sospechoso.

Pensó que Camilo podía estar bajo el control mental de Jiro, que alguien había secuestrado a Melodie a pesar de estar más defendida que una fortaleza y habían elegido a Camilo como mensajero. O podía tratarse de algo que él ni siquiera podía imaginar, siempre había que tener eso presente.

La puerta se entreabrió, pues Zeferino no había descorrido dicha cadena. Zeferino veía un ojo negro, mientras que Camilo veía un ojo castaño.

—¿Qué sucede?

—¿Puedes dejarme pasar? No quiero que nadie nos vea hablar. —Solicitó Camilo, azorado.

Con todas sus alarmas internas encendidas, Zeferino lo dejó entrar. No se perdió ninguno de sus movimientos, prestó atención a cualquier cambio posible en la dirección del viento.

—Vaya, tu mansión es tan impresionante adentro como desde fuera. De seguro te das la gran vida, Zeferino.

Camilo admiró la amplia estancia. Había varias pinturas que pertenecían al romanticismo alemán, paisajes fríos de melancólica belleza. Cojines y sillones de máxima calidad. Una pantalla gigante con varias consolas y cartuchos alrededor. Luces de diseñador. Piso de mármol. Una estatua de piedra de una mujer desnuda que había sido esculpida con tanta finura que parecía realmente estar durmiendo.

—Cam, esta no es una hora apropiada para una visita convencional. Si ocurre algo, necesito que me informes de inmediato.

—Claro, perdona. Me distraje con tanto lujo. Aquí tienes.

Camilo le ofreció su celular a Zeferino, para que viera la pantalla. Él lo cogió con una mano y lo observó, desconfiado. Era un mensaje de texto que acaba de ser enviado desde el celular de Camilo.


Dentro de una hora llevaré la cabeza del Bastardo del Viento. Espero una buena recompensa por esto.


—No estoy seguro de que el mensaje sea suficiente, así que te lo voy a poner más claro, hermano mayor. A veces puedes ser muy lento, a pesar de tu inteligencia y velocidad. Verum colorum. —Tras pronunciar eso, Camilo removió el anillo de acero que había aparecido en el dedo corazón de su mano izquierda.

Camilo había desaparecido, y había sido reemplazado por Jiro, con su cabello rubio, sus ojos carmesí y su expresión de inocencia sagrada.

Por menos de medio segundo, Zeferino tuvo una expresión de asombro. Durante el resto del tiempo necesario para completar ese segundo, Zeferino construyó un Espíritu del Viento que sujetó a Jiro de la cabeza y lo forzó a agacharse.

—Calmado, hermano mayor, no te conviene matarme todavía. —Declaró Jiro intentando sonar confiado, aunque se pudo percibir una nota de pánico en su voz.

—Urdiste un plan contra mí con ayuda de Kuro. Casi matas a la persona que amo. Fingiste ser mi amigo. Dame una razón para no matarte ya mismo. —Los ojos castaños de Zeferino no mostraron compasión.

—Verás, hermano mayor. Ayer recibí una orden directa del Dios Dragón del Fuego. Tengo hasta mañana para matarte a ti o Melodie, o de lo contrario sería castigado por la muerte de nuestro pequeño hermano Kuro.

—No veo cómo eso es mi problema.

—Oh, pero de hecho lo es, hermano mayor. Verás, no sabía cómo resolver mi predicamento. La opción más sensata parecía huir. Sin embargo nadie puede huir de un Dios Dragón para siempre. Pensé que estaba perdido hasta que pensé, ¿y si permito que mi problema se destruya a sí mismo?

...

Camilo llegó a su casa cargando una mochila negra en una mano. Fue recibido por su padre adoptivo Abdullah. Camilo lo examinó con atención. El cabello gris se asomaba por debajo del turbante de Abdullah. Su piel era de color canela, su rostro arrugado por el tiempo lo hacía parecer adusto y severo. Sus ojos oscuros no mostraban mucha vida, casi eran como los de un pez muerto dentro de una pecera. Vestía con un formal frac negro aunque estaba en su casa. Estaba a medio camino entre un mayordomo y un mago de fiesta infantil.

—Tus hermanas te están esperando. —Dijo Abdullah sin rodeos. Su voz profunda se correspondía con el resto de su persona.

