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martes, 6 de agosto de 2013

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 5

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Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad



Capítulo 5


El Error Fundamental de la Atribución


draco malfoy harry potter
Fan Art por dinosaurusgede

...

J. K. Rowling está observándote. ¿Puedes sentir sus ojos sobre ti? Ella está leyendo tu mente usando sus Rayos Rowling.

...

"Se requeriría intervención sobrenatural para que él tuviera tu moralidad teniendo en cuenta su entorno."

...

La Tienda Moke era una pequeña tienda (algunos podrían decir que linda) instalada detrás de un puesto de verduras que estaba detrás de una tienda de guantes mágicos que estaba en un pasaje en una calle lateral del Callejón Diagon. De manera decepcionante, el tendero no era un antiguo viejo arrugado; sólo era una joven mujer de nervioso aspecto vistiendo una descolorida túnica amarilla. Ahora mismo estaba sosteniendo un Súper Monedero Moke QX31, cuyo mayor atractivo era que tenía una Boca Ampliada al igual que un Encantamiento Indetectable: de hecho podías meter grandes cosas dentro, aunque el volumen total aún era limitado.

Harry había insistido en venir aquí en seguida, antes que a otro lugar – insistió tan fuerte como pensó que podía sin hacer que la Profesora McGonagall sospechara. Harry tenía algo que necesitaba poner en el monedero tan pronto como fuera posible. No era la bolsa de Galeones que la Profesora McGonagall le había permitido retirar de Gringotts. Eran todos los otros Galeones que Harry había metido subrepticiamente dentro de su bolsillo tras caer en un montículo de monedas de oro. Había sido un accidente de verdad, pero Harry nunca fue de los que desechan una oportunidad... aunque había sido realmente más un estimulo-del-momento. Desde entonce Harry había estado cargando incómodamente la bolsa permitida de Galeones pegada al bolsillo de su pantalón, para que no se escuchara ningún tintineo venir del lugar indicado.

Esto aún dejaba la pregunta de cómo iba a lograr introducir las otras monedas en el monedero sin ser atrapado. Las monedas de oro podrían ser suyas, pero aún así eran robadas - ¿auto-robadas? ¿Auto-sustraídas?

Harry miró desde el Súper Monedero Moke QX31 hacia el mostrador en frente suyo. "¿Puedo ensayarlo un rato? Para asegurarme que funciona, este, ¿de manera confiable?" Abrió sus ojos con una expresión de chiquillo, con inocencia juguetona.

Llegó a estar seguro, tras diez repeticiones de poner la bolsa de monedas dentro del monedero, agarrándola, susurrando “bolsa de oro”, y sacándola, la Profesora McGonagall se alejó un paso y empezó a examinar otros objetos de la tienda, y la tendera giró su cabeza para mirarla.

Harry dejó caer la bolsa de oro dentro del monedero con su mano izquierda; su mano derecha salió apretada de su bolsillo sosteniendo algunas monedas de oro, llegó adentro del monedero, introdujo los Galeones de sobra, y (con un susurro de "bolsa de oro") retiró la bolsa original. Entonces la bolsa regresó a su mano izquierda, para ser tirada de nuevo, y la mano derecha de Harry regresó hacia su bolsillo...

La Profesora McGonagall lo observó una vez, pero Harry se las arregló para no congelarse o titubear, y pareció que ella no notó nada. Sin embargo nunca podías estar del todo seguro, con los adultos que tenían un sentido del humor. Le tomó tres interacciones terminar el trabajo, y Harry adivinó que tal vez había robado treinta Galeones de si mismo.

Harry se irguió, quitó un poco de sudor de su frente, y exhaló. "Me gusta este, por favor."

Quince Galeones más ligero (el doble de precio de la varita de un mago, aparentemente) y un Súper Monedero de Piel de Moke QX31 más pesado, Harry y la Profesora McGonagall se abrieron camino por la puerta de salida. La puerta se convirtió en una mano y les lanzó un adiós mientras se alejaban, extendiendo su brazo de tal modo que hizo que Harry se sintiera un poco asustado.

