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jueves, 22 de septiembre de 2016

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 54

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Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad


Capítulo 54


El Experimento de la Prisión Stanford, Parte 4

en azkaban
En Azkaban por AndIMoveSmilingly

Una tenue chispa verde se adelantó para marcar el ritmo, y detrás suyo la seguía una brillante figura plateada, las otras entidades invisibles. Habían atravesado cinco corredores, girado a la derecha cinco veces y subido cinco tramos de escaleras; y cuando Bellatrix había finalizado su segunda botella de leche achocolatada, se le habían dado cinco barras de sólido chocolate para comer.

Fue tras la tercera barra de chocolate que extraños ruidos comenzaron a provenir de la garganta de Bellatrix.

Le requirió un momento a Harry entender, procesar los sonidos, no se oía como algo que él hubiera escuchado antes; el ritmo era roto, casi irreconocible, le tomó todo eso darse cuenta que Bellatrix estaba llorando.

Bellatrix Black estaba llorando, la más terrible arma del Señor Oscuro estaba llorando, ella era invisible mas podías oírlo, pequeños sonidos patéticos que ella intentaba suprimir, incluso ahora.

"¿Es real?" preguntó Bellatrix. La tonalidad había regresado a su voz, ya no era más un susurro muerto, se elevó al final para formar la pregunta. "¿Es real?"

, pensó la parte de Harry que simulaba ser el Señor Oscuro, ahora guarda silencio -

No lograba hacer pasar esas palabras por sus labios, simplemente no podía.

"Sabía – que usted – vendría por mí – algún día," la voz de Bellatrix tembló y se fracturó mientras ella tomó aire para silenciar los sollozos, "Sabía – que estabas vivo – que regresarías – a mí – mi Señor..." hubo una larga inhalación como si estuviera boqueando, "y que aún así – cuando vinieras – todavía no me amarías - nunca – nunca me amarías como yo te amo – por eso es que – ellos no pudieron quitar – mi amor por ti – aún cuando no puedo recordar – no puedo recordar muchas otras cosas – aunque no sé qué olvidé – pero recuerdo cuánto te amo, Señor -"

Había un cuchillo clavado a través del corazón de Harry, nunca había escuchado algo tan terrible, quería perseguir al Señor Oscuro y matarlo sólo por ésto...

"¿Todavía – tiene un uso para mí – mi Señor?"

"No," chilló la voz de Harry, sin tan siquiera pensar, parecía estar operando en automático, "Entré a Azkaban por mero capricho. ¡Por supuesto que tengo uso para ti! No hagas preguntas estúpidas."


"Sin embargo – soy débil," protestó la voz de Bellatrix, y se le escapó un sollozo integro, sonó demasiado ruidoso en los corredores de Azkaban, "No puedo matar para ti, mi Señor, lo siento, se lo comieron todo, toda me comieron, soy demasiado débil para pelear, para qué puedo servirte ahora -"

El cerebro de Harry buscó desesperadamente alguna forma de confortarla, algo que pudiera salir de los labios de un Señor Oscuro que nunca pronunciaría una sola palabra de amor.

"Fea," declaró Bellatrix. Su voz dijo la palabra como si fuera el clavo final en su ataúd, la ultima desesperación. "Soy fea, ellos también se comieron eso, yo soy, ya no soy linda, ni siquiera podrá, ser capaz, de usar me, como una recompensa, para tus sirvientes – ni siquiera los Lestranges, no querrán, herirme, ya no más -"

La brillante figura de plata dejó de caminar.

Porque Harry había dejado de caminar.

El Señor Oscuro, él... La parte del propio Harry que era suave y vulnerable estaba gritando con incrédulo horror, intentando rechazar la realidad, rehusándose a comprender, al tiempo que una parte más fría y dura completaba el patrón: Ella lo obedeció en eso así como lo obedeció en todas las cosas.

La chispa verde se agitó con urgencia, lanzándose hacia adelante.

El humanoide plateado permaneció en su lugar.

Bellatrix estaba llorando con más fuerza.

"Yo soy, yo no soy, no puedo ser, útil, ya no más..."

Manos gigantes estaban estrujando el pecho de Harry, exprimiéndolo como si fuera ropa mojada, procurando aplastar su corazón.

"Por favor," susurró Bellatrix, "sólo mátame..." Su voz pareció calmarse, una vez que pidió eso. "Por favor Señor, mátame, no tengo razón para vivir si no soy de uso para ti... Nada más quiero que se detenga... por favor hiéreme una última vez, mi Señor, hiéreme hasta que yo pare... Yo te amo..."

Fue la cosa más triste que Harry había llegado a escuchar.