Camilo asintió. Con paso firme, aunque cauteloso, se dirigió hacia el sótano. Miró de reojo cada vez que giró en una esquina. No había mucho para ver en el sótano. Camilo fue hacia la pared del fondo y la auscultó por un minuto. Luego le puso las manos encimas y la empujó hasta que la pared fue cediendo y deslizándose para un lado. Se encontró con un largo pasillo delante de él, iluminado cada tres metros por un bombillo común y corriente. Avanzó hasta llegar a una estancia que inspeccionó con atención. Cuando estuvo seguro de que no había ningún enemigo allí, siguió caminando.

Al final del pasillo se topó con un ascensor. Entró y se encontró con que solamente tenía dos botones, uno con una flecha hacia arriba y el otro con una flecha hacia abajo. Esa última fue la que presionó.

Tras dejar pasar un momento en el que el ascensor comenzó a bajar como se suponía que debía ser, y tras haber confirmado con el flujo del viento que no había cámaras de vigilancia instaladas allí, él pronunció Verum colorum y removió el anillo de acero gris que había aparecido en el dedo corazón de su mano izquierda. Zeferino sacó sus gafas redondas de la mochila que estaba cargando en una mano y se los puso sobre sus ojos carmesí. Guardó el Anillo de Ojos Negros que había recibido de Jiro en un bolsillo de su pantalón, junto con su Anillo de Ojos Castaños. Ambos rechinaron un poco al chocarse. Zefiro pudo sentir que a esos dos anillos mágicos no les gustaba estar tan cerca. No parecía buena idea ponerse los dos al mismo tiempo. Por si acaso, puso uno de los anillos en otro bolsillo.

Pasó una mano por encima de su cabello rubio y suspiró. Tenía miedo. Estaba a punto de arrojarse a una batalla desigual. Su única oportunidad para vencer era el factor sorpresa. Si perdía eso, estaba muerto. Sonrió al pensar que quizá morir sería un final demasiado optimista. Pensó en su hermana Suki y no pudo reprimir un escalofrío.

Se consoló al pensar que, sin importar lo que fuera a ocurrir con él, Melodie iba a estar bien. Al menos se había asegurado de eso con el poco tiempo del que había dispuesto. Maldijo a Jiro en su interior y se preparó para luchar con todo su poder, como no había tenido que hacerlo desde los tiempos de Rumpitur Cordibus Quattuor. Pensó en Blaise el Fabricante y Carmen la Exploradora. Si las cosas salían bien, le pagaría una visita al primero, con la esperanza de que esta vez si quisiera hablar con él. Si las cosas no salían bien, ojalá se pudiera reunir con la segunda en la otra vida.

Zeferino sujetó con fuerza la mochila negra en su mano, y se fue rodeando de tantas barreras de viento como le era posible sostener al mismo tiempo.

...

Capítulo 14              Índice           Capítulo 16

Nota de autor (5 de Junio de 2.020)


Para bien y para mal, mañana es mi cumpleaños.

El próximo capítulo será publicado el Lunes.

Creo que la próxima semana publicaré el primer libro de Memorias de un mago enamorado. Depende de cuándo publique el capítulo final. Espero que sea bastante trágico.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

miércoles, 3 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 14

Capítulo 13              Índice           Capítulo 15

Memorias de un mago enamorado


ojos carmesi
Foto original por Sharon McCutcheon


Capítulo 14: Error al copiar y pegar


El Domingo, último día que Persea tenía para estudiar junto con sus amigos, ella decidió arreglar su cabello rubio con dos moños rojos. Se puso una falda negra que le caía por debajo de las rodillas y una blusa blanca sin escote. Su madre solía decir que si querías que alguien se interesara en ti, podrías mostrar piernas o pecho, pero nunca las dos cosas al mismo tiempo, o te iban a considerar una furcia. Era uno de los pocos consejos que su madre había pronunciado, no para enseñárselo a ella, sólo como un comentario gracioso. Sin embargo, Persea lo atesoraba como si fuera oro.

¿Para quién te arreglas así?

Era su propia voz resonando dentro de su cabeza. Persea pegó un respingo, miró para todos lados y se aseguró que estaba sola en su cuarto.

A Melodie no le gustan las mujeres, ¿para qué pones tanto esmero si ella solamente te ve como una amiga?

Persea tuvo miedo. Fue hacia el espejo y no vio nada extraño en sus ojos verdes ni en su rostro, ni tampoco una sombra detrás de ella.

¿Acaso te estás volviendo loca? ¿O soy un efecto residual de que te hubiesen lavado el cerebro? Lo peor es no tener la certeza, ¿no crees?