Y entonces, infortunadamente...

"¿Eres realmente Harry Potter?" susurró el anciano, una enorme lagrima deslizándose por su cachete. "No mentirías sobre eso, ¿o sí? Sólo escuché rumores de que no era cierto que habías sobrevivido a la Maldición Asesina y que por eso nadie había escuchado algo más sobre ti."

...Parecía que el hechizo de disfraz de la Profesora McGonagall era menos que perfectamente efectivo contra practicantes de la magia más experimentados.

La Profesora McGonagall puso una mano sobre el hombro de Harry y lo empujó hacia el callejón más cercano desde el momento que escuchó ¿"Harry Potter?". El anciano los siguió, pero al menos no parecía que alguien más hubiera escuchado.

Harry consideró la pregunta. ¿Era él realmente Harry Potter? "Sólo sé lo que otras personas me han dicho," dijo Harry. "No es que yo recuerde haber nacido." Su mano cepilló su frente. "Tengo esta cicatriz desde que tengo memoria, y me han dicho que mi nombre era Harry Potter desde que lo recuerdo. Pero," Harry dijo pensando, "si ya hay suficiente causa para postular una conspiración, no hay razón por la cual ellos no hubieran encontrado otro huérfano y criarlo para creer que era Harry Potter -"

La Profesora McGonagall dibujó sobre su cara una expresión de desesperación. "Te ves exactamente igual a tu padre, James, el primer año que asistió a Hogwarts. Y puedo testificar basándome solamente en la personalidad que usted está relacionado a la Escoria de Gryffindor."

"Ella podría ser parte de los conspiradores también," observó Harry.

"No," dijo con voz trémula el anciano. "Ella está en lo correcto. Tienes los ojos de tu madre."

"Mmm," Harry frunció el ceño. "Supongo que usted también podría ser parte de ellos -"

"Suficiente, Sr. Potter."

El anciano alzó una mano como si fuera a tocar a Harry, pero entonces la dejo caer. "Soy feliz de que estés vivo," murmuró. "Gracias, Harry Potter. Gracias por lo que hiciste... No te molestaré más."

Y su bastón se alejo golpeando lentamente, afuera del callejón y bajando hacia la avenida principal del Callejón Diagon.

La Profesora dio un vistazo alrededor, su expresión tensa y ceñuda. Harry automáticamente miró por si mismo. Pero el callejón aparentaba estar vació excepto por todas las hojas secas, y desde la boca que llevaba hacía el Callejón Diagon, únicamente se podían ver transeúntes pasando velozmente.

Finalmente la Profesora McGonagall se comenzó a relajar. "Eso no estuvo bien," dijo en voz baja. "Sé que no está acostumbrado a esto, Sr. Potter, pero usted es importante para las personas. Por favor sea amable con ellos."

Harry se quedo mirando sus zapatos. "No deberían," replicó él con un dejo de amargura. "Preocuparse por mí, quiero decir."

"Usted los salvó de Quien-Tú-Sabes," reiteró la Profesora McGonagall. "¿Cómo se supone que no se preocupen?"

Harry miró a la estricta expresión de la señora-bruja debajo de su sombrero puntiagudo, y suspiró. "Supongo que no hay probabilidad de que si digo error fundamental de atribución usted tenga alguna idea de lo que hablo."

"No," aceptó la Profesora con su preciso acento Escocés, "pero por favor explíquese, Sr. Potter, si fuera tan amable."