La resplandeciente forma plateada del Patronus de Harry titubeó -

Titiló -

Brilló más -

La furia que estaba alzándose dentro de Harry, su ira contra el Señor Oscuro que había hecho ésto, la rabia contra los Dementors, contra Azkaban, contra el mundo que permitía tanto horror, todo pareció estarse derramando directamente por su brazo y hacia su varita sin que hubiera alguna forma de bloquearlo, intentó detenerlo por voluntad y nada ocurrió.

"¡Mi Señor!" susurró la disfrazada voz del Profesor Quirrell. "¡Mi hechizo está yéndose de control! ¡Ayuda, mi Señor!"

Más brillante el Patronus, más y más brillante, se estaba aclarando más rápido que el día que Harry había destruido un Dementor.

"¡Mi Señor!" la silueta dijo con un murmullo aterrado. "¡Ayuda! Todos lo sentirán, ¡mi Señor!"

Todos lo sentirán, pensó Harry. Su imaginación ya se lo mostraba claramente, los prisioneros en sus celdas animándose en cuanto el frío y la oscuridad se desvanecieran, reemplazados por luz sanadora.

Cada superficie expuesta ahora ardía como un sol blanco donde se pudiera reflejar, sobre la silueta esquelética de Bellatrix y el muy visible hombre cetrino dentro del resplandor, el Encantamiento Desilusionador incapaz de igualarse con el brillo que no era de éste mundo; sólo la Capa de Invisibilidad que era una Reliquia de la Muerte podía soportarlo.

"¡Mi Señor! ¡Debe pararlo!"

Pero Harry ya no podía detenerlo, él ya no quería detenerlo. Podía sentirlo, más y más de las chispas de la vida en Azkaban siendo escudadas por su Patronus, como si desdoblara al igual alas de luz solar abiertas de par en par, el aire convertido en absoluta plata mientras lo pensaba, Harry sabía lo que tenía que hacer.

"¡Por favor, mi Señor!"

Las palabras no fueron escuchadas.

Estaban lejos de él, los Dementores en su pozo, sin embargo Harry sabía que podía destruirlos incluso a esa distancia si la luz resplandecía con suficiente fuerza, sabía que la Muerte misma no podría contra él si dejaba de contenerse, que si el liberaba los sellos de todas las compuertas dentro suyo y se hundía en la fuente de su hechizo dentro de las partes más profundas de su espíritu, toda su mente y toda su voluntad, y entregaba absolutamente todo al hechizo -

Y en el interior del Sol, una apenas contorneada sombra se acercó, extendiendo una mano suplicante.

EQUIVOCADO
NO

La repentina sensación de destrucción chocó contra la determinación de acero de Harry, temor e incertidumbre esforzándose contra el fulgurante propósito, nada más podría haberlo alcanzado excepto eso. La silueta se acercó un paso y luego otro, la sensación de destrucción llegando a un punto de terrible catástrofe; y empapado por el agua helada, Harry lo vio, se dio cuenta de las consecuencias de lo que estaba haciendo, el peligro y la trampa.

De haber visto aquello desde el exterior habrías visto el interior del Sol aumentando y disminuyendo...

Aumentando y disminuyendo...

...y finalmente apagándose, desvaneciéndose, reduciéndose hasta ser la luz de luna ordinaria que encontraste parecía la oscuridad absoluta.

Dentro de la oscuridad de esa luz de luna estaba de pie un hombre cetrino con su mano estirada suplicando, y el esqueleto de una mujer, yaciendo sobre el piso, con una mirada confundida sobre su rostro.

Y Harry, todavía invisible, cayó sobre sus rodillas. El gran peligro había pasado, y ahora Harry estaba intentando no colapsar, mantener el hechizo en un nivel bajo. Algo le había sido drenado, y esperaba no haberlo perdido – debió haberlo sabido, debió recordarlo, que no era mera magia lo que alimentaba el Encantamiento Patronus -

"Gracias, mi Señor," susurró el hombre cetrino.

"Tonto," dijo la voz dura de un niño pretendiendo ser un Señor Oscuro. "¿No te previne que el hechizo resultaría fatal si no lograbas controlar tus emociones?"

El Profesor Quirrell no abrió los ojos de más, por supuesto.

"Sí, mi Señor, entiendo," declaró el sirviente del Señor Oscuro con una voz temblorosa, y se giró hacia Bellatrix -

Ella ya se estaba levantando a sí misma del suelo, lentamente, como una anciana, una anciana mujer. "Que divertido," Bellatrix murmuró, "casi fuiste asesinado por un Encantamiento Patronus..." Una risilla que sonó como si estuviera desempolvando su tubería de risillas. "Podría castigarte, quizá, si mi Señor te congelara allí donde estás y yo tuviera cuchillos... ¿tal vez pueda ser útil después de todo? Oh, me siento algo mejor ahora, tan extraño..."