Ella no estaba dispuesta a soportar esa voz todo el día. Fue a la ducha y metió únicamente la cabeza: dejó que el agua fría fuera eliminando esa voz insidiosa al tiempo que empapaba sus moños rojos y su blusa blanca. Tuvo que ponerse una blusa azul de tiras a toda prisa, y dejarse el cabello suelo aunque lo detestaba: le recordaba más el tiempo en que se había comportado como una perra.

Cuando llegó a casa de Melodie no se sentía muy animada. Allí estaba Camilo, a punto de llamar a la puerta cuando la vio.

—Oh, buenos días Persea. ¿Con ganas de estudiar? —La saludó él, con una sonrisa cordial.

—No realmente. —Contestó ella, pasando una mano por el cabello rubio, aún húmedo.

—Yo me siento igual. Supongo que es inevitable preocuparse un poco. Da miedo pensar que nos ataquen de un momento a otro. —Dijo Camilo, sonando acongojado.

Persea vaciló por un momento, y luego eligió confesarse con Camilo. Después de todo, ambos habían pasado por la misma horrible experiencia, ¿quién mejor que él para comprender su malestar?

—De hecho, me siento más perturbada por mis demonios internos. No quiero volver a ser la Persea que era tan cruel con Melodie. Tengo miedo de volver a ser así. A veces, creo, que la puedo escuchar todavía, invitándome a ser una mala persona, a no ser feliz con la persona que soy. Por supuesto, me aterran los enemigos de Melodie y Zeferino. Pero tengo más miedo de destruirme a mí misma.

—Destruirte a ti misma. —Hizo eco Camilo, y luego se quedó con los ojos y la boca abiertos.

Persea se lo quedó viendo, y hasta empezó a temer que le hubiese dado un ataque al corazón o algo por el estilo, porque pasó demasiado tiempo paralizado.

—¿Camilo?

Él se acercó hacia ella y la abrazó. La apretó, la estrujó hasta que Persea sintió que le costaba respirar.

—Persea, muchas, muchas gracias por haber compartido eso conmigo. Me haz ayudado a encontrar la solución perfecta para un problema que yo pensé que era insoluble. Estoy en deuda contigo, no sabes cuánto me has ayudado.

—¿Con gusto?

Él la soltó y se la quedó mirando con expresión complacida.

—Tú tampoco te preocupes tanto, todo tiene solución. Es más, como agradecimiento, te voy a decir la verdad con respecto a por qué te sientes como te sientes. Aunque puede ser algo que no te va a gustar oír. ¿Quieres saberlo, a pesar de todo? —Preguntó Camilo, con una sonrisa medio ladina.

Persea asintió.

—El control mental no puede obligarte a hacer algo que realmente no quieres hacer. Solamente puede empujarte a hacer algo que no te atreves a hacer. O si la persona que te quiere manipular es lo suficientemente hábil, puede usar tus propios deseos para torcer tus acciones. Como en tu caso, tu amor por Melodie fue usado en contra tuya. Porque en el fondo sabías que ella nunca se iba a enamorar de ti, potenciaron tu rabia y frustración contra ella, contra la persona que tenía lo que tú querías y que no te lo quería entregar. ¿No es eso fascinante y tranquilizador para ti? Creo que con eso estamos a mano, amiga Persea.

Tras explicar esto, Camilo fue y llamó a la puerta.

Persea se quedó de una pieza. Quiso negar las palabras de Camilo, salir corriendo, ocultarse. No tuvo tiempo de hacer nada porque la madre de Melodie abrió la puerta y los invitó a pasar. Una parte minúscula de ella, en su subconsciente, sospechó de la detallada argumentación de Camilo. No le prestó atención a esa duda razonable, porque su consciencia estaba bastante ocupada procesando el que Camilo supiera sobre sus sentimientos hacia Melodie.

Se siguió sintiendo perturbada en la sala, aguardando a que Melodie los pudiera recibir. Camilo estuvo muy locuaz con los padres de Melodie. Los tres congratularon a Persea por verse más bella con el cabello suelto, y eso no la hizo sentir mejor.

...

Camilo entró al cuarto de Melodie con paso confiado, Persea lo siguió con aire alicaído.

Ambos se quedaron sorprendidos cuando vieron a Zeferino, arropado por las sabanas, acostado en la cama de Melodie. Pudieron ver sus brazos y hombros y parte de su pecho, casi tan inaudito como su cabello rubio y sus ojos carmesí expuestos con tanta soltura.

—¡Bienvenidos, PerCam! ¿O prefieren CamPer? ¡Ja, así suena como un automóvil! ¡O campero!