"Bien..." Harry dijo, intentando imaginarse cómo describir ese pedazo particular de ciencia Muggle. "Suponga que usted llega al trabajo y ve a un colega pateando su propio escritorio. Usted pensaría, 'que persona tan enojosa debe ser'. Su colega está pensando sobre cómo alguien lo empujo a una pared de camino al trabajo y además le gritó. Cualquiera estaría enojado por eso, él piensa. Cuando vemos a otros encontramos rasgos de la personalidad que explican su comportamiento, mas cuando nos vemos a nosotros mismos encontramos circunstancias que explican nuestro comportamiento. Las historias de las personas tienen sentido interno para ellos, desde el interior, pero no vemos las historias de la gente arrastrándose detrás de ellos en el aire. Únicamente los vemos a ellos en una situación, y no vemos que serían ellos en una situación diferente. Así que el error fundamental de la atribución es como explicamos como permanentes, rasgos duraderos que serían mejor explicados por circunstancia y contexto." Había algunos elegantes experimentos que confirmaban esto, pero Harry no iba a profundizar en ellos.

Las cejas de la bruja se dibujaron por debajo del borde de su sombrero. "Creo que entiendo..." La Profesora McGonagall afirmó lentamente. "¿Sin embargo qué tiene que ver con usted?"

Harry pateó la pared de ladrillos de la calle con tanta fuerza como para hacer que su pie le doliera. "La gente cree que yo los salve de Quien-Tú-Sabes porque soy alguna clase de gran guerrero de la Luz."

"El elegido con el poder para vencer al Señor Oscuro..." murmuró la bruja, su voz dejando una extraña ironía.

"Sí," continuó Harry, la molestia y la frustración apoderándose de él, "como si yo hubiera destruido al Señor Oscuro porque poseo alguna clase de permanente, rasgo duradero de destruye-al-Señor-Oscuro. ¡Tenía quince meses en ese momento! No se lo que pasó, pero supongo que tuvo algo que ver con, como dice el dicho, circunstancias azarosas del entorno. Y ciertamente nada que ver con mi personalidad. Las personas no se preocupan por , ni siquiera me están prestando atención, ellos quieren estrechar manos con una mala explicación." Harry se pauso, y miró a McGonagall. "¿Usted sabe que pasó realmente?"

"Me he formado una idea..." dijo la Profesora McGonagall. "Tras conocerte, así es."

"¿Si?"

"Triunfaste sobre el Señor Oscuro siendo más horrible de lo que él era, y sobreviviste a la Maldición Asesina por ser más terrible que la muerte."

"Ja. Ja. Ja." Harry pateó la pared otra vez.

La Profesora McGonagall se rascó el mentón. "Vamos a llevarte ahora con la Señora Malkin. Temo que su ropa Muggle puede estar llamando la atención."

Se toparon con otro dos bien-intencionados en el camino.

Las túnicas de la Señora Malkin tenían un mostrador mezquinamente aburrido, ladrillos rojos ordinarios, y ventanas de vidrio mostrando túnicas rojas adentro. No eran túnicas que brillaran o cambiaran o se movieran, o irradiaran extraños rayos que aparentemente atravesaran tu camiseta y te cosquillearan. Sólo túnicas negras ordinarias, eso era todo lo que podías ver por la ventana. La puerta estaba abierta de par en par, como si anunciara que no había secretos aquí nada que esconder.

"Voy a dar una vuelta por unos cuantos minutos mientras le toman las medidas para sus túnicas," dijo la Profesora McGonagall. "¿Está de acuerdo con eso, Sr. Potter?"

Harry asintió. Odiaba comprar ropa con una fiera pasión y no podía culpar a la bruja de mayor edad por sentirse del mismo modo.

La varita de la Profesora McGonagall salió de su manga, golpeó suavemente la cabeza de Harry. "Y como necesitas estar limpio para los sentidos de Señora Malkin, voy a remover la Ofuscación."

"Uh..." Harry comentó. Eso lo preocupó un poco; aún no estaba acostumbrado a la cosa de 'Harry Potter'.

"Fui a Hogwarts con Señora Malkin," McGonagall prosiguió. "Incluso en esa época, ella era una de las personas más sosegadas que conocí. No se le desarreglaría un cabello incluso si Quien-Tú-Sabes fuera a su tienda." La voz de McGonagall tenía reminiscencia, y mucha aprobación. "La Señora Malkin no te molestara, y no dejara que nadie más lo haga."

