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miércoles, 3 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 14

Capítulo 13              Índice           Capítulo 15

Memorias de un mago enamorado


ojos carmesi
Foto original por Sharon McCutcheon


Capítulo 14: Error al copiar y pegar


El Domingo, último día que Persea tenía para estudiar junto con sus amigos, ella decidió arreglar su cabello rubio con dos moños rojos. Se puso una falda negra que le caía por debajo de las rodillas y una blusa blanca sin escote. Su madre solía decir que si querías que alguien se interesara en ti, podrías mostrar piernas o pecho, pero nunca las dos cosas al mismo tiempo, o te iban a considerar una furcia. Era uno de los pocos consejos que su madre había pronunciado, no para enseñárselo a ella, sólo como un comentario gracioso. Sin embargo, Persea lo atesoraba como si fuera oro.

¿Para quién te arreglas así?

Era su propia voz resonando dentro de su cabeza. Persea pegó un respingo, miró para todos lados y se aseguró que estaba sola en su cuarto.

A Melodie no le gustan las mujeres, ¿para qué pones tanto esmero si ella solamente te ve como una amiga?

Persea tuvo miedo. Fue hacia el espejo y no vio nada extraño en sus ojos verdes ni en su rostro, ni tampoco una sombra detrás de ella.

¿Acaso te estás volviendo loca? ¿O soy un efecto residual de que te hubiesen lavado el cerebro? Lo peor es no tener la certeza, ¿no crees?

Ella no estaba dispuesta a soportar esa voz todo el día. Fue a la ducha y metió únicamente la cabeza: dejó que el agua fría fuera eliminando esa voz insidiosa al tiempo que empapaba sus moños rojos y su blusa blanca. Tuvo que ponerse una blusa azul de tiras a toda prisa, y dejarse el cabello suelo aunque lo detestaba: le recordaba más el tiempo en que se había comportado como una perra.

Cuando llegó a casa de Melodie no se sentía muy animada. Allí estaba Camilo, a punto de llamar a la puerta cuando la vio.

—Oh, buenos días Persea. ¿Con ganas de estudiar? —La saludó él, con una sonrisa cordial.

—No realmente. —Contestó ella, pasando una mano por el cabello rubio, aún húmedo.

—Yo me siento igual. Supongo que es inevitable preocuparse un poco. Da miedo pensar que nos ataquen de un momento a otro. —Dijo Camilo, sonando acongojado.

Persea vaciló por un momento, y luego eligió confesarse con Camilo. Después de todo, ambos habían pasado por la misma horrible experiencia, ¿quién mejor que él para comprender su malestar?

—De hecho, me siento más perturbada por mis demonios internos. No quiero volver a ser la Persea que era tan cruel con Melodie. Tengo miedo de volver a ser así. A veces, creo, que la puedo escuchar todavía, invitándome a ser una mala persona, a no ser feliz con la persona que soy. Por supuesto, me aterran los enemigos de Melodie y Zeferino. Pero tengo más miedo de destruirme a mí misma.

—Destruirte a ti misma. —Hizo eco Camilo, y luego se quedó con los ojos y la boca abiertos.

Persea se lo quedó viendo, y hasta empezó a temer que le hubiese dado un ataque al corazón o algo por el estilo, porque pasó demasiado tiempo paralizado.

—¿Camilo?

Él se acercó hacia ella y la abrazó. La apretó, la estrujó hasta que Persea sintió que le costaba respirar.

—Persea, muchas, muchas gracias por haber compartido eso conmigo. Me haz ayudado a encontrar la solución perfecta para un problema que yo pensé que era insoluble. Estoy en deuda contigo, no sabes cuánto me has ayudado.

—¿Con gusto?

Él la soltó y se la quedó mirando con expresión complacida.

—Tú tampoco te preocupes tanto, todo tiene solución. Es más, como agradecimiento, te voy a decir la verdad con respecto a por qué te sientes como te sientes. Aunque puede ser algo que no te va a gustar oír. ¿Quieres saberlo, a pesar de todo? —Preguntó Camilo, con una sonrisa medio ladina.

Persea asintió.

—El control mental no puede obligarte a hacer algo que realmente no quieres hacer. Solamente puede empujarte a hacer algo que no te atreves a hacer. O si la persona que te quiere manipular es lo suficientemente hábil, puede usar tus propios deseos para torcer tus acciones. Como en tu caso, tu amor por Melodie fue usado en contra tuya. Porque en el fondo sabías que ella nunca se iba a enamorar de ti, potenciaron tu rabia y frustración contra ella, contra la persona que tenía lo que tú querías y que no te lo quería entregar. ¿No es eso fascinante y tranquilizador para ti? Creo que con eso estamos a mano, amiga Persea.

Tras explicar esto, Camilo fue y llamó a la puerta.

Persea se quedó de una pieza. Quiso negar las palabras de Camilo, salir corriendo, ocultarse. No tuvo tiempo de hacer nada porque la madre de Melodie abrió la puerta y los invitó a pasar. Una parte minúscula de ella, en su subconsciente, sospechó de la detallada argumentación de Camilo. No le prestó atención a esa duda razonable, porque su consciencia estaba bastante ocupada procesando el que Camilo supiera sobre sus sentimientos hacia Melodie.

Se siguió sintiendo perturbada en la sala, aguardando a que Melodie los pudiera recibir. Camilo estuvo muy locuaz con los padres de Melodie. Los tres congratularon a Persea por verse más bella con el cabello suelto, y eso no la hizo sentir mejor.