—Bueno, los dejo a solas para que se concentren. ¡Nada de juegos Melodie! Cuando venga Zeferino yo lo hago pasar. —Dijo la madre de Melodie, cerrando la puerta detrás de sí.

—Tengo un problema. —Inició Melodie, y señaló hacia la cama con Zeferino adentro.

—Mel, es cruel que me llames problema delante mio. Y señalar es de mala educación, por si no lo sabías. —Comentó el aludido.

—¿Decidieron completar la Unión? —Añadió Camilo, con expresión de pavor.

—¡Claro que no! Rayos, no sé como explicar esto. —Melodie se cogió su cabello rojo con ambas manos.

—Creo que la situación se explica a sí misma. ¿Nos vamos? —Interrogó Persea, roja por la vergüenza y la ira.

—¡Él no es Zeferino! ¡Es un clon mágico, o algo así!

—¿Un qué? —Espetó Persea.

Camilo se acercó al Espíritu del Viento arropado por la sabana y lo inspeccionó con atención académica.

—Es un Espíritu fabricado por Zeferino, ¿verdad? Es una magia bastante avanzada. La mayoría de hechiceros no se toman el trabajo de conceder tanto detalle a sus Espíritus, eso requiere una gran cantidad de maná.

—Oye Cam, no te me acerques tanto que estoy desnudo. —Comentó el Espíritu del Viento, y se rió.

—Cuando Zefer lo hizo no era más que una figura difusa, casi ni se veía. Se suponía que me iba a acompañar un rato. ¡Cuando desperté esta mañana, se veía así! —Explicó Melodie alarmada.

Camilo negó con la cabeza.

—Eso no tiene sentido. Un usuario de magia promedio sólo puede mantener un Espíritu durante un minuto, lo que suele ser suficiente en combate. Según describes su apariencia original, y considerando el poder mágico de Zeferino, lo más probable es que lo hiciera para que tuviera una duración de media hora. Que ahora se vea así, no tiene sentido. El Espíritu tuvo que ser imbuido con una cantidad de maná gigantesca, para hacerlo tan similar a Zeferino, y para extender su duración por tanto tiempo. ¿Una jugarreta del Mago Hartwell, quizá? ¿Pero, con qué propósito? —Durante su argumentación, Camilo siguió observando al Espíritu del Viento fijamente.

—Esto se está poniendo muy incómodo. Mel, ¿puedes conseguir algo de ropa para mí? Cam me está perturbando.

—Oh rayos. El beso. —Dijo Melodie, llevándose las manos a la cara.

Persea y Camilo la vieron con expresión confundida. El Espíritu se envolvió con la sabana como si fuera una toga romana y se puso de pie en la cama.

—Lo pondré en palabras simples para que les quede claro a los dos. Mel me besó en la madrugada y me convirtió en lo que soy ahora. Antes no era más que un autómata. Ahora soy mucho más. Y todo lo que necesito para seguir con vida, es un beso de mi bella Mel cada veinticuatro horas.

Melodie se puso roja de la vergüenza, al igual que Persea. Camilo en cambio tornó su expresión muy seria.

—Melodie, no puedes volverlo a besar. Puede ser peligroso.

—No seas aguafiestas Cam, yo soy buena persona. Por cierto, creo que necesito un nombre. Eso de Espíritu no me gusta. No soy Zeferino, aunque casi. ¿Qué tal Zeferdos? ¿Demasiado obvio? Zeferuno  también podría ser gracioso. Ceferino podría ser ingenioso, sin embargo su pronunciación es prácticamente la misma, podría ser confuso.

—¿Entonces Zeferino no lo sabe? Si yo fuera él, creo que me daría mucho enojo descubrir que hiciste una copia de mí. —Opinó Persea, temerosa de toda la situación.

—Yo, no estoy segura de que vaya a venir hoy. Ayer, anoche, en la madrugada, tuvimos una discusión y pues, a lo mejor él no me quiere ver.

—Llámalo, dile que venga para acá de inmediato. —Pidió Camilo con resolución.

—Yo, pues, a lo mejor tampoco quiero verlo ahora mismo. —Replicó Melodie, con tristeza.

—¡Este no es el momento para ser una niña tonta! ¡Zeferino es el único con el poder suficiente para vencer esta cosa que hiciste! —Estalló Camilo con furia.

En un parpadeo, el Espíritu del Viento se arrojó sobre Camilo como un torbellino y lo alzó por el cuello de su camiseta, haciendo que los pies le quedaran colgando.

—Cam, aunque me caes bien, nadie le puede hablar así a Mel, ¿lo captas? —Los ojos carmesí del Espíritu brillaron con intensidad.