"Guarda silencio, querida Bella," Harry ordenó con voz helada, "hasta que te pida que hables."

No hubo replica, lo que era obediencia.

El sirviente levitó al esqueleto humano, y la hizo invisible una vez más, seguido prontamente por su propia desaparición con el sonido de otro huevo al romperse.

Pasaron a través de los corredores de Azkaban.

Y Harry supo que al pasar ellos, los prisioneros se animaban en sus celdas mientras el miedo se apartaba de ellos por un precioso momento, quizá llegando a sentir un pequeño toque de sanación cuando su luz pasaba cerca de ellos, y entonces colapsaban de nuevo cuando el frío y la oscuridad los aplastaban de nuevo.

Harry estaba esforzándose mucho para no pensar en ello.

De otro modo su Patronus se blanquearía hasta quemar a cada Dementor en Azkaban, resplandeciendo tanto como para destruirlos desde ésta distancia...

De otro modo su Patronus se blanquearía hasta quemar a cada Dementor en Azkaban , tomando toda la vida de Harry como combustible.

***

En los cuarteles de los Aurores en la cima de Azkaban, un trío de Aurores estaba roncando en las barracas, un trío de Aurores estaba relajándose en la sala de descanso, y un trío de Aurores estaba en deber en el cuarto de comando, manteniendo su vigilancia. El cuarto de comando era simple pero grande, con tres sillas al fondo donde se sentaban tres Aurores, sus varitas siempre en mano dando vida a sus tres Patronus, mientras las brillantes formas blancas caminaban en frente de la ventana abierta, protegiéndolos por completo del temor a los Dementores.

Ellos tres usualmente se quedaban en el fondo, y jugaban poker, y no miraban por la ventana. Podías ver algo de cielo por ahí, por supuesto, e incluso una o dos horas donde podías ver algo de sol todos los días, sin embargo desde esa ventana también podías bajar la vista y ver el centro del pozo infernal.

No fuera a ser que flotara un Dementor y hablara contigo.

De ninguna manera el Auror Li habría accedido cumplir con su deber aquí, con o sin triple paga, de no ser porque tenía una familia a la cual alimentar. (Su nombre real era Xiaoguang, en cambio todos lo llamaban Mike; había nombrado a sus hijos Su y Kao, lo que con suerte les serviría mucho mejor.) Su único consuelo, además del dinero, era que al menos sus compañeros jugaban una excelente partida de Poker Dragón. Aunque sería difícil que no fuera así, a estas alturas.

Era su juego número 5,366 y Li tenía la que probablemente sería su mejor mano entre unas 5300. Era un Sábado de Febrero y había tres jugadores, lo que le permitía cambiar el traje de cualquier carta hueca excepto un dos, tres, o siete; y eso era suficiente como para permitirle construir un Cuerpo a Cuerpo con Unicornios, Dragones, y sietes...

Al otro lado de la mesa, Gerard McCusker desvió la vista de las cartas en dirección a la ventana, con la mirada fija.

La sensación de malestar llegó al estómago de Li con velocidad sorprendente.

Si su siete de corazones era golpeado por un Modificador de Dementor y se convertía en un seis, quedaba rebajado directamente a dos pares y McCusker podría vencer eso -

"Mike," dijo McCusker, "¿qué le pasa a tu Patronus?"

Li giró su cabeza y observó.

Su tejón de suave plata se había alejado de su vigilancia sobre el pozo y estaba contemplando algo hacia abajo que sólo él podía ver.

Un momento después, el pato de luz lunar de Bahry y el brillante oso hormiguero de McCusker lo imitaron, mirada baja y fija en la misma dirección.

Todos intercambiaron miradas, y entonces suspiraron.

"Yo les cuento," declaró Bahry. El Protocolo requería que se enviarán los tres Aurores que no estaban en servicio y sin dormir para investigar cualquier anomalía. "Tal vez ir en lugar de uno de ellos y tomar la espiral C, si a ustedes dos no les importa."

Li intercambió una mirada con McCusker, y ambos asintieron. No era muy complicado penetrar en Azkaban, si tenías suficiente dinero como para contratar a un mago poderoso, y lo suficientemente buen intencionado como para reclutar a alguien que pudiera invocar el Encantamiento Patronus. Las personas con amigos en Azkaban harían eso, entrar para tan sólo darle a alguien medio día de tiempo de Patronus, una oportunidad para que tuvieran algunos sueños de verdad en vez de pesadillas. Dejarles una provisión de chocolate escondida en su celda, para incrementar la oportunidad de que vivieran a través de su sentencia. Y los Aurores en guardia... bueno, aún si te atrapaban, probablemente podías convencer a los Aurores de que lo dejaran pasar, a cambio del soborno correcto.

Para Li, el soborno correcto tendía a estar entre el rango de dos Knuts y un Sickle de plata. Él odiaba este lugar.

Sin embargo Bahry Una-Mano tenía una esposa y la esposa tenía las facturas de un sanador, y si podías permitirte contratar a alguien para que entrara en Azkaban, entonces podías permitirte engrasar fuertemente la palma que le quedaba a Bahry, si él era el único que te atrapaba.

Por acuerdo tácito, ninguno de ellos mostró debilidad alguna al proponer que dejarán la partida inconclusa, los tres acabaron con su mano de poker primero. Li ganó, ya que ningún Dementor había aparecido en realidad. Y para entonces los Patronus ya habían dejado de mirar hacia abajo y regresaron a su patrulla normal, así que probablemente no era nada, sin embargo el procedimiento era procedimiento.

Después de que Li saqueó el botín, Bahry les dirigió a todos saludos de cabeza formales, y se levantó de la mesa. Las trenzas blancas del anciano se rozaron contra su fina túnica roja, su túnica roja rozó el piso de metal del cuarto de comando, mientras Bahry cruzó la puerta que llevaba hacia los Aurores anteriormente fuera de deber.

Li había sido Seleccionado en Hufflepuff, y a veces se sentía un poco intranquilo por éste tipo de negocios. Pero Bahry les había mostrado todas las fotos, y tenías que dejar a un hombre hacer lo que pudiera por su pobre y enferma mujer, especialmente cuando estaba apenas de siete meses de alcanzar su retiro.

***

La débil chispa verde flotó a través de los corredores de metal, y el humanoide plateado, viéndose algo disminuido ahora, siguiendo la chispa. A vece la figura brillante reluciría más, específicamente cuando pasaban una de las grandes puertas de metal, mas siempre volvía a apagarse un poco.

Meros ojos no habrían visto a los otros invisibles: el Niño-Que-Vivió de once años, y el esqueleto viviente que era Bellatrix Black, y el Profesor de Defensa de Hogwarts transformado con Poción Multijugos, todos viajando juntos por Azkaban. Si ese era el principio de un chiste, Harry no le veía la gracia.

Habían subido cuatro tramos de escaleras antes de que la ruda voz del Profesor de Defensa anunciara, simplemente y sin énfasis, "Auror acercándose."

Le tomó demasiado, un segundo entero quizá, para Harry comprender, para que el chorro de adrenalina bombeara por su sangre, y para que recordara lo que el Profesor Quirrell ya había discutido con él y le ordenó hacer en éste caso, y entonces Harry giro sobre sus talones y voló de regreso por donde habían venido.

Harry alcanzó el tramo de escaleras, y frenéticamente se acostó en el tercer escalón de la escalera, el frío metal percibido duro a pesar de su capa y túnica. Intentar alzar su cabeza, para fisgonear por el borde de la escalera, demostró que no podía ver al Profesor Quirrell; y eso indicaba que Harry estaba fuera de la linea de cualquier fuego cruzado.

Su fulgurante Patronus lo siguió, y se acostó a su lado en el escalón por debajo del suyo; tampoco debía ser visto.

Se produjo un tenue sonido de viento o murmullo, y luego el sonido del cuerpo invisible de Bellatrix llegando a descansar en un escalón aún más bajo, ella no tenía lugar en ésto excepto -

"Quedate quieta," comandó con el susurró frío y altisonante, "quedate en silencio."

Hubo quietud, y silencio.

Harry presionó su varita contra un lado del escalón de metal que estaba por encima de él. De haber sido cualquier otro él habría necesitado sacar un Knut de su bolsillo... o arrancar un pedazo de tela de su túnica... o arrancar un pedazo de uña con una mordida... o hallar una porción de roca tan grande como para que pudiera ver y tan sólida como para permanecer en un lugar y orientación mientras tocaba su varita. Pero con el poder todopoderoso de Harry de la Transformación parcial, ésto no era necesario; él se podía saltar ese paso en particular de la operación y usar cualquier material a la mano.

Treinta segundos después Harry era el orgulloso nuevo dueño de un espejo curvado, y...

"Wingardium Leviosa," Harry susurró tan bajo como pudo.

...lo estaba levitando justo por encima de las escaleras, y mirando, en esa superficie curvada, casi todo el corredor donde el invisible Profesor Quirrell esperaba.

Harry escucho en la distancia, entonces, el sonido de pisadas.

Y vio la forma (un poco difícil de ver en el espejo) de una persona dentro de una túnica roja, descendiendo las escaleras, penetrando el corredor aparentemente vacío; acompañado por un pequeño Patronus animal que Harry no pudo descifrar del todo.

El Auror estaba protegido por un brillo azul, era difícil ver los detalles sin embargo Harry pudo ver al menos lo siguiente, el Auror ya tenía escudos levantados y fortalecidos.

Maldición, pensó Harry. De acuerdo al Profesor de Defensa, el arte esencial del duelo era intentar alzar defensas que bloquearían cualquier cosa que fuera probable que alguien te lanzaran, al tiempo que se procuraba atacar en forma tal que fuera probable atravesar las defensas actuales del otro. Y de lejos la manera más fácil de ganar cualquier tipo de pelea real – el Profesor Quirrell había explicado ésto una y otra vez – era disparar al enemigo antes de que pudieran levantar un escudo en primer lugar, ya fuera por detrás o de un rango lo suficientemente cercano como para que no se pudiera ser esquivado o repelido a tiempo.

Aunque el Profesor Quirrell todavía podría ser capaz de disparar desde atrás, si -

Mas el Auror se detuvo tras dar tres pasos en el corredor.

"Buen Desilusionador," dijo una dura voz masculina que Harry no reconoció. "Ahora muéstrate, o estarás en problemas serios."

La forma cetrina, del hombre barbado se volvió visible entonces.

"Y tú con el Patronus," ordenó la voz dura. "Da la cara. Ahora."

"No sería inteligente," replicó la voz gravosa del hombre cetrino. Ya no era la voz aterrada del sirviente del Señor Oscuro; de repente se convirtió en la intimidación profesional de un criminal competente. "No quieres observar al que está detrás de mí. Confía en mí, no lo quieres. Quinientos Galeones, frío dinero en efectivo por adelantado, si te giras y te vas. Grandes problemas para tu carrera si no lo haces."

Se produjo una pausa larga.

"Mira, quien quiera que sea," declaró la voz dura. "Pareces estar confundido sobre cómo funciona ésto. No me importa si el que está detrás de ti es Lucius Malfoy o Albus sangriento Dumbledore. Todos ustedes dan la cara, yo los escaneo por completo, y entonces discutimos cuánto les va a costar ésto -"

"Dos mil Galeones, oferta final," propuso la gravosa voz, adquiriendo un subyacente tono de advertencia. "Eso es diez veces más que el soborno actual y más de lo que harías en un año. Y créeme, si ves algo que no deberías, vas a lamentar no haber aceptado eso -"

"¡Cierra la boca!" gruñó la voz dura. "Tienes exactamente cinco segundos para tirar la varita antes de que yo te haga tirarla. Cinco, cuatro -"

¿Qué está haciendo, Profesor Quirrell? Harry pensó frenético. ¡Ataque primero! ¡Al menos invoque un escudo!

"- tres, dos, ¡uno! ¡Stupefy!"

***

Bahry se quedó con la mirada fija, un escalofrío descendiendo por su espalda.

La varita del hombre se había movido tan rápido que fue como si hubiera Aparecido de la nada, y el paralizador de Bahry ahora estaba chispeando mansamente en su punta, no bloqueado, no contraatacado, no deflectado, atrapado como una mosca en miel.

"Mi oferta ha vuelto a bajar a quinientos Galeones," dijo el hombre con una fría, y más formal voz. Sonrió secamente, y la sonrisa se veía incorrecta en ese rostro barbudo. "Y tendrás que aceptar un Encantamiento de Memoria."

Bahry ya había alterado las armonías de sus escudos para que su propio paralizador no le pudiera ser regresado, ya había inclinado su varita en posición defensiva, ya había levantado su fortalecida mano artificial en posición de bloquear cualquier cosa que se pudiera bloquear, y ya estaba pensando encantamientos sin pronunciar para poner más capas en sus escudos -

El hombre no estaba mirando a Bahry. En vez de eso estaba tocando con curiosidad el paralizador de Bahry que seguía ondeando al final de su varita, extrayendo chispas rojas y sacudiéndolas con sus dedos, desbaratando lentamente el maleficio como si fuera el cetro rompecabezas de un niño.

El hombre no había levantado ningún escudo.

"Cuéntame," el hombre habló con voz desinteresada que no parecía encajar del todo con esa garganta tan rasposa - Multijugos, Bahry habría concluido, de haber considerado que alguien podía realizar magia tan delicada estando dentro del cuerpo de alguien más - "¿qué hiciste en la última guerra? ¿Ponerte en medio del peligro, o alejarte de los problemas?"

"En medio del peligro," contestó Bahry. Su voz conservó la calma de hierro de un Auror con casi cien años completos en la fuerza, a siete meses del retiro obligatorio, Ojo Loco Moody no podría haberlo expresado con más dureza.

"¿Luchaste con algún Mortífago?"

Eso hizo surgir una sonrisa siniestra en la propia cara de Bahry. "Dos a la vez." Dos de los propios guerreros asesinos de Quien-Tú-Sabes, personalmente entrenados por su maestro oscuro. Dos Mortífagos a la vez contra Bahry sin refuerzos. Había sido la batalla más difícil en la vida de Bahry, sin embargo él quedó de pie, y se fue de allí habiendo perdido solamente su mano izquierda.

"¿Los mataste?" El hombre sonaba vagamente curioso, y continuó cogiendo hebras de fuego del mucho más disminuido voltio paralizador todavía cautivo al final de su varita, sus dedos sacudiendo pequeños patrones de la propia magia de Bahry antes de dispersarlos con un chasquido.

Nació sudor sobre la piel de Bahry debajo de su túnica. Su mano de metal descendió como el rayo, arrancando el espejo de su cinturón - "¡Bahry a Mike, necesito apoyo!"

Hubo una pausa, y silencio.

"¡Bahry a Mike!"

El espejo yació plano y sin vida dentro de su mano. Lentamente, Bahry lo puso de regreso en su cinturón.

"Ha pasado bastante tiempo desde que tuve una pelea seria con un oponente serio," el hombre afirmó, aún sin levantar la vista hacia Bahry. "Procura no decepcionarme demasiado. Puedes atacar cuando sea que estés listo. O puedes irte con quinientos Galeones."

Hubo un largo silencio.

Entonces el aire gritó como metal cortando vidrio al tiempo que Bahry azotó su varita hacia abajo.

***

Harry apenas y podía verlo, apenas y podía distinguir algo a través de las luces y los relámpagos, su espejo curvado era perfecto (habían practicado antes esa táctica en la Legión Caos) pero la escena seguía siendo demasiado pequeña, y Harry tenía la sensación que no hubiera sido capaz de comprender incluso de haber observado desde un metro de distancia, todo estaba pasando demasiado rápido, explosiones rojas deflectandose desde escudos azules, barras verdes de luz chocando entre sí, oscuras formas apareciendo y desvaneciéndose, ni siquiera podía descifrar quién estaba invocando qué, excepto que el Auror estaba gritando encantamiento tras encantamiento y esquivando frenéticamente mientras que la forma del Profesor Quirrell bajo la Poción Multijugos se quedaba de pie en un mismo lugar y agitaba su varita, mayormente en silencio, sin embargo pronunciando palabras en lenguajes irreconocibles de vez en cuando que ponían blanco el espejo por completo y mostraban la mitad del escudo del Auror partido a la mitad y haciéndolo retroceder.

Harry había visto duelos de exhibición entre los estudiantes más fuertes de séptimo año, y ésto estaba tan por encima de aquello que la mente de Harry se sintió atolondrada, mirando cuánto camino le faltaba por recorrer. No había ni un solo estudiante de séptimo año que hubiera podido durar medio minuto contra el Auror, los tres ejércitos completos de séptimo año juntos podrían no ser capaces de poner un rasguño sobre el Profesor de Defensa...

El Auror había caído al suelo, una rodilla y una mano soportando su peso mientras la otra mano hacía gestos a toda prisa y su boca exclamaba palabras desesperadas, los pocos encantamientos que Harry reconoció eran todos hechizos de escudos, y un enjambre de sombras giraban alrededor del Auror como un tornado de navajas.

Y Harry vio la forma del Profesor Quirrell bajo la Poción Multijugos deliberadamente apuntar su varita hacia donde el Auror estaba arrodillado y combatiendo los últimos momentos de su batalla.

"Rindete," exigió la gravosa voz.

El Auror espetó algo inenarrable.

"En ese caso," replicó la voz, "Avada -"

El tiempo pareció moverse muy lentamente, como si hubiera tiempo para escuchar las silabas individualmente, Ke, y Da, y Vra, tiempo para ver al Auror empezar a tirarse desesperadamente hacia un lado; y aunque todo eso estaba pasando tan lentamente, de algún modo no había tiempo para hacer algo, no había tiempo para que Harry abriera sus labios y gritara NO, no había tiempo para moverse, quizá ni había tiempo para pensar.

Sólo había tiempo para un deseo desesperado de que un hombre inocente no debiera morir -

Y una resplandeciente figura plateada de pie delante del Auror.

Allí de pie justo una fracción de segundo antes de que la luz verde diera en el blanco.

***

Bahry estaba girando desesperado hacia un lado, sin saber si lo iba a lograr -

Sus ojos estaban enfocados sobre su oponente y su muerte inminente, así que Bahry únicamente le echó un vistazo breve al trazo de la brillante silueta, el Patronus más luminoso que cualquier otro que hubiera visto antes, lo vio apenas el tiempo suficiente como para reconocer la forma imposible, antes de que la luz verde y plateada chocaran y ambas luces desaparecieran, ambas luces desaparecieron, la Maldición Asesina había sido bloqueada, y entonces los oídos de Bahry fueron perforados a la vez que observó a su terrible oponente gritar, gritar, gritar, agarrando su cabeza y gritando, empezando a caer cuando Bahry ya había estado cayendo -

Bahry golpeó el suelo, interrumpiendo su propio salto frenético, y su hombro izquierdo dislocado y su costilla rota chillaron en protesta. Bahry ignoró el dolor, se las arregló para erguirse temblando sobre sus rodillas, levantó su varita para paralizar a su oponente, no entendía lo que estaba pasando pero sabía que ésta era su única oportunidad.

"¡Stupefy!"

El voltio rojo salió disparado hacia el cuerpo del hombre que seguía cayendo, y fue deshecho en la mitad del aire y disipado – y no por algún escudo. Bahry pudo verlo, las ondas en el aire que rodearon a su caído y gritador oponente.

Bahry pudo sentirlo como una presión letal sobre su piel, el flujo de magia acumulándose y acumulándose y acumulándose hacia algún terrible punto de quiebre. Sus instintos le gritaron que saliera corriendo antes de que llegara la explosión, ésto no era un Encantamiento, ni Maldición, ésto era magia salvaje, sin embargo antes que Bahry pudiera tan siquiera acabar de ponerse de pie -

El hombre arrojó su varita lejos de sí mismo (¡él tiró su varita!) y un segundo después, su forma se desdibujó y desvaneció por completo.

Una serpiente verde yació inmóvil sobre el suelo, sin moverse aún antes de que el siguiente hechizo paralizador de Bahry, disparado por puro reflejo, la golpeara sin resistencia.

Mientras el mortal flujo y la presión empezaron a disiparse, mientras la hechicería salvaje fue reduciéndose, la mente aturdida de Bahry notó que el grito continuaba. Sólo que se oía diferente, como el grito de un joven niño, proveniente de las escaleras que llevaban al próximo nivel inferior.

El gritó se ahogó también, y hubo silencio excepto por la agitada respiración de Bahry.

Sus pensamientos eran lentos, confusos, desordenados. Su oponente había sido locamente poderoso, eso no había sido un duelo, había sido como su primer año de Auror en entrenamiento intentando combatir a Madam Tarma. Los Mortífagos no habían sido ni una décima parte así de buenos, Ojo Loco Moody no era sí de bueno... ¿y quién, qué, cómo en el nombre de las bolas de Merlín había alguien bloqueado una Maldición Asesina?

Bahry se las arregló para invocar la energía para presionar su varita contra su costilla, murmurar el hechizo curador, y luego presionar de nuevo contra su hombro. Tomó más de él de lo que tendría que haber sido, extrajo demasiado de él, su magia era apenas y un aliento de completo cansancio; no le quedaba nada para sus raspaduras y cortes menores y menos para reforzar los rescoldos que le quedaban a su escudo. Eso era todo lo que podía hacer sin dejar ir a su Patronus.

Bahry respiró profunda, pesadamente, estabilizó su aliento todo lo que pudo antes de hablar.

"Tú," Bahry dijo. "Quien quiera que seas. Sal afuera."

Hubo silencio, y se le ocurrió a Bahry quien fuera que fuera podría estar inconsciente. No entendía lo que acababa de pasar, pero había escuchado el grito...

Bueno, había una forma de comprobarlo.

"Sal afuera," repitió Bahry, poniendo más dureza en su voz, "o empezaré a usar maldiciones con área de efecto." Probablemente no podría lanzar ni una sola de intentarlo.

"Espere," pidió la voz de un niño, la voz de un chico joven, aguda y fina y temblorosa, como alguien que estaba luchando contra las lagrimas o el cansancio. La voz pareció pasar de cerca a encima suyo. "Por favor espere. Estoy acercándome -"

"Baja la invisibilidad," gruñó Bahry. Estaba demasiado exhausto para molestarse con Encantamientos anti-Desilusionadores.

Un momento después, el rostro de un joven niño emergió de una desdoblada capa de invisibilidad, y Bahry vio el cabello negro, los ojos verdes, las gafas, y la muy roja cicatriz de relámpago.

De haber tenido menos de veinte años de experiencia bajo su cinturón podría haber parpadeado. En vez de eso él espetó algo que probablemente no debió pronunciar en frente de el Niño-Que-Vivió.

"Él, él," la voz temblorosa del niño explicó, su joven rostro se veía asustado y agotado y lágrimas seguían descendiendo por sus mejillas, "él me secuestró, para hacerme invocar mi Patronus... él amenazó con matarme si no lo hacía... sólo que no podía permitir que lo matara a usted..."

La mente de Bahry seguía atontada, sin embargo las cosas fueron encajando en su lugar con lentitud.

Harry Potter, el único mago que había sobrevivido a una Maldición Asesina. Bahry podría haber sido capaz de esquivar la muerte verde, ciertamente lo estaba intentando, mas si el asunto llegaba ante el Wizengamot, se juzgaría que era una deuda de vida hacia una Casa Noble.

"Ya veo," Bahry habló con un gruñido mucho más gentil. Empezó a caminar hacia el niño. "Hijo, lamento por lo que has pasado, pero necesito que sueltes la capa y también la varita."

El resto de Harry Potter emergió de la invisibilidad, mostrando la sudada túnica de Hogwarts con bordes azules, y su mano derecha sujetando una varita de acebo de once pulgadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

"Tu varita," Bahry reiteró.

"Lo siento," susurró el niño de once años, "aquí," y sostuvo la varita hacia Bahry.

Bahry apenas y se contuvo de regañar al traumatizado niño que acaba de salvar su vida. En vez de eso se sobrepuso al impulso con un suspiro, y simplemente estiró una mano para coger la varita. "Mira, hijo, se supone que realmente no debes apuntar la varita hacia -"

La punta de la varita giró ligeramente hacia la mano de Bahry justo cuando el niño susurró, "Somnium."

***

Harry contempló el cuerpo derribado del Auror, no hubo sentido del triunfo, nada mas una aplastante sensación de desesperación.

(Aún en ese momento podría no haber sido demasiado tarde.)

Harry se volteó para mirar a donde yacía la inmóvil serpiente verde.

"¿Professor?" siseó Harry. "¿Amigo? ¿Por favor, esstáss vivo?" Un horrible temor se estaba apoderando del corazón de Harry; en ese momento se le había olvidad por completo que acababa de ver al Profesor de Defensa intentar asesinar a un oficial de policía.

Harry apuntó su varita hacia la serpiente, y sus labios empezaban a formar la palabra Innervate, antes de que su cerebro lo alcanzara y le gritara.

No se atrevía a usar magia sobre el Profesor Quirrell.

Harry lo había sentido, el ardiente, desgarrador dolor en su cabeza, como su cerebro estaba apunto de partirse en dos. Lo sintió, su magia y la magia del Profesor Quirrell, igualadas y anti-armonizadas en un ciclo de muerte. Esa era la terrible y misteriosa cosa que pasaría si Harry y el Profesor Quirrell llegaban a acercarse demasiado el uno con el otro, o si conjuraban magia sobre el otro, o si sus hechizos llegaban a tocarse alguna vez, su magia resonaría fuera de control -

Harry contempló a la serpiente, no podía saber si estaba respirando.

(Los últimos segundos se fueron yendo.)

Se giró para mirar al Auror, quien había visto al Niño-Que-Vivió, quien sabía.

La total magnitud del desastre se hundió dentro de Harry como miles de cientos de toneladas, se las había arreglado para paralizar al Auror sin embargo no había nada más por hacer, no había manera de recuperarse, la misión había fallado, todo había fallado, él había fallado.

Conmocionado, consternado, desesperado, no pensó en ello, no vio lo obvio, no recordó de dónde provenían los sentimientos desesperanzados, no se dio cuenta de que todavía necesitaba volver a conjurar el Encantamiento del Verdadero Patronus.

(Y entonces ya era demasiado tarde.)

***

El Auror Li y el Auror McCusker habían vuelto a acomodar sus sillas alrededor de la mesa, así que ambos vieron al mismo tiempo, el desnudo, esquelético flaco horror elevándose para flotar por fuera de la ventana, el dolor de cabeza ya golpeándolos por tan sólo verlo.

Ambos escucharon la voz, como si un cadáver muerto hace mucho tiempo hubiera pronunciado palabras que también hubieran envejecido y muerto.

El discurso del Dementor hirió sus oídos y dijo, "Bellatrix Black está fuera de su celda."


Se produjo medio segundo de horrorizado silencio, y luego Li brincó de su silla, dirigiéndose al comunicador para pedir refuerzos del Ministerio, al tiempo que McCusker agarró su espejo y empezó frenéticamente a intentar contactar a los tres Aurores que se habían ido a patrullar.

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