...

Camilo entró al cuarto de Melodie con paso confiado, Persea lo siguió con aire alicaído.

Ambos se quedaron sorprendidos cuando vieron a Zeferino, arropado por las sabanas, acostado en la cama de Melodie. Pudieron ver sus brazos y hombros y parte de su pecho, casi tan inaudito como su cabello rubio y sus ojos carmesí expuestos con tanta soltura.

—¡Bienvenidos, PerCam! ¿O prefieren CamPer? ¡Ja, así suena como un automóvil! ¡O campero!

—Bueno, los dejo a solas para que se concentren. ¡Nada de juegos Melodie! Cuando venga Zeferino yo lo hago pasar. —Dijo la madre de Melodie, cerrando la puerta detrás de sí.

—Tengo un problema. —Inició Melodie, y señaló hacia la cama con Zeferino adentro.

—Mel, es cruel que me llames problema delante mio. Y señalar es de mala educación, por si no lo sabías. —Comentó el aludido.

—¿Decidieron completar la Unión? —Añadió Camilo, con expresión de pavor.

—¡Claro que no! Rayos, no sé como explicar esto. —Melodie se cogió su cabello rojo con ambas manos.

—Creo que la situación se explica a sí misma. ¿Nos vamos? —Interrogó Persea, roja por la vergüenza y la ira.

—¡Él no es Zeferino! ¡Es un clon mágico, o algo así!

—¿Un qué? —Espetó Persea.

Camilo se acercó al Espíritu del Viento arropado por la sabana y lo inspeccionó con atención académica.

—Es un Espíritu fabricado por Zeferino, ¿verdad? Es una magia bastante avanzada. La mayoría de hechiceros no se toman el trabajo de conceder tanto detalle a sus Espíritus, eso requiere una gran cantidad de maná.

—Oye Cam, no te me acerques tanto que estoy desnudo. —Comentó el Espíritu del Viento, y se rió.

—Cuando Zefer lo hizo no era más que una figura difusa, casi ni se veía. Se suponía que me iba a acompañar un rato. ¡Cuando desperté esta mañana, se veía así! —Explicó Melodie alarmada.

Camilo negó con la cabeza.

—Eso no tiene sentido. Un usuario de magia promedio sólo puede mantener un Espíritu durante un minuto, lo que suele ser suficiente en combate. Según describes su apariencia original, y considerando el poder mágico de Zeferino, lo más probable es que lo hiciera para que tuviera una duración de media hora. Que ahora se vea así, no tiene sentido. El Espíritu tuvo que ser imbuido con una cantidad de maná gigantesca, para hacerlo tan similar a Zeferino, y para extender su duración por tanto tiempo. ¿Una jugarreta del Mago Hartwell, quizá? ¿Pero, con qué propósito? —Durante su argumentación, Camilo siguió observando al Espíritu del Viento fijamente.

—Esto se está poniendo muy incómodo. Mel, ¿puedes conseguir algo de ropa para mí? Cam me está perturbando.

—Oh rayos. El beso. —Dijo Melodie, llevándose las manos a la cara.

Persea y Camilo la vieron con expresión confundida. El Espíritu se envolvió con la sabana como si fuera una toga romana y se puso de pie en la cama.

—Lo pondré en palabras simples para que les quede claro a los dos. Mel me besó en la madrugada y me convirtió en lo que soy ahora. Antes no era más que un autómata. Ahora soy mucho más. Y todo lo que necesito para seguir con vida, es un beso de mi bella Mel cada veinticuatro horas.

Melodie se puso roja de la vergüenza, al igual que Persea. Camilo en cambio tornó su expresión muy seria.

—Melodie, no puedes volverlo a besar. Puede ser peligroso.

—No seas aguafiestas Cam, yo soy buena persona. Por cierto, creo que necesito un nombre. Eso de Espíritu no me gusta. No soy Zeferino, aunque casi. ¿Qué tal Zeferdos? ¿Demasiado obvio? Zeferuno  también podría ser gracioso. Ceferino podría ser ingenioso, sin embargo su pronunciación es prácticamente la misma, podría ser confuso.

—¿Entonces Zeferino no lo sabe? Si yo fuera él, creo que me daría mucho enojo descubrir que hiciste una copia de mí. —Opinó Persea, temerosa de toda la situación.

—Yo, no estoy segura de que vaya a venir hoy. Ayer, anoche, en la madrugada, tuvimos una discusión y pues, a lo mejor él no me quiere ver.

—Llámalo, dile que venga para acá de inmediato. —Pidió Camilo con resolución.

—Yo, pues, a lo mejor tampoco quiero verlo ahora mismo. —Replicó Melodie, con tristeza.

—¡Este no es el momento para ser una niña tonta! ¡Zeferino es el único con el poder suficiente para vencer esta cosa que hiciste! —Estalló Camilo con furia.

En un parpadeo, el Espíritu del Viento se arrojó sobre Camilo como un torbellino y lo alzó por el cuello de su camiseta, haciendo que los pies le quedaran colgando.

—Cam, aunque me caes bien, nadie le puede hablar así a Mel, ¿lo captas? —Los ojos carmesí del Espíritu brillaron con intensidad.

—¡Bájalo! —Bramó Melodie.

El Espíritu lo soltó de repente y Camilo cayó al suelo sobre su trasero.