—¡Bájalo! —Bramó Melodie.

El Espíritu lo soltó de repente y Camilo cayó al suelo sobre su trasero.

—¿Estás bien? —Inquirió Persea, ayudando a Camilo a ponerse de pie.

—Sí. Melodie, lamento haberte gritado así, creo que me asusté. Aunque ese monstruo acaba de demostrar que mi miedo no es injustificado.

—Él no va a volver a hacer algo así. ¿Cierto, Espíritu? —Apeló Melodie con expresión decidida.

—Creo que ya lo tengo. Celestino, ese será mi nombre. —Anunció él, ignorando la petición de ella.

Con un gesto de su mano, una ráfaga de viento se fue hacia Camilo y zarandeó sus ropas. Antes de que los otros pudieran protestar, vieron que el celular de Camilo salió volando hacia el recién auto-proclamado Celestino. Él procedió a marcar un número en el celular y se puso el aparato en el oído.

—¿Zeferino? ¡Hola! No, no soy Cam, él me prestó su celular. No me conoces, aunque de hecho sí. ¡Soy tú! Me llamé a mí mismo Celestino. ¿Ingenioso, no crees? ¿Quieres hablar con Melodie? ¡Ya te la paso!

Celestino le ofreció el celular a Melodie, quien lo miró como si fuera una serpiente venenosa.

—¿Hola? —Pronunció Melodie, tragando saliva.

—¿Es bueno o malo? —Preguntó la voz de Zeferino en el celular.

—¿Qué?

—Mi Espíritu. Aunque creo que ahora es más que eso. Se puso Celestino, ¿no es así? En tu opinión, ¿es bueno o malo?

Melodie se giró a mirar a Celestino, quien le sonrió.

—No creo que sea malo, aunque quizá es demasiado pronto para decirlo.

—Está bien. Pasa el resto del día con él, probablemente tendrás que renovar el contrato al anochecer o va a desaparecer. Conociéndote, te sientes mal por haberle dado vida, pero crees que es tu responsabilidad y no debes huir de eso. —Argumentó Zeferino.

—Todavía no he organizado mis pensamientos sobre este embrollo. Creo que tienes razón, así es como me siento. No me cae bien la idea de destruirlo así no más.

—Muy bien. Entonces lo deberías conservar, por un tiempo. Como está compuesto en su totalidad de maná, es invisible para las personas ordinarias. Procura recordar que no es una persona de verdad, y que definitivamente no soy yo, aún si se parece a mí. Es mejor que él te acompañe. Será un buen guardián para ti. Así podré concentrarme en luchar para que puedas tener una vida normal. —Concluyó Zeferino.

Melodie sintió un temblor en las rodillas.

—Entonces, ¿cuándo nos vamos a volver a ver? —Interrogó ella.

La única respuesta fue el tono del celular indicando que la llamada había terminado.

Melodie se sentó sobre su cama.

—¿Qué dijo Zeferino? —Cuestionó Camilo preocupado.

—Él no va a venir. —Contestó Melodie. Al menos esta vez no se puso a llorar como una tonta, y en eso se quiso concentrar.

...

Capítulo 13              Índice           Capítulo 15

Nota de autor (3 de Junio de 2.020)


En tres días es mi cumpleaños y lo odio. Casi que me entran ganas de desear que se detenga el tiempo, pero considerando todo lo ocurrido en el 2.020, mejor no tentar la suerte.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.

lunes, 1 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 13

Capítulo 12              Índice           Capítulo 14

Memorias de un mago enamorado


espiritu del viento
Foto original por Vinicius Wiesehofer

Capítulo 13: Espíritu del Viento


El joven de catorce años conocido como Zeferino desvió sus ojos castaños y los fijó sobre el suelo de su apartamento.

La joven de trece años conocida como Melodie depositó su taza de café sobre una mesa cercana. Luego se acercó a él y tomó su rostro con ambas manos, forzando a Zeferino a verla directamente. No fue un movimiento brusco sino tierno. En los ojos avellana se podía leer una súplica que no se podía rechazar.

—Por favor, Zefer, se honesto conmigo. ¿Me amas?

—Sí. —Respondió él.

Melodie pudo sentir su propio rostro acalorado. Se acercó más a Zeferino, cerró los ojos y entreabrió los labios.

Fue un beso dulce y largo, totalmente diferente al que se habían dado cuando ella creyó que él iba a morir.

En esta ocasión, no fue ella quien lloró mientras se besaban, sino él. Sentir las lágrimas de Zeferino sobre sus mejillas hizo que Melodie abriera los ojos.

—¿Por qué estás llorando?

Zeferino se puso de pie y le dio la espalda. Se limpió el rostro con un brazo y no la volteó a mirar.

—Esto está mal Mel, esto no es lo que tú querías.

Melodie se puso de pie y extendió una mano hacia Zeferino. Cuando la sintió aproximarse, él dio un paso para alejarse de ella, y siguió sin verla. Ella pudo sentir el crujido en su corazón.

—¿Por qué? ¿Por qué te comportas así? —La aguda voz de Melodie se hizo más intensa porque estaba conteniendo las ganas de llorar.

—Yo no soy la persona correcta para ti. Yo nunca podré tener una vida normal. A donde quiera que vaya, aún si intento ocultar mi identidad, seguiré siendo el hijo de un Dios Dragón. Siempre voy a estar involucrado en esta guerra, siempre voy a tener enemigos detrás de mí.

Ella no pudo más y empezó a llorar.

—¿Y acaso es diferente para mí? ¡Me equivoqué al creer que borrar mis recuerdos era la solución a mis problemas! ¡Yo me olvidé de mis problemas, pero mis problemas no se olvidaron de mí! ¿Crees que ser hijo de un Dios es lo peor? ¡Yo soy una bomba ambulante! ¡Yo soy lo más peligroso que has conocido en tu vida y no lo puedes negar! ¡Soy la peor de los monstruos! ¿Es por eso que te quieres mantener alejado de mí?

Zeferino se giró y la abrazó tan repentinamente que la cogió por sorpresa.

—No eres un monstruo, Mel. Tú no pediste ese poder.

Melodie lo abrazó a su vez con toda su fuerza. Hundió su rostro en el pecho de él. Zeferino acarició su cabello rojo con una mano.

—¿Entonces por qué no quieres estar conmigo?

—Por supuesto que lo deseo. Pero no puedo, por tu propio bien. Voy a encargarme de ponerte a salvo, y cuando ese día llegue, me voy a retirar de tu vida. Así podrás estar con alguien que sea más digno de ti, alguien como Cam, por ejemplo.

Melodie se apartó de él con un empellón.

—¿Por qué tienes que mencionar a Camilo? ¡Él no es el que me interesa, eres tú! —Declaró ella, empujándolo con los puños.

—Él era tu novio, y te hacía feliz, ¿no es así? De no ser por Jiro, ustedes dos estarían juntos todavía. ¿Por qué no volver con Cam?

—¡Tonto! ¿Y si esa relación también fue falsa?

—¿A qué te refieres? —La cuestionó Zeferino.

—¿Si el tal Jiro solamente nos manipuló a ambos? Lo pensé cuando Persea afirmó que su relación con Camilo había sido falsa desde el principio, ¿por qué no hacer lo mismo conmigo? Sobretodo si desde el principio había pensado en hacer que me rompieran el corazón. Si lo que él quería era que yo cometiera suicidio, eso es lo que tiene más sentido.

Aunque era la primera vez que Melodie expresaba lo que había pensado con respecto a su relación con Camilo, estuvo aún más segura tras pronunciarlo en voz alta.

Zeferino se volvió a sentar en el sofá. Se acomodo las gafas y tocó su lampiña quijada con la mano derecha.

—Eso suena bastante plausible. Confieso que no se me había ocurrido.

Él levantó la vista y se encontró con los ojos avellana de Melodie, llenos de ansiedad.

—Mel, aún si tienes razón con respecto a tus sentimientos hacia Cam, eso no cambia el hecho de que yo no soy el indicado para ti. Alguien más aparecerá en tu vida, alguien que pueda compartir una vida normal contigo.

Melodie sintió que su corazón era como un vidrio que acababa de romperse en mil pedazos.

—¿Aún sigues con eso? Incluso después de todo lo que te he dicho, ¿aún sigues pensando lo mismo? ¿Qué tengo que hacer para que comprendas cómo me siento?

Ella cayó sobre el suelo, de rodillas. En actitud suplicante, extendió sus brazos hacia él.

—La yo que tienes ante ti, solamente te conoce desde hace una semana. Sé que mis sentimientos son reales. Yo, te amo, Zefer. Y creo que te he seguido amando aún sin poderte recordar. Si lo pienso bien, creo que lo que me atrajo de Camilo era que se parecía a ti. Su bondad, no sé, no estoy segura, pero creo que lo quería porque me recordaba a ti. Quizá eso fue algo que Jiro aprovechó. Así que, Zefer, por favor, no nos separes de nuevo. No quiero que estés de acuerdo con la Melodie del pasado, sino con la que está delante de ti, ahora mismo.

Zeferino no se levantó del sofá. Melodie sintió que los vidrios rotos fueron machacados hasta convertirse en polvo.

Él hizo un gesto con una mano y una esfera de viento cobró forma al lado de ella, hasta convertirse en una silueta humana compuesta exclusivamente de viento, una figura que se podía ver aunque no precisar.

—Creo que es mejor que regreses a tu casa. Este Espíritu del Viento te puede llevar.

Melodie no tenía ánimos para nada. No era capaz de hablar ni de protestar. Sólo se quedó ahí de rodillas, desbordada por las lágrimas, hasta que el Espíritu del Viento la recogió entre sus brazos transparentes y se la llevó volando por la ventana del apartamento.

Zeferino se quedó acostado contra el sofá hasta que salió el sol. No volvió a dormir, acosado por la incertidumbre de si estaba haciendo lo correcto o cometiendo otro estúpido error.

...

Melodie contempló la ciudad nocturna una vez más, con ojos borrosos. Al ser cargada por el Espíritu del Viento, sintió casi la misma sensación que cuando había sido llevada por Zeferino, lo que solamente le produjo más congoja.

—Hemos llegado a tu hogar. ¿Puedes abrir la ventana, por favor? —Dijo la voz de Zeferino, emanando del Espíritu del Viento.

Ella se sobresaltó y apunto estuvo de caer, por fortuna el Espíritu del Viento la tenía cogida con firmeza.

—¿Zefer? ¿Cómo es posible?

—Aunque no soy el que reconoces como "Zefer", él fue mi creador, así que es natural que yo tenga su voz.

—Ah, ya veo. Disculpa, no lo sabía.

—No tienes por qué disculparte. No me voy a ofender, no soy una persona real. —Informó el Espíritu del Viento.

Melodie abrió la ventana y el Espíritu del Viento entró volando en su habitación. Luego la depositó con maña sobre su cama y hasta la arropó con su sabana.

—Estás sana y salva. Mi propósito está cumplido. Se me ordenó vigilarte de lejos hasta desaparecer, así que eso voy a hacer desde el edificio de enfrente.

—¡Espera, no te vayas! —Exclamó Melodie angustiada.

—¿Deseas darme una nueva orden? Los sentimientos de mi creador hacia ti permiten ese parámetro.

—¿Podrías quedarte conmigo? Quiero que te acuestes aquí a mi lado, y que me hables, quiero escuchar tu voz.

—Comprendido. ¿De qué quieres hablar?

Melodie pudo sentir el cuerpo casi invisible acostándose a su lado, boca arriba, con los brazos y piernas extendidos. por encima de la sabana.

—Métete dentro de mi sabana, por favor. Y abrázame.

El Espíritu del Viento hizo exactamente lo que ella ordenó.

—¿Qué es lo que eres? —Inquirió Melodie, ocultando su cara en el pecho invisible.

—Hay varios nombres para las construcciones mágicas y pensantes como yo. Homer Gélem, Materia Prima, Golem, Espíritu sin Alma, Incompleto...

—Ya entendí, no tienes que decir más nombres. —Lo cortó ella.

—Estoy confundido. —Anunció el Espíritu del Viento.

—¿Por qué?

—Tu comando anterior me pidió hablar, sin embargo acabas de decir que no te diga más nombres. ¿Debo inferir que ya no quieres hablar, o que deseas cambiar de tópico?

—Guarda silencio por un momento, por favor.

Melodie lo siguió abrazando. Era como tener un clon de Zeferino a su entera disposición. Se le empezaron a ocurrir ciertos pensamientos que tuvo que desterrar con gran empeño.

—Dijiste que ibas a desaparecer. ¿Cuándo va a ocurrir eso?

—Veintitrés minutos. ¿Deseas que te informe cuánto tiempo de existencia me queda periódicamente? Para mayor satisfacción, por favor dime cada cuánto quieres ser informada.

—No, no quiero tal cosa. Dos horas es muy poco tiempo. ¿Hay alguna manera de hacer que te quedes por más tiempo?

—Desde luego. Si soy imbuido con maná, mi periodo de existencia puede ser extendido.

—¿Maná? Esa palabra aparece en la biblia, y en un montón de juegos de vídeo. Eso es como la energía mágica, ¿verdad?

—Afirmativo.

—No sé cómo hacerlo, lo de imbuir con maná. ¿Sabes cómo hacerlo? ¿Me puedes enseñar?

—El método más sencillo disponible para un mago o bruja inexperto es un beso de boca a boca. —Respondió el Espíritu del Viento, con la voz de Zeferino, pero sin sonar apenado como habría estado él.

Melodie sintió el calor en sus mejillas. Esa era una de las cosas prohibidas que había pensado, y ahora tenía una excusa perfecta para llevarla a cabo.

—Si te beso, ¿cuánto tiempo más puedes quedarte a mi lado?

—No puedo dar un estimado preciso hasta no haber sido imbuido con tu magia directamente. Pero el modelo mental que poseo, heredado de mi creador, estima tu poder mágico como el tercero más grande del mundo, superado únicamente por el Mago Hartwell y su Asistente. Por lo que yo supondría un mínimo de doce horas.

—Eso podría ser suficiente, tal vez.

Melodie levantó su rostro y no pudo encontrar con precisión el del Espíritu del Viento. Con sus manos, fue auscultando la cara difuminada hasta que encontró los labios. Entonces lo besó, primero con suavidad, y luego con pasión, atreviéndose a más de lo que se había atrevido con el propio Zeferino.

El Espíritu del Viento no tuvo reacción alguna.

—¿Funcionó?

—Efectivamente, Mel. No deberíamos hablar, ya es muy tarde y deberías dormir. —Contestó el Espíritu del Viento.

Algo le llamó la atención de las palabras del Espíritu del Viento, pero Melodie no pudo precisar qué era. De repente había recaído sobre ella una fatiga que la adormeció rápidamente. Se sintió abrazada, protegida, y se fue olvidando de sus problemas al quedarse dormida.

...

—¡Melodie! ¡Despierta de una vez! —La llamó su madre.

Ella se sintió sacudida y abrió los ojos, lentamente. Sentía los párpados pesados.

—¡Vamos niña! ¡Tus amigos ya vinieron a estudiar! Bueno, Camilo y Persea. El bueno de Zefer todavía no llega, y menos mal, porque no quiero que te vea así, toda desarreglada y sin bañar.

Melodie se incorporó de la cama y quedó sentada. Pegó un bostezo, se estiró, y echó un vistazo alrededor. Su madre estaba parada bajo el umbral de su puerta entreabierta, viéndola con expresión reprobadora. Acostado a su lado, vio a Zeferino, desnudo, con el cabello rubio y los ojos carmesí. Él le estaba dirigiendo una enorme sonrisa.

Melodie puso casa de acontecimiento y luego giró para ver a su madre, esperando una reacción tremenda.

—¿Pero qué estás esperando Melodie? ¡Anda, ve a arreglarte! —La apremió su madre.

Melodie asintió y se metió al baño. Cuando sintió que su madre había cerrado la puerta, salió del baño corriendo y puso el pestillo interno de la puerta de su cuarto. Luego se giró para encarar a Zeferino.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¡Aún si mi mamá no te puede ver, no es correcto que te metas a mi cama así, sin ropas! —Ella se esforzó por no alzar la voz, lo que mezclado con su tono agudo produjo un efecto más chirriante de lo usual.

—Oye, tú fuiste la que me ordenó quedarme a tu lado, ¿por qué te enfadas conmigo?

—¿Que yo qué? —Dijo Melodie, con una aprehensiva comprensión empezando a organizar sus ideas.

—Personalmente, creo que estamos demasiado jóvenes para hacer este tipo de cosas. Sin embargo, para mí, tus deseos son órdenes, ¡literalmente! —Después de eso, el Espíritu del Viento, que había adquirido la verdadera apariencia de Zeferino, soltó una carcajada demasiado fuerte.

...

Capítulo 12              Índice           Capítulo 14

Nota de autor (1 de Junio de 2.020)


Realmente prefiero concentrarme en escribir que pensar en todo lo que sucede en el mundo ahora mismo. Mi escritura se ha convertido en una válvula de escape para no pensar en todo lo que está mal y que no puede ser corregido. A veces me pregunto si eso está mal. Pero me digo a mí mismo que no soy más que un individuo, y que un mundo perfecto no se va a construir por obra y gracia de mi deseo. Además, todo lo que sé es escribir.

Esta entrada fue posible gracias a Rocio Tou, Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

Si te gustó lo que acabas de leer y quieres apoyarme puedes:

  1. Ser un Patrocinador de Rhaidot.
  2. Dejar un comentario
  3. Recomendarme en tus redes sociales

Gracias por leer.