Buscar este blog

viernes, 23 de septiembre de 2016

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 56

Capítulo 55             Capítulo 57

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad


Capítulo 56


El Experimento de la Prisión Stanford, Optimización Restringida, Parte 6

harry potter racionalidad 56
Escondiendo a Bellatrix por dinosaurusgede

Silenciosa, por fortuna estaba silenciosa, la puerta de metal en el siguiente nivel inferior. O bien no había alguien detrás de ella, o estaban sufriendo en silencio, quizá estaban gritando pero su voz ya se había rendido, o estaban susurrándose a sí mismos en voz baja en la oscuridad...

No estoy seguro de que pueda hacer ésto, Harry pensó, y tampoco pudo culpar a los Dementores por el pensamiento desesperado. Hubiera sido mejor estar más abajo, era más seguro estar más abajo, su plan requeriría tiempo para implementarse y los Aurores probablemente ya estaban en la labor de bajar. Mas si Harry tenía que pasar más de esas puertas de metal al mismo tiempo que se quedaba callado y mantenía su respiración perfecta y regular, se iba a enloquecer; si tenía que dejar un pedazo de sí mismo detrás de cada una, pronto no habría nada de él para dejar -

Un gato luminoso como la luna apareció de la nada y brincó en frente del Patronus de Harry. Harry casi gritó, lo que no le habría ayudado con su imagen ante Bellatrix.

"¡Harry!" dijo la voz de la Profesora McGonagall, sonando más alarmada de lo que Harry la había llegado a escuchar. "¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¡Éste es mi Patronus, responde!"

Con un esfuerzo convulsivo, Harry aclaró su garganta, cambió el propósito de su garganta, forzó la calma, cambió a una personalidad diferente como si fuera una barrera de Oclumancia. Le tomó un par de segundos y esperó ansioso que la Profesora McGonagall no notara un problema con eso gracias a un retraso en la comunicación, al igual que esperaba con ansias que los Patronus no reportaran nada sobre los alrededores.

Una inocente y joven voz de niño anunció, "Estoy en el Lugar de Mary, Profesora, en el Callejón Diagon. Yendo al restaurante de hecho. ¿Qué hay de malo?"

El gato desapareció con un salto, y Bellatrix comenzó a carcajear por lo bajo, una polvorienta risa de apreciación, sin embargo cerró la boca abruptamente cuando Harry le siseó.

Un momento después el gato regreso, y habló con la voz de la Profesora McGonagall, "Voy a recogerte ahora mismo. No vayas a ningún lado, si no estás cerca del Profesor de Defensa no regreses con él, no le hagas ningún comentario a nadie, ¡estaré allí tan pronto como pueda!"

Y el brillante gato siguió avanzando hasta volverse borroso y se desvaneció.

Harry bajó la mirada a su reloj, fijándose en la hora, para que después de sacar a todos de aquí, y que el Profesor Quirrell anclara el Giratiempo de nuevo, pudiera regresar y estar en el Lugar de Mary en el momento apropiado...

Sabes, intervino la parte de su cerebro que resolvía problemas, hay un limite a cuántas restricciones puedes añadir a un problema antes de que sea realmente imposible, ¿sabes eso?

No debió haber importado, y en verdad no lo hacía, no se comparaba al sufrimiento de un solo prisionero en Azkaban, y aún así Harry se halló a sí mismo sintiéndose muy consciente de que si su plan no acababa con él siendo recogido en el Lugar de Mary como si nunca se hubiera ido, y el Profesor de Defensa viéndose completamente inocente de cualquier posible crimen, la Profesora McGonagall iba a asesinarlo.

***

Mientras su equipo se preparaba para comer otra mordida del territorio de la espiral C, escudando y escaneando antes de desencantar el escudo previo en su retaguardia, Amelia estaba golpeando sus caderas con sus dedos y preguntándose si debía consultar al experto obvio. Si tan sólo él no fuera tan -

Amelia escuchó el familiar crujido de fuego y supo lo que vería antes de voltearse.

Un tercio de sus Aurores se estaban girando y alzando sus varitas hacia el anciano mago con gafas de media luna y una larga barba plateada que había aparecido justo en medio de ellos, con un brillante fénix de color rojo y dorado sobre su hombro.

"¡No disparen!" La Poción Multijugos hacía sencillo forjar una cara, sin embargo falsear el viaje de fénix hubiera sido mucho más difícil – las protecciones la permitían como una de las formas rápidas para ingresar a Azkaban, aunque no servía como vía rápida para salir.

La anciana bruja y el anciano mago se contemplaron el uno al otro por un largo momento.

(Amelia se cuestionó, en la parte trasera de su mente, cuál de sus Aurores había enviado la palabra, había varios antiguos miembros de la Orden del Fénix con ella; procuró recordar si había visto el gorrión de Emmeline o el gato de Andy alejarse del conjunto de criaturas resplandecientes; pero supo que era fútil. Podría no haber sido ninguno de su propio grupo, pues el viejo entrometido a veces sabía cosas que no tenía forma de haber conocido.)

Albus Dumbledore inclinó su cabeza hacia Amelia en señal de cortes gesto. "Espero ser bienvenido aquí," el anciano declaró con calma. "Estamos todos en el mismo bando, ¿no es así?"

"Eso depende," Amelia replicó con dura voz. "¿Estás aquí para ayudarnos a atrapar criminales, o para protegerlos de las consecuencias de sus acciones?" ¿Estás aquí para intentar evitar que la asesina de mi hermano reciba su bien merecido Beso, viejo entrometido? De lo que Amelia había escuchado, Dumbledore se había vuelto más listo al final de la guerra, en especial gracias a los constantes regaños de Ojo-Loco; mas había regresado a su tonta misericordia en el instante en que el cuerpo de Voldemort fue encontrado.

Una docena de pequeños puntos de blanco y plata, reflejos de los fulgurantes animales, destellaron desde las gafas de media luna del anciano al hablar. "Aún menos que tú desearía ver yo liberada a Bellatrix Black," el anciano mago afirmó. "Ella no debe dejar ésta prisión con vida, Amelia."

Antes de que Amelia pudiera volver a hablar, aún para expresar su sorprendida gratificación, el anciano mago hizo un gesto con su larga varita negra y un brillante fénix plateado brotó en existencia, más luminoso que todos los otros Patronus puestos juntos. Era la primera vez que ella había visto ese hechizo lanzado sin palabras. "Ordena a todos tus Aurores que cancelen su Encantamiento Patronus por diez segundos," pidió el anciano mago. "Lo que la oscuridad no pueda encontrar, la luz podría hallar."

Amelia espetó la orden al oficial de comunicaciones, quien notificaría a todos los Aurores mediante sus espejos, comandando que la voluntad de Dumbledore fuera hecha.

Eso requirió unos momentos, y se volvió una periodo de horrible silencio, ninguno de los Aurores se había atrevido a hablar, mientras Amelia intentaba sopesar sus propios pensamientos. Ella no debía dejar ésta prisión con vida... Albus Dumbledore no se convertiría en Bartemius Crouch sin una razón fuerte. Si su intención fuera contarle el por qué, ya lo habría hecho; pero ciertamente no era una señal positiva.

Aún así, era bueno saber que serían capaces de trabajar juntos en éste caso.

"Ahora," dijeron un coro de espejos, y el resto de Encantamientos Patronus parpadearon y desaparecieron excepto por el fulgurante fénix plateado.

"¿Hay otro Patronus todavía presente?" el anciano mago le preguntó con claridad a la resplandeciente criatura.

La brillante criatura ladeó su cabeza en asentimiento.

"¿Puedes encontrarla?"

La cabeza plateada asintió otra vez.

"¿Lo recordarás, en caso de que se vaya y regrese?"

Una afirmación de cabeza final de parte del luminoso fénix.

"Está hecho," anunció Dumbledore.

"Suficiente," ordenaron todos los espejos un momento después, y Amelia alzó su varita y comenzó a invocar de nuevo su propio Patronus. (Aunque le tomó algo de concentración extra, con esa sonrisa lobuna ya en su cara, pensar en la primera vez que Susan había besado su mejilla, en vez de regodearse en el oscuro destino de Bellatrix Black. Ese otro Beso era un pensamiento feliz en efecto, pero no del tipo correcto para el Encantamiento Patronus.)

***

No habían ni siquiera llegado al final de ese corredor antes de que el Patronus de Harry alzara su mano, con educación, como si estuviera en un salón de clases.

Harry pensó con rapidez. La cuestión era cómo – no, eso también era obvio.

"Parece," Harry explicó con una voz divertida y fría, "que alguien ha instruido éste Patronus para compartir su mensaje únicamente conmigo." Se rió. "Bien entonces. Perdoname, Bella querida. Quietus."

De inmediato el humanoide plateado pronunció con la misma voz de Harry, "Hay otro Patronus que busca éste Patronus."

"¿Qué?" exclamó Harry. Y entonces, sin hacer pausa para pensar en lo que estaba a punto de suceder, "¿Lo puedes bloquear? ¿Evitar que te encuentre?"

El humanoide plateado negó con su cabeza.

***

En cuanto Amelia y los otros Aurores acabaron de relanzar sus Encantamientos Patronus, entonces -

El fulgurante fénix plateado salió volando, y el verdadero fénix rojo-dorado lo siguió, y el anciano mago dio calmados pasos largos detrás de los dos con su larga varita apretada con fuerza y apuntando hacia abajo.

Los escudos alrededor de su territorio se abrieron como agua al paso del anciano mago, y se cerraron detrás de él con apenas y un murmullo.

"¡Albus!" gritó Amelia. "¿Qué piensas que estás haciendo?"

Pero ella ya lo sabía.

"No me sigan," la voz del anciano mago replicó con severidad. "Puedo protegerme a mí mismo, no puedo proteger a otros."

La grosería que Amelia soltó tras él hizo que incluso sus propios Aurores retrocedieran.

***

¡Ésto no es justo, no es justo, no es justo! ¡Hay un limite a cuántas restricciones añadir a un problema antes de que sea realmente imposible!

Harry bloqueó los pensamientos inútiles, ignoró la fatiga que sentía, y forzó su mente a confrontarse con los nuevos requerimientos, tenía que pensar rápido, usar la adrenalina para seguir la cadena de lógica con velocidad y sin titubear, en vez de perder tiempo en la desesperación.

Para que la misión tuviera éxito,

(1) Harry tendría que desconvocar a su Patronus.

(2) Bellatrix necesitaba estar escondida de los Dementores después de que el Patronus fuera desconvocado.

(3) Harry necesitaba resistir la absorción de los Dementores después de que su Patronus fuera desconvocado.

...

Si resuelvo ésto, demandó el cerebro de Harry, quiero una galleta cuando todo acabe, y si tú haces el problema más difícil de lo que ya es, aun si es nada más un poquito más difícil, voy a salir trepando de tu cabeza y me iré para Tahití.

Harry y su cerebro consideraron el problema.

Azkaban había sido invencible durante siglos, confiando en la imposibilidad de evadir la mirada de los Dementores. Así que si Harry encontraba otra forma de esconder a Bellatrix de los Dementores, iba a confiar en su conocimiento científico o en que se había dado cuenta que los Dementores eran Muerte.

El cerebro de Harry sugirió un camino obvio para detener a los Dementores de ver a Bellatrix que consistía en evitar que siguiera existiendo, por ejemplo, asesinándola.

Harry felicitó a su cerebro por pensar por fuera de lo establecido y le dijo que continuara buscando.

Asesinarla y luego traerla de regreso, llegó la siguiente sugerencia. Usa Frigideiro para enfriar a Bellatrix hasta el punto en que su actividad cerebral se detenga, después la calientas usando Thermos, al igual que las personas que caen dentro de agua muy fría y pueden ser revividas media hora después sin daño cerebral notable.

Harry consideró ésto. Bellatrix podría no sobrevivir con su estado tan débil. Y podía ser que no evitara que la Muerte la viera. Y él tendría problemas para llegar lejos cargando a una fría e inconsciente Bellatrix. Y Harry no podía recordar la investigación sobre en qué punto exacto la temperatura corporal era no-fatal pero detenía el cerebro temporalmente.

Era otra buena idea por fuera de lo común, sin embargo Harry le pidió a su cerebro que siguiera pensando en...

...formas de esconderse de la Muerte...

Una arruga se movió por el rostro de Harry. Había escuchado algo así, en algún lugar.

Uno de los requisitos para volverse un mago poderoso es una excelente memoria, había dicho el Profesor Quirrell. La clave para un rompecabezas es con frecuencia algo que leíste veinte años atrás en un pergamino viejo, o un anillo peculiar que viste en el dedo de un hombre que nada más conociste una vez...

Harry se enfocó tan duro como pudo, mas no lo pudo recordar, estaba en la punta de su lengua; así que le pidió a su subconsciente que procurara recordarlo, y volvió a enfocar su atención en la otra mitad del problema.

¿Cómo puedo protegerme a mí mismo de los Dementores sin un Encantamiento Patronus?

El Director había estado expuesto repetidamente a un Dementor a unos cuantos metros de distancia, una y otra vez a través de todo el día, y sólo había resultado meramente cansado. ¿Cómo había hecho el Director eso? ¿Podía Harry hacer eso también?

Podía ser que fuera una cosa azarosa de la genética, en cuyo caso Harry estaba perdido. Mas asumiendo que el problema tuviera solución...

Entonces la respuesta obvia era que Dumbledore no le tenía miedo a la muerte.

Dumbledore en verdad no le tenía miedo a la muerte. Dumbledore honestamente, en realidad creía que la muerte era la siguiente gran aventura. Lo creía desde el interior, no eran palabras convenientes usadas para suprimir una disonancia cognitiva, no solamente pretender ser sabio. Dumbledore había decidido que la muerte era natural y un orden normativo, y cualquier pequeño miedo restante que quedara dentro de él, había requerido un largo tiempo y exposición repetida para que el Dementor lo drenara a través de esa pequeña falla.

Ese camino estaba cerca de Harry.

Y entonces Harry consideró el otro lado, la pregunta inversa obvia:

¿Por qué soy mucho más vulnerable que el promedio? Otros estudiantes no se desmayaron cuando enfrentaron al Dementor.

Harry tenía la intención de destruir la Muerte, eliminarla si podía. Pretendía vivir por siempre, si podía; tenía esperanza de ello, el pensamiento de la Muerte no le traía una sensación de desesperación ni creía que fuera inevitable. No estaba atado ciegamente a su propia vida; de hecho le había tomado esfuerzo no quemar toda su vida ante la necesitad de proteger a otros de la Muerte. ¿Por qué las sombras de la Muerte tenían tanto poder sobre Harry? Él no habría pensado que tenía tanto miedo.

¿Había estado Harry, desde un principio, haciendo razionalización? ¿Era él quien en secreto le tenía tanto miedo a la muerte que había estado retorciendo sus propios pensamientos, como Harry había acusado a Dumbledore?

Harry consideró ésto, evitando para sí mismo la opción de huir. Se sentía incomodo, pero...

Mas...

Sin embargo los pensamientos incómodos no siempre eran la verdad, y éste en particular no sonaba exactamente correcto. Como si hubiera un grano de verdad, pero no se estaba escondiendo donde se decía que estaba la hipótesis -

Y ahí fue cuando Harry se dio cuenta.

Oh.

Oh, ya lo entiendo.

El que tiene miedo, es...

Harry le preguntó a su lado oscuro sobre lo que pensaba de la muerte.

Y el Patronus de Harry parpadeó, se redujo, casi desapareció en un instante, por ese desesperado, lloroso, terror aullador, un indecible miedo que haría cualquier cosa para no morir, hacer todo a un lado para no morir, que no podía pensar con regularidad o sentir con regularidad ante la presencia del horror absoluto, que no podía mirar dentro del abismo de la no-existencia al igual que no hubiera podido mirar directo al Sol, una cegada y terrible cosa que únicamente quería hallar una esquina oscura y esconderse y no tener que pensar más al respecto -

La figura plateada se había oscurecido hasta ser una luz de luna, estaba vacilando como una vela agonizante -

Todo está bien, pensó Harry, todo está bien.

Se visualizó a sí mismo arrullando a su lado oscuro como si fuera un niño asustado en sus brazos.

Es correcto y apropiado estar aterrorizado, porque la muerte es horrible. No tienes por qué esconder tu horror, no tienes por qué sentir vergüenza por ello, puedes llevarlo como una medalla de honor, a plena luz del sol.

Era extraño, sentirse partido en dos así, el rastro de sus pensamientos que daba confort, el rastro de sus pensamientos que seguía a su lado oscuro para quien era incomprehensible la forastera forma ordinaria de pensar de Harry; todas las cosas que su lado oscuro asociaba con su propio temor de la muerte, la única cosa que nunca se había imaginado o esperado que podría encontrar, era aceptación y alabanza y ayuda...

No tienes que luchar solo, Harry afirmó en silencio a su lado oscuro. El resto de mí te apoyará en ésto. No me permitiré morir, y tampoco dejaré que mis amigos mueran. Ni tú/yo, ni Hermione, ni Mamá o Papá, ni Neville o Draco ni nadie, ésta es la voluntad para proteger... Visualizó alas de luz solar, como las alas del Patronus que tenía que abrir de par en par, para dar protección a ese asustado niño.

El Patronus brilló otra vez, ¿el mundo giraba alrededor de Harry o era su propia mente la que estaba girando?

Toma mi mano, Harry pensó y lo visualizó, ven conmigo, y haremos ésto juntos...

Hubo una vacilación en la mente de Harry, como si su cerebro hubiera dado un paso a la izquierda, o el universo hubiera dado un paso a la derecha.

Y en un resplandeciente corredor de Azkaban, con pequeñas luces de gas que eran sobrepasadas por la estable e inconmovible luz de un Patronus con forma humana, un niño invisible estaba de pie con una diminuta y rara sonrisa en su cara, apenas temblando un poco.

Harry supo, de algún modo, que acaba de hacer algo significativo, algo que iba más allá de fortalecer su resistencia a los Dementores.

Y más que eso, había recordado. Pensar en la Muerte como una figura antropomórfica había logrado el truco, bastante irónico. Ahora Harry lo recordaba, qué tenía la reputación de esconder a alguien de la mirada de la propia Muerte...

***

En un corredor de Azkaban, un mago que daba largas zancadas se detuvo abruptamente; porque la luminosa cosa plateada que era su guía, se había detenido en medio del aire, batiendo sus alas con estrés. El brillante fénix blanco ladeó su cabeza, viendo hacia atrás y hacia adelante como si estuviera confundido; y luego se giró hacia su maestro y sacudió su cabeza en señal de disculpa.

Sin otra palabra, el anciano mago se volteó y dando pasos largos regresó por donde había venido.

***

Harry se quedó de pie recto y erguido, sintiendo que el miedo se desprendía y se caía de él. Algunas pequeñas partes suyas podrían haber sido corroídas un poco por las olas de vacío que se habían estrellado continuamente contra su roca inamovible, sin embargo sus extremidades no estaban frías, y su magia estaba con él. Con el tiempo esas olas podrían haberlo corroído y consumido, deslizándose por cualquier parte diminuta suya que siguiera acobardada ante la Muerte en vez de usar su miedo para darse energía a sí mismo durante la batalla. Mas esa destrucción hubiera llevado tiempo, con las sombras de la Muerte muy lejos y sin preocuparse por él. La debilidad, la fisura, la linea de fallo que estaba adentro suyo había sido reparada, y las estrellas resplandecieron luminosas en su mente, vastas y sin temor, y fulgurantes en medio del frío y la oscuridad.

Para los ojos de cualquier otra persona, hubiera parecido que el niño estaba de pie y a solas en un corredor de metal pobremente alumbrado, exhibiendo esa extraña sonrisa.

Porque Bellatrix Black y la serpiente enrollada alrededor de sus hombros estaban ocultas por la Capa de la Invisibilidad, una de las tres Reliquias de la Muerte y con la reputación de esconder a su usuario de la mirada de la propia Muerte. El acertijo cuya respuesta había estado perdida, y que Harry había encontrado de nuevo.

Y Harry sabía, ahora, que la ocultación de la Capa era más que la mera transparencia del Desilusionador, que la Capa te mantenía escondido y no solamente invisible, imposible de ver como los Thestrals para los que no conocían la muerte. Y Harry también supo que era sangre de Thestral lo que pintaba el símbolo de las Reliquias de la Muerte en el interior de la Capa, atando en la capa esa porción del poder de la Muerte, permitiendo a la Capa confrontar a los Dementores en su propio nivel y bloquearlos. Se había sentido como adivinar, y al mismo tiempo una deducción certera, el conocimiento llegando a él en el instante de resolver el acertijo.

Bellatrix seguía transparente dentro de la Capa, sin embargo ya no estaba escondida para Harry, sabía que ella estaba allí, igual de obvio para él que un Thestral. Porque Harry nada más había prestado su Capa, no regalado; y había logrado comprehender y dominar la Reliquia de la Muerte que había pasado de generación en generación en la linea Potter.

Harry miró directamente a la mujer invisible, y preguntó, "¿Pueden alcanzarte los Dementores, Bella?"

"No," respondió la mujer con una suave, curiosa voz. Luego, "Pero mi Señor... ..."

"Si pronuncias alguna tontería, me molestará," Harry la interrumpió con frialdad. "¿O estás bajo la impresión de que me sacrificaría por ti?"

"No, mi Señor," la sirviente del Señor Oscuro replicó, oyéndose confundida, y quizá maravillada.

"Sigue," habló el helado susurro de Harry.

Y continuaron su viaje hacia abajo, mientras el Señor Oscuro cogió su monedero, y tomó una galleta, y se la comió. Si Bellatrix hubiera inquirido, Harry habría declarado que era por el chocolate, mas ella no lo interrogó.

***

El anciano mago dio zancadas largas hasta quedar en medio de los Aurores, el fénix plateado y el rojo-dorado siguiéndolo de cerca.

"Tú -" Amelia empezó a bramar.

"Han desactivado su Patronus," anunció Dumbledore. El anciano mago no alzó su voz pero sus palabras calmadas de alguna forma superaron las de ella. "Ya no puedo encontrarlos."

Amelia apretó los dientes, y puso un buen numero de mordaces afirmaciones en espera, y se dirigió al oficial de comunicaciones. "Digan al cuarto del deber que le pregunten a los Dementores otra vez si pueden sentir a Bellatrix Black."

El especialista de comunicaciones habló con su espejo por un momento, y unos pocos segundos después, levantó la vista, sorprendido. "No -"

Amelia ya estaba espetando groserías violentas en su mente.

"- sin embargo pueden ver a alguien más en los niveles inferiores que no es un prisionero."

"¡Perfecto!" exclamó Amelia. "¡Diga a los Dementores que una docena de su clase están autorizados para entrar a Azkaban y atrapar a quienquiera que sea y a cualquiera en su compañía! ¡Y si ven a Bellatrix Black, deben darle el Beso de inmediato!"

Amelia se giró y fijó sus ojos directo sobre Dumbledore, retándolo a que discutiera; mas el anciano mago sólo le devolvió una mirada un poco triste, y se quedó en paz.

***

El Auror McCusker terminó de hablar con el cadáver que flotaba a la deriva afuera de la ventana, pasando las ordenes de la Directora.

El cadáver le otorgó una sonrisa letal que casi le desencajó sus miembros, y luego descendió flotando.

Poco después, una docena de Dementores se levantó de donde habían estado divagando en el centro del foso de Azkaban, y se dirigieron al exterior, hacia las paredes de la vasta estructura de metal que se erguía sobre ellos.


Entrando a través de hoyos ubicados en la base de Azkaban, las más oscuras de las criaturas iniciaron su marcha del horror.

Capítulo 55             Capítulo 57


Publicar un comentario