—¿Estás bien? —Inquirió Persea, ayudando a Camilo a ponerse de pie.

—Sí. Melodie, lamento haberte gritado así, creo que me asusté. Aunque ese monstruo acaba de demostrar que mi miedo no es injustificado.

—Él no va a volver a hacer algo así. ¿Cierto, Espíritu? —Apeló Melodie con expresión decidida.

—Creo que ya lo tengo. Celestino, ese será mi nombre. —Anunció él, ignorando la petición de ella.

Con un gesto de su mano, una ráfaga de viento se fue hacia Camilo y zarandeó sus ropas. Antes de que los otros pudieran protestar, vieron que el celular de Camilo salió volando hacia el recién auto-proclamado Celestino. Él procedió a marcar un número en el celular y se puso el aparato en el oído.

—¿Zeferino? ¡Hola! No, no soy Cam, él me prestó su celular. No me conoces, aunque de hecho sí. ¡Soy tú! Me llamé a mí mismo Celestino. ¿Ingenioso, no crees? ¿Quieres hablar con Melodie? ¡Ya te la paso!

Celestino le ofreció el celular a Melodie, quien lo miró como si fuera una serpiente venenosa.

—¿Hola? —Pronunció Melodie, tragando saliva.

—¿Es bueno o malo? —Preguntó la voz de Zeferino en el celular.

—¿Qué?

—Mi Espíritu. Aunque creo que ahora es más que eso. Se puso Celestino, ¿no es así? En tu opinión, ¿es bueno o malo?

Melodie se giró a mirar a Celestino, quien le sonrió.

—No creo que sea malo, aunque quizá es demasiado pronto para decirlo.

—Está bien. Pasa el resto del día con él, probablemente tendrás que renovar el contrato al anochecer o va a desaparecer. Conociéndote, te sientes mal por haberle dado vida, pero crees que es tu responsabilidad y no debes huir de eso. —Argumentó Zeferino.

—Todavía no he organizado mis pensamientos sobre este embrollo. Creo que tienes razón, así es como me siento. No me cae bien la idea de destruirlo así no más.

—Muy bien. Entonces lo deberías conservar, por un tiempo. Como está compuesto en su totalidad de maná, es invisible para las personas ordinarias. Procura recordar que no es una persona de verdad, y que definitivamente no soy yo, aún si se parece a mí. Es mejor que él te acompañe. Será un buen guardián para ti. Así podré concentrarme en luchar para que puedas tener una vida normal. —Concluyó Zeferino.

Melodie sintió un temblor en las rodillas.

—Entonces, ¿cuándo nos vamos a volver a ver? —Interrogó ella.

La única respuesta fue el tono del celular indicando que la llamada había terminado.

Melodie se sentó sobre su cama.

—¿Qué dijo Zeferino? —Cuestionó Camilo preocupado.

—Él no va a venir. —Contestó Melodie. Al menos esta vez no se puso a llorar como una tonta, y en eso se quiso concentrar.

...

Capítulo 13              Índice           Capítulo 15

Nota de autor (3 de Junio de 2.020)


En tres días es mi cumpleaños y lo odio. Casi que me entran ganas de desear que se detenga el tiempo, pero considerando todo lo ocurrido en el 2.020, mejor no tentar la suerte.

Esta entrada fue posible gracias a Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp y Kbrem.

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lunes, 1 de junio de 2020

Memorias de un mago enamorado 13

Capítulo 12              Índice           Capítulo 14

Memorias de un mago enamorado


espiritu del viento
Foto original por Vinicius Wiesehofer

Capítulo 13: Espíritu del Viento


El joven de catorce años conocido como Zeferino desvió sus ojos castaños y los fijó sobre el suelo de su apartamento.

La joven de trece años conocida como Melodie depositó su taza de café sobre una mesa cercana. Luego se acercó a él y tomó su rostro con ambas manos, forzando a Zeferino a verla directamente. No fue un movimiento brusco sino tierno. En los ojos avellana se podía leer una súplica que no se podía rechazar.

—Por favor, Zefer, se honesto conmigo. ¿Me amas?

—Sí. —Respondió él.

Melodie pudo sentir su propio rostro acalorado. Se acercó más a Zeferino, cerró los ojos y entreabrió los labios.

Fue un beso dulce y largo, totalmente diferente al que se habían dado cuando ella creyó que él iba a morir.

En esta ocasión, no fue ella quien lloró mientras se besaban, sino él. Sentir las lágrimas de Zeferino sobre sus mejillas hizo que Melodie abriera los ojos.

—¿Por qué estás llorando?

Zeferino se puso de pie y le dio la espalda. Se limpió el rostro con un brazo y no la volteó a mirar.

—Esto está mal Mel, esto no es lo que tú querías.

Melodie se puso de pie y extendió una mano hacia Zeferino. Cuando la sintió aproximarse, él dio un paso para alejarse de ella, y siguió sin verla. Ella pudo sentir el crujido en su corazón.

—¿Por qué? ¿Por qué te comportas así? —La aguda voz de Melodie se hizo más intensa porque estaba conteniendo las ganas de llorar.

—Yo no soy la persona correcta para ti. Yo nunca podré tener una vida normal. A donde quiera que vaya, aún si intento ocultar mi identidad, seguiré siendo el hijo de un Dios Dragón. Siempre voy a estar involucrado en esta guerra, siempre voy a tener enemigos detrás de mí.

Ella no pudo más y empezó a llorar.