"¿A dónde va a ir?" Harry inquirió. "En caso de que, usted sabe, algo  pase."

McGonagall le dio a Harry una dura mirada. "Voy a entrar allí," respondió, señalando al edificio al otro lado de la calle que mostraba la señal de un barril de madera, "y comprar un bebida, la cual desesperadamente necesito. Usted va a ser medido para sus túnicas, nada más. Regresaré a ver como está dentro de poco, y espero hallar la tienda de Señora Malkin aún de pie y no encendida en llamas de algún modo."

La Señora Malkin era una anciana de gran busto quien no dejo escapar ni una palabra sobre Harry cuando vio la cicatriz sobre su frente, y le soltó una aguda mirada a una asistente que estaba apunto de decir algo. La Señora Malkin sacó un conjunto de animados, retorcidos retazos de ropa que servían como cintas de medida y se prepararon a trabajar examinando el medio de su arte.

Al lado de Harry, un joven pálido con una cara alargada y un cool-asombroso rubio-blanco cabello estaba en las etapas finales de un proceso similar. Una de las dos asistentes de Malkin estaba examinando al chico de cabello blanco y la túnica en revisión que estaba vistiendo; ocasionalmente ella le daría un pequeño golpe a la túnica con su varita, y la túnica se estrecharían o alargarían.

"Hola," saludó el chico. "¿Hogwarts, también?"

Harry podía predecir a dónde iba a ir está conversación, y decidió en un medio segundo de frustración que ya era más que suficiente.

"Santos cielos," susurró Harry, "no puede ser." Dejó sus ojos bien abiertos. "¿Su... nombre, señor?"

"Draco Malfoy," respondió Draco Malfoy, pareciendo ligeramente intrigado.

Es usted! Draco Malfoy. Yo – yo nunca pensé que tendría el honor, señor." Harry deseó ser capaz de hacer salir lágrimas de sus ojos. Los otros usualmente empezaban a llorar en este punto.

"Oh," dijo Draco, sonando un poco confundido. Entonces sus labios se alargaron en una ladina sonrisa. "Es bueno encontrar a alguien que conoce su lugar."

Una de las asistentes, aquella que había reconocido a Harry, hizo un sonido ahogado y amortiguado.

Harry siguió elaborando. "Estoy encantado de conocerlo, Sr. Malfoy. Absolutamente encantado. ¡Y asistiré a Hogwarts en su primer año! Hace que mi corazón palpite."

Uy. Esa última parte pudo haber sonado un poco rara, como si estuviera coqueteando con Draco o algo así.

"Y yo estoy complacido de saber que seré tratado con el respeto debido a la familia de Malfoy," el otro chico echó el rostro hacia atrás, acompañado por una sonrisa como la que el más alto de los reyes le otorgaría al más inferior de sus vasallos, si ese vasallo fuera honesto, aunque pobre.

Eh... Maldición, Harry estaba teniendo problemas pensando en la siguiente linea. Bien, todos querían estrechar la mano de Harry Potter, así que – "Cuando mis ropas estén listas, señor, ¿se podría usted dignar a estrechar mi mano? No desearía nada más para alcanzar la felicidad en este día, que digo, en este mes, en efecto, toda mi vida."

El chico de blanco-rubio-cabello se lo quedó mirando como respuesta. "¿Y qué has hecho tú por los Malfoys que haga merecedor de tal favor?"

Oh, totalmente voy a intentar esta misma rutina en la siguiente persona que quiera darme la mano. Harry bajo su cabeza. "No, no, señor, lo entiendo. Lamento haberlo preguntado. Debería ser un honor tan sólo limpiar sus botas, en cambio."

"Efectivamente," estalló el otro chico. Su estirada cara suavizada de algún modo. "Dime, ¿a qué Casa crees que podrías ser sorteado? Yo espero que a la Casa de Slytherin, por supuesto, como mi padre Lucius antes que yo. Y para ti, supongo que la Casa de Hufflepuff, o posiblemente la Casa del Elfo."

Harry sonrió amplia e inocentemente. "La Profesora McGonagall afirma que soy la persona más Ravenclaw que ella jamás ha visto o de la cual haya escuchado en alguna leyenda, tanto así que la mismísima Rowena me diría que debería salir más, lo que sea que eso signifique, y que indudablemente terminaré en la Casa de Ravenclaw si es que el sombrero no está gritando demasiado fuerte como para que el resto de nosotros entendamos alguna palabra, fin de la cita."

"Guau," comentó Draco Malfoy, sonando ligeramente impresionado. El chico le dio alguna clase de ansiosa mirada. "Tus halagos fueron excelentes, o así lo pensé, como sea – lo harías bien en la Casa de Slytherin, también. Usualmente es mi padre quien consigue esa clase de sumisión. Espero que los otros Slytherins me alaben ahora que estoy en Hogwarts... Supongo que esta es una buena señal, en esta ocasión."

Harry tosió. "De hecho, lo siento, no tengo ni idea de quién eres realmente."

"¡No puede ser!" el chico aulló con fiera decepción. "¿Por qué irías por ahí y harías algo así, entonces?" Los ojos de Draco se abrieron con repentina suspicacia. "¿Y cómo es que no sabes sobre los Malfoys? ¿Y qué son esas ropas que estás usando? ¿Son tus padres Muggles? "

"Dos de mis padres están muertos," Harry respondió. Su corazón sufrió una punzada. Cuando lo puso de esa manera – "Mis otros dos padres son Muggles, y ellos son los que me criaron."

"¿Qué? " replicó Draco. "¿Quién eres?"

"Harry Potter, un placer conocerte."

"¿Harry Potter? " jadeó Draco. "El Harry -" y el chico se detuvo abruptamente.

Hubo un breve silencio.

Entonces, con gran entusiasmo, "¿Harry Potter? ¿El Harry Potter? Cielos, ¡siempre quise conocerlo!"

La que asistía a Draco emitió un sonido como si fuera a estrangularse pero siguió con su trabajo alzando los brazos de Draco para remover cuidadosamente la túnica revisada.

"Cállate," Harry sugirió.

"¿Puedo tener su autógrafo? No, espere, ¡quiero tener una foto con usted primero!"

"Callatecallatecallate."

"¡Es que estoy tan encantado de conocerlo!"

"Arde en llamas y muere."

"Pero tú eres Harry Potter, ¡el glorioso salvador del mundo mágico! ¡Héroe de todos, Harry Potter! Siempre he querido ser como tú cuando crezca para poder -"

Draco cortó dejo de hablar en la mitad de la frase, su rostro congelado en horror absoluto.

Alto, blanco-cabello, fríamente elegante dentro de una túnica negra de la más fina calidad. Una mano agarrando un bastón de empuñadura plateada que representaba un arma letal sólo al ser sostenida por su mano. Sus ojos recorrieron el cuarto con la desapasionada cualidad de un ejecutor, un hombre para el cual matar no era doloroso, o incluso deliciosamente prohibido, no era más que una actividad tan rutinaria como respirar.

Ese era el hombre que había, justo en ese momento, penetrado a través de la puerta.

"Draco," amenazó el hombre, bajo y muy enojado, "¿qué estás diciendo?"

En medio segundo de simpático pánico, Harry formuló un plan de rescate.

"¡Lucius Malfoy!" jadeó Harry Potter. "¿El Lucius Malfoy?"

Una de las asistentes de Malkin se giró y se quedó mirando la pared.

Helados y mortales ojos se dirigieron a él. "Harry Potter."

"Estoy tan, ¡es un honor conocerlo!"

Los ojos oscuros se abrieron de par en par, escandalosa sorpresa remplazando su letal amenaza.

"Su hijo me ha estado contando todo sobre usted," Harry se desparramó, difícilmente sabía lo que estaba saliendo de su boca mas continuó hablando tan rápido como le fue posible. "Pero por supuesto que lo sabía todo antes de conocerlo, todos saben sobre usted, ¡el grandioso Lucius Malfoy! El más laureado de toda la Casa de Slytherin, He estado pensando en intentar ser aceptado en la Casa de Slytherin porque escuché que usted estuvo ahí cuando niño -"

"¿Qué está diciendo, Sr. Potter?" llegó un casi-grito desde afuera de la tienda, y la Profesora McGonagall apareció estruendosamente un segundo después.

Había un horror tan puro en la cara de ella que la boca de Harry se abrió automáticamente, y entonces se bloqueó sin nada que decir.

"¡Profesora McGonagall!" chilló Draco. "¿Es realmente usted? Mi padre me ha dicho tanto sobre usted, he estado pensando en intentar ser Seleccionado en Gryffindor para así poder -"

"¿Qué? " repicaron Lucius Malfoy y la Profesora McGonagall en perfecto unisono, parados uno al lado del otro. Sus cabezas rotaron para mirarse el uno al otro con movimientos duplicados, y entonces los dos retrocedieron del otro como si estuvieran presentando un baile sincronizado.

Hubo una inesperada agitación de acción mientras Lucius cogió a Draco y lo arrastró fuera de la tienda.

Y en ese momento hubo silencio.

En la mano izquierda de la Profesora McGonagall yacía un pequeño vaso para beber, derramado por un lado en la olvidada prisa, ahora botando lentamente gotas de alcohol dentro de la diminuta mancha de vino rojo que había aparecido en el piso.

La Profesor McGonagall avanzó dentro de la tienda hasta que estuvo en frente de Señora Malkin.

"Señora Malkin," dijo la Profesora McGonagall, su voz calmada. "¿Qué ha estado pasando aquí?"

La Señora Malkin la miró silenciosamente por cuatro segundos, y entonces se enloqueció. Cayó contra la pared, carcajeándose ruidosamente, y eso descontroló a sus dos asistentes, una de las cuales cayó sobre sus manos y rodillas en el piso, sofocándose de manera histérica.

La Profesora McGonagall lentamente se giró para ver a Harry, su expresión escalofriante. "Lo dejé solo por seis minutos. Seis minutos, Sr. Potter, contados a reloj."

"Sólo estaba bromeando," Harry protestó, mientras los sonidos de risas histéricas se fueron acercando.

"¡Draco Malfoy afirmó en frente de su padre que quería ser seleccionado dentro de Gryffindor! ¡Bromear no es suficiente para lograr algo así!" La Profesor McGonagall paró, respirando visiblemente. "¡Que parte de 'ser medido para sus túnicas' sonó para usted como por favor conjure un Encantamiento Confundus en todo el universo! "

"Estaba en un contexto situacional donde dichas acciones tenían sentido interno -"

"No. No lo explique. No quiero saber que pasó aquí, jamás. Cual sea el poder oscuro que lo habita, es contagioso, y no quiero terminar como el pobre Draco Malfoy, la pobre Señora Malkin y sus dos pobres asistentes."

Harry suspiró. Era claro que la Profesora McGonagall no estaba en el animo para escuchar explicaciones razonables. Miró a Señora Malkin, quién aún estaba carcajeándose contra la pared, y las dos asistentes de Malkin, que habían caído ambas sobre sus rodillas, y finalmente sobre los retazos de cinta que tenían sus medidas corporales.


"No he terminado de ser medido," Harry pidió amablemente. "¿Por qué no regresa y toma otra copa?"


...

Fin del Capítulo 5

Fanfic escrito por Less Wrong / Eliezer Yudkowsky


Traducido al español por Rhaidot


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