—¿Y acaso es diferente para mí? ¡Me equivoqué al creer que borrar mis recuerdos era la solución a mis problemas! ¡Yo me olvidé de mis problemas, pero mis problemas no se olvidaron de mí! ¿Crees que ser hijo de un Dios es lo peor? ¡Yo soy una bomba ambulante! ¡Yo soy lo más peligroso que has conocido en tu vida y no lo puedes negar! ¡Soy la peor de los monstruos! ¿Es por eso que te quieres mantener alejado de mí?

Zeferino se giró y la abrazó tan repentinamente que la cogió por sorpresa.

—No eres un monstruo, Mel. Tú no pediste ese poder.

Melodie lo abrazó a su vez con toda su fuerza. Hundió su rostro en el pecho de él. Zeferino acarició su cabello rojo con una mano.

—¿Entonces por qué no quieres estar conmigo?

—Por supuesto que lo deseo. Pero no puedo, por tu propio bien. Voy a encargarme de ponerte a salvo, y cuando ese día llegue, me voy a retirar de tu vida. Así podrás estar con alguien que sea más digno de ti, alguien como Cam, por ejemplo.

Melodie se apartó de él con un empellón.

—¿Por qué tienes que mencionar a Camilo? ¡Él no es el que me interesa, eres tú! —Declaró ella, empujándolo con los puños.

—Él era tu novio, y te hacía feliz, ¿no es así? De no ser por Jiro, ustedes dos estarían juntos todavía. ¿Por qué no volver con Cam?

—¡Tonto! ¿Y si esa relación también fue falsa?

—¿A qué te refieres? —La cuestionó Zeferino.

—¿Si el tal Jiro solamente nos manipuló a ambos? Lo pensé cuando Persea afirmó que su relación con Camilo había sido falsa desde el principio, ¿por qué no hacer lo mismo conmigo? Sobretodo si desde el principio había pensado en hacer que me rompieran el corazón. Si lo que él quería era que yo cometiera suicidio, eso es lo que tiene más sentido.

Aunque era la primera vez que Melodie expresaba lo que había pensado con respecto a su relación con Camilo, estuvo aún más segura tras pronunciarlo en voz alta.

Zeferino se volvió a sentar en el sofá. Se acomodo las gafas y tocó su lampiña quijada con la mano derecha.

—Eso suena bastante plausible. Confieso que no se me había ocurrido.

Él levantó la vista y se encontró con los ojos avellana de Melodie, llenos de ansiedad.

—Mel, aún si tienes razón con respecto a tus sentimientos hacia Cam, eso no cambia el hecho de que yo no soy el indicado para ti. Alguien más aparecerá en tu vida, alguien que pueda compartir una vida normal contigo.

Melodie sintió que su corazón era como un vidrio que acababa de romperse en mil pedazos.

—¿Aún sigues con eso? Incluso después de todo lo que te he dicho, ¿aún sigues pensando lo mismo? ¿Qué tengo que hacer para que comprendas cómo me siento?

Ella cayó sobre el suelo, de rodillas. En actitud suplicante, extendió sus brazos hacia él.

—La yo que tienes ante ti, solamente te conoce desde hace una semana. Sé que mis sentimientos son reales. Yo, te amo, Zefer. Y creo que te he seguido amando aún sin poderte recordar. Si lo pienso bien, creo que lo que me atrajo de Camilo era que se parecía a ti. Su bondad, no sé, no estoy segura, pero creo que lo quería porque me recordaba a ti. Quizá eso fue algo que Jiro aprovechó. Así que, Zefer, por favor, no nos separes de nuevo. No quiero que estés de acuerdo con la Melodie del pasado, sino con la que está delante de ti, ahora mismo.

Zeferino no se levantó del sofá. Melodie sintió que los vidrios rotos fueron machacados hasta convertirse en polvo.

Él hizo un gesto con una mano y una esfera de viento cobró forma al lado de ella, hasta convertirse en una silueta humana compuesta exclusivamente de viento, una figura que se podía ver aunque no precisar.

—Creo que es mejor que regreses a tu casa. Este Espíritu del Viento te puede llevar.

Melodie no tenía ánimos para nada. No era capaz de hablar ni de protestar. Sólo se quedó ahí de rodillas, desbordada por las lágrimas, hasta que el Espíritu del Viento la recogió entre sus brazos transparentes y se la llevó volando por la ventana del apartamento.

Zeferino se quedó acostado contra el sofá hasta que salió el sol. No volvió a dormir, acosado por la incertidumbre de si estaba haciendo lo correcto o cometiendo otro estúpido error.

...

Melodie contempló la ciudad nocturna una vez más, con ojos borrosos. Al ser cargada por el Espíritu del Viento, sintió casi la misma sensación que cuando había sido llevada por Zeferino, lo que solamente le produjo más congoja.

—Hemos llegado a tu hogar. ¿Puedes abrir la ventana, por favor? —Dijo la voz de Zeferino, emanando del Espíritu del Viento.

Ella se sobresaltó y apunto estuvo de caer, por fortuna el Espíritu del Viento la tenía cogida con firmeza.

—¿Zefer? ¿Cómo es posible?

—Aunque no soy el que reconoces como "Zefer", él fue mi creador, así que es natural que yo tenga su voz.

—Ah, ya veo. Disculpa, no lo sabía.

—No tienes por qué disculparte. No me voy a ofender, no soy una persona real. —Informó el Espíritu del Viento.

Melodie abrió la ventana y el Espíritu del Viento entró volando en su habitación. Luego la depositó con maña sobre su cama y hasta la arropó con su sabana.

—Estás sana y salva. Mi propósito está cumplido. Se me ordenó vigilarte de lejos hasta desaparecer, así que eso voy a hacer desde el edificio de enfrente.

—¡Espera, no te vayas! —Exclamó Melodie angustiada.

—¿Deseas darme una nueva orden? Los sentimientos de mi creador hacia ti permiten ese parámetro.

—¿Podrías quedarte conmigo? Quiero que te acuestes aquí a mi lado, y que me hables, quiero escuchar tu voz.

—Comprendido. ¿De qué quieres hablar?

Melodie pudo sentir el cuerpo casi invisible acostándose a su lado, boca arriba, con los brazos y piernas extendidos. por encima de la sabana.

—Métete dentro de mi sabana, por favor. Y abrázame.

El Espíritu del Viento hizo exactamente lo que ella ordenó.

—¿Qué es lo que eres? —Inquirió Melodie, ocultando su cara en el pecho invisible.

—Hay varios nombres para las construcciones mágicas y pensantes como yo. Homer Gélem, Materia Prima, Golem, Espíritu sin Alma, Incompleto...

—Ya entendí, no tienes que decir más nombres. —Lo cortó ella.

—Estoy confundido. —Anunció el Espíritu del Viento.

—¿Por qué?

—Tu comando anterior me pidió hablar, sin embargo acabas de decir que no te diga más nombres. ¿Debo inferir que ya no quieres hablar, o que deseas cambiar de tópico?

—Guarda silencio por un momento, por favor.

Melodie lo siguió abrazando. Era como tener un clon de Zeferino a su entera disposición. Se le empezaron a ocurrir ciertos pensamientos que tuvo que desterrar con gran empeño.

—Dijiste que ibas a desaparecer. ¿Cuándo va a ocurrir eso?

—Veintitrés minutos. ¿Deseas que te informe cuánto tiempo de existencia me queda periódicamente? Para mayor satisfacción, por favor dime cada cuánto quieres ser informada.

—No, no quiero tal cosa. Dos horas es muy poco tiempo. ¿Hay alguna manera de hacer que te quedes por más tiempo?

—Desde luego. Si soy imbuido con maná, mi periodo de existencia puede ser extendido.

—¿Maná? Esa palabra aparece en la biblia, y en un montón de juegos de vídeo. Eso es como la energía mágica, ¿verdad?

—Afirmativo.

—No sé cómo hacerlo, lo de imbuir con maná. ¿Sabes cómo hacerlo? ¿Me puedes enseñar?

—El método más sencillo disponible para un mago o bruja inexperto es un beso de boca a boca. —Respondió el Espíritu del Viento, con la voz de Zeferino, pero sin sonar apenado como habría estado él.

Melodie sintió el calor en sus mejillas. Esa era una de las cosas prohibidas que había pensado, y ahora tenía una excusa perfecta para llevarla a cabo.

—Si te beso, ¿cuánto tiempo más puedes quedarte a mi lado?

—No puedo dar un estimado preciso hasta no haber sido imbuido con tu magia directamente. Pero el modelo mental que poseo, heredado de mi creador, estima tu poder mágico como el tercero más grande del mundo, superado únicamente por el Mago Hartwell y su Asistente. Por lo que yo supondría un mínimo de doce horas.

—Eso podría ser suficiente, tal vez.

Melodie levantó su rostro y no pudo encontrar con precisión el del Espíritu del Viento. Con sus manos, fue auscultando la cara difuminada hasta que encontró los labios. Entonces lo besó, primero con suavidad, y luego con pasión, atreviéndose a más de lo que se había atrevido con el propio Zeferino.

El Espíritu del Viento no tuvo reacción alguna.

—¿Funcionó?

—Efectivamente, Mel. No deberíamos hablar, ya es muy tarde y deberías dormir. —Contestó el Espíritu del Viento.

Algo le llamó la atención de las palabras del Espíritu del Viento, pero Melodie no pudo precisar qué era. De repente había recaído sobre ella una fatiga que la adormeció rápidamente. Se sintió abrazada, protegida, y se fue olvidando de sus problemas al quedarse dormida.

...

—¡Melodie! ¡Despierta de una vez! —La llamó su madre.

Ella se sintió sacudida y abrió los ojos, lentamente. Sentía los párpados pesados.

—¡Vamos niña! ¡Tus amigos ya vinieron a estudiar! Bueno, Camilo y Persea. El bueno de Zefer todavía no llega, y menos mal, porque no quiero que te vea así, toda desarreglada y sin bañar.

Melodie se incorporó de la cama y quedó sentada. Pegó un bostezo, se estiró, y echó un vistazo alrededor. Su madre estaba parada bajo el umbral de su puerta entreabierta, viéndola con expresión reprobadora. Acostado a su lado, vio a Zeferino, desnudo, con el cabello rubio y los ojos carmesí. Él le estaba dirigiendo una enorme sonrisa.

Melodie puso casa de acontecimiento y luego giró para ver a su madre, esperando una reacción tremenda.

—¿Pero qué estás esperando Melodie? ¡Anda, ve a arreglarte! —La apremió su madre.

Melodie asintió y se metió al baño. Cuando sintió que su madre había cerrado la puerta, salió del baño corriendo y puso el pestillo interno de la puerta de su cuarto. Luego se giró para encarar a Zeferino.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¡Aún si mi mamá no te puede ver, no es correcto que te metas a mi cama así, sin ropas! —Ella se esforzó por no alzar la voz, lo que mezclado con su tono agudo produjo un efecto más chirriante de lo usual.

—Oye, tú fuiste la que me ordenó quedarme a tu lado, ¿por qué te enfadas conmigo?

—¿Que yo qué? —Dijo Melodie, con una aprehensiva comprensión empezando a organizar sus ideas.

—Personalmente, creo que estamos demasiado jóvenes para hacer este tipo de cosas. Sin embargo, para mí, tus deseos son órdenes, ¡literalmente! —Después de eso, el Espíritu del Viento, que había adquirido la verdadera apariencia de Zeferino, soltó una carcajada demasiado fuerte.

...

Capítulo 12              Índice           Capítulo 14

Nota de autor (1 de Junio de 2.020)


Realmente prefiero concentrarme en escribir que pensar en todo lo que sucede en el mundo ahora mismo. Mi escritura se ha convertido en una válvula de escape para no pensar en todo lo que está mal y que no puede ser corregido. A veces me pregunto si eso está mal. Pero me digo a mí mismo que no soy más que un individuo, y que un mundo perfecto no se va a construir por obra y gracia de mi deseo. Además, todo lo que sé es escribir.

Esta entrada fue posible gracias a Rocio Tou, Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

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sábado, 30 de mayo de 2020

Memorias de un mago enamorado 12

Capítulo 11              Índice           Capítulo 13

Memorias de un mago enamorado


luces de la ciudad
Foto original por Ali Khalafi

Capítulo 12: Conversando desde el miedo


La Sala de Recepción del Dios Dragón del Fuego había sufrido una remodelación desde la última vez que Jiro había estado allí. Ya no estaba el trono de oro amoblado con una tela roja ni la pantalla gigante led ni el equipo de sonido ni la nevera portátil ni otras comodidades con las que el Dios Dragón solía distraerse. Solamente quedaba la mesa de madera cuadrada para ocho personas, con sus butacas del mismo material.

Las quintillizas ya estaban sentadas. Masaki estaba ubicada en el puesto de honor que el Dios Dragón del Fuego solía conceder a quien se hubiese ganado su favor. Usaba un vestido rojo de volantes que le caía hasta los tobillos, y se había cortado el cabello al estilo pompadour. Nana y Suki estaban en un costado, engalanadas con blusas de tiras y faldas por encima de las rodillas. Frente a ellas, Riku y Mori usaban armadura ligera y remaches de cuero. La cabecera estaba vacía.

Todos los presentes, incluido Jiro, tenían el cabello rubio y los ojos de color carmesí.

—¿Dónde está nuestro amo? —Interrogó Jiro con aprehensión.

—El amo ya no te considera de confianza, hermano, por lo que ha cambiado su localización a un lugar desconocido para ti. —Respondió Nana con una sonrisa cruel sobre su rostro de ángel.

Yo soy la que voy a hacer las preguntas aquí. He sido designada por nuestro amo para hablar en su nombre. Espero que les quede claro a ambos, Nana y Jiro. —Declaró Masaki con tono autoritario.

Jiro tragó saliva. Nana chasqueó la lengua.

—Jiro, segundo hijo del Dios Dragón del Viento, estás acusado de haber traicionado a los Dioses. ¿Cómo te declaras? —Inquirió Masaki poniéndose de pie, haciendo que su copete temblara un poco hacia adelante.

Jiro respiró profundamente antes de contestar. No podía permitirse perder el control, tenía que pretender que no sentía miedo. Una palabra incorrecta, y sería ejecutado por ellas.

—Inocente. —Afirmó Jiro con voz templada.

—Que descaro, ¿cómo se atreve a decir eso tras haber asesinado a nuestro hermano menor? —Comentó Suki, y añadió una carcajada.

—Silencio hermana. Jiro, ¡explica por qué mataste a nuestro hermano Kuro, noveno hijo del Dios Dragón del Viento!

Jiro recordó que Kuro se burlaba de los títulos y fórmulas cada vez que podía. No pudo evitar sonreír.

—Técnicamente, no fui yo quien lo mató, sino la gravedad.

Nana y Suki se partieron de la risa. Mori y Riku no alteraron su expresión seria. Masaki se puso roja de la rabia y palmeó la mesa de madera en repetidas ocasiones.

—¡Silencio! ¡Silencio he dicho! ¡No te hagas el gracioso conmigo, Jiro! Nuestro amo tenía a Kuro en alta estima, era un siervo obediente y leal que nunca rechazó ninguna orden que se le dio, y cumplió con sus obligaciones a cabalidad. Él estaba bajo tus órdenes directas y tú lo mataste, ¿por qué? —Dijo Masaki, ahogada por la furia.

—Tuve que matarlo para proteger mi identidad. Ahora gozo de la confianza del Bastardo del Viento y la Melodía de la Muerte, y de otros cercanos a ellos. Pronto tendré la oportunidad de atacarlos cuando menos se lo esperen, y ambos desaparecerán para siempre. Kuro seguiría con vida si no hubiese organizado un ataque tan imprudente a mis espaldas —Explicó Jiro con serenidad.

Masaki escuchó atentamente. Luego se sentó, y cuando volvió a hablar pareció más calmada.

—Nuestro amo temía que te hubieses enamorado de Melodía de la Muerte.

—No sucedió tal cosa. Sin embargo, el Bastardo del Viento es poderoso e inteligente. No es fácil que baje la guardia. En cuanto a Melodía de la Muerte, Asesina de Dioses, toda discreción es necesaria. Una vez que ella empieza a cantar, la voluntad de luchar desaparece y la única opción es morir. —Argumentó Jiro, con una gota de sudor bajando por su frente.

—Siempre he sido partidaria de un ataque por la espalda. Si le haces explotar la cabeza o le cortas la garganta antes de que pueda reaccionar, ¡pum, problema resuelto! —Propuso Nana con efusión.

—El Bastardo del Viento no permitiría eso. Además, nuestro propio padre intentó eso y no funcionó. ¿Te crees más capaz que un Dios Dragón, hermana? Y eso fue hace cinco años. Ahora se ha hecho más fuerte, pude comprobarlo hace poco. —Cuestionó Jiro.

Nana retrocedió visiblemente dentro de su asiento, y otro tanto hizo Suki. Mori y Riku se adelantaron con expresión curiosa, y Masaki volvió a ponerse de pie con expresión preocupada.

—¿A qué te refieres con que se ha hecho más fuerte? ¡Responde, Jiro!

—Seguramente vieron cómo el Bastardo del Viento se hizo pasar por muerto para engañar a Kuro, ¿verdad? Pues yo estaba ahí, a unos pocos metros. Pude sentir como la magia de Melodía de la Muerte colaboró con la magia de viento para contenerse. Ella sigue teniendo un cierto control sobre su poder, aún si no lo recuerda de modo consciente. En la ola de destrucción que asesinó a nuestro padre, fue la primera ocasión que Melodía de la Muerte se permitió usar su máximo potencial. Eso fue hace cinco años. Hace dos días, el poder que sentí estando ahí, contenido por el esfuerzo de ambos, era el doble de fuerte que hace cinco años. —Afirmó Jiro, y no tuvo que fingir, porque en ese momento estaba diciendo la verdad.

—¡Imposible! —Exclamó Masaki y se quedó con la boca abierta.

—No miento. —Insistió Jiro.

—Eso significa que puede destruir todo ser vivo en un radio de dieciséis kilómetros en todas direcciones. —Habló Mori por primera vez. Su voz tenía reverencia académica más que temor.

—Como mínimo. —Añadió Jiro, satisfecho de su propia prudencia.

Las quintillizas se contemplaron entre sí, para luego reposar sus ojos sobre Masaki. Ella se acomodó el copete y luego contempló a Jiro directamente a sus ojos carmesí.

—Tienes tres días para asesinar a alguno de los dos. —Anunció Masaki con tono irrevocable.

Ahora fue Jiro quien se quedó con la boca colgando.

—¡Pero qué estás diciendo! ¿Cómo voy a lograr semejante hazaña? ¡Eso no tiene sentido! —Protestó Jiro desesperado, la compostura perdida por completo.

—Esta es la voluntad del Dios Dragón del Fuego. Melodía de la Muerte es un problema que se ha dejado vivir por demasiado tiempo. Debe ser eliminada ahora mismo, sobretodo si su poder sigue en aumento. Además, tienes que demostrar tu lealtad. Si tienes éxito, serás perdonado por la muerte de Kuro. Si fracasas, se le pondrá un precio a tu cabeza. Agradece que nuestro amo me ordenó conceder tres días para ti si podías proveer alguna información que fuera útil para su causa. —Sentenció Masaki y volvió a sentarse, indiferente a la cara suplicante de Jiro.

—Tic tac hermano, tic tac. —Se mofó Suki, moviendo el dedo índice de su mano derecha de un lado al otro, como un péndulo al revés.

Nana le sonrió con crueldad. Mori asintió su cabeza con firmeza y Riku lo siguió ignorando.

Jiro sabía que no iba a ganar nada más al quedarse ahí. Resignado, se dio la vuelta y se dirigió al ascensor. Su cerebro ya estaba pensando a toda marcha para encontrar un camino para salir con vida de todo ese embrollo.

...

Melodie dio vueltas en la cama durante dos horas hasta admitir que no podría dormir sin haber conversado en privado con Zeferino. Cogió su celular de su mesa de noche y le envió un mensaje de texto.


"¿Estás despierto, Zefer? Quiero hablar contigo ahora mismo, en persona. ¿Puedes venir a mi casa, sin que nadie se de cuenta de tu presencia?"


Pasaron cinco minutos sin que Zeferino respondiera. Melodie había recibido la notificación de que su mensaje había sido leído. Estaba pensando qué hacer cuando percibió la canción del viento cerca de ella. Se levantó de la cama a toda prisa y se alisó la pijama.

Se aproximó a su ventana y allí vio la figura de Zeferino, esperando afuera. Melodie vivía en el tercer piso de un edificio que a su vez estaba rodeado de otros edificios, por lo que su ventana daba hacia un callejón estrecho. Melodie abrió la ventana con tanto sigilo como le fue posible.

—¿Qué sucede? —Inquirió Zeferino con cautela.

—¿Puedes llevarme a tu casa? Sé que mis padres no nos pueden oír, pero mi hermano sí, y no lo quiero despertar.

Zeferino asintió e introdujo la mitad superior de su cuerpo dentro de la habitación de Melodie, para cargarla entre sus brazos. Él no tenía puesto más que unos calzoncillos tipo boxer de color negro.

—¿Dónde rayos está tu pijama? —Preguntó Melodie, estremecida doblemente por el frío de la noche y el roce de sus brazos con la piel de Zeferino.

—Esta es mi pijama. Vine a toda prisa. Apenas y me acordé de ponerme las gafas. Yo sí estaba durmiendo, ¿sabes? —Contestó Zeferino con una sonrisa.

La ventana se cerró con un suave chasquido detrás de ellos. Melodie volvió a pensar que la manipulación del viento era muy conveniente. Ambos se alzaron por encima de los edificios y estuvieron así, como suspendidos en el tiempo. Debajo de ellos la ciudad dormida a medias, con algunas luces todavía fulgurando, arriba en el cielo algunas pocas estrellas se habían asomado, la luna estaba oculta detrás de las oscuras nubes de lluvias que sólo se quedaban en amenazas.

Ella recostó su mejilla contra el pecho de Zeferino. Su corazón latía igual al de otros seres humanos, quizá un poco más rápido de lo normal. Melodie se sorprendió a sí misma evaluando la complexión de él. Aunque no era un bárbaro musculoso, tenía su figura bien delineada, era un cuerpo atlético, como el de un nadador.

—Hemos llegado. —Anunció Zeferino, carraspeando con la garganta.

Habían llegado al quinto piso de un edificio relativamente cercano al apartamento en que ella vivía.

—No es por quejarme, pero esta no es la mansión que había esperado.

—Esa queda a una hora de distancia. Este es un apartamento que compré porque queda más cerca de ti. Suelo dormir aquí más que en la mansión.

Mientras daba su explicación, Zeferino hizo un gesto con la mano que sostenía la espalda de Melodie, y eso provocó que la ventana de su apartamento se abriera sola, y que a ella le diera otro escalofrío. Entraron y la ventana se cerró tras ellos. Aterrizaron sobre el piso alfombrado y él descargó a Melodie con suavidad, primero ayudándola a bajar con la mano que había sostenido sus piernas.

Para ella había sido un momento íntimo, era la primera vez que la había llevado volando así, sin que sus vidas corrieran peligro. Para Melodie había sido un momento verdaderamente mágico, y se preguntó si había sido igual para él.

—¿Compraste este lugar sólo para vivir cerca de mí?

Zeferino asintió.

—Por favor, siéntate en el sofá. ¿Quieres algo de comer o de beber? Puedo preparar café caliente si lo deseas.

—Eso estaría muy bien. —Respondió ella acomodándose en el mullido sofá blanco.

Unos cuantos minutos después, Zeferino regresó de la cocina con una taza de café humeante. Se había puesto una camisa blanca.

—¿Sólo preparaste para mí? ¿Y tú no vas a tomar?

—No, el café me desvela demasiado. Y no me cae muy bien para el estómago. No soy como tú, no sé cómo le haces para tomar tanto café. —Dijo Zeferino sentándose a su lado.

Melodie sorbió un poco de la taza. Era un café con poca azúcar y bastante negro.

—Hasta sabes cómo me gusta el café. Aún me sigo sorprendiendo por lo mucho que me conoces, hasta en los pequeños detalles. —Melodie habló con un cierto deje de amargura.

—¿Es algo malo? —Inquirió Zeferino.

—No. Pero me hace cuestionarme, ¿por qué estuve dispuesta a olvidarte? ¿Qué pudo ser tan malo como para estar dispuesta a perder lo que había entre nosotros? —Melodie lo miró fijamente con sus ojos de color avellana.

Zeferino tragó saliva.

—Fue lo suficientemente malo, Mel. Tú habías pasado por bastantes cosas antes de conocerme, y tuviste que pasar por otras después. Fue una decisión difícil, y no fue una que hubieses tomado a la ligera.

—¿Estuviste de acuerdo cuando elegí borrar mis recuerdos?

Zeferino negó con la cabeza.

—No. Pero fue tu decisión, y la tuve que respetar. La debo seguir respetando.

Melodie tomó otro sorbo de café. Respiró profundamente y se atrevió a pronunciar la pregunta que no la había dejado dormir.

—Zefer, ¿me amas?

...

Capítulo 11              Índice           Capítulo 13

Nota de autor (30 de Mayo de 2.020)


Ya tengo una idea bastante clara de cómo será el final del primer libro de Memorias de un mago enamorado. Lo siento más como un final de temporada, a lo mejor mi estilo de escritura es demasiado cinematográfico. Esa fue una crítica que mi novia Melathana recibió una vez de parte de un profesor que quería que ella escribiera de un modo más bucólico y rural. Creo que ese profesor buscaba más destruirla como escritora que educarla.

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jueves, 28 de mayo de 2020

Memorias de un mago enamorado 11

Capítulo 10              Índice           Capítulo 12

Memorias de un mago enamorado


chica de cabello rojo bajo la nieve
Foto original por Rodolfo Sanches Carvalho

Capítulo 11: Aprobación paterna divina


Hace treinta y cinco años, la bruja conocida como Huracán Lena destruyó algunas ciudades en la zona central de nuestro país durante una semana. Mató a nueve personas y produjo daños por más de un billón de dólares con sus vientos que superaron los doscientos kilómetros por hora. Todo eso porque un hombre ordinario, sin magia, prefirió irse con otra chica que era como él. La mayoría de personas no conocen esta historia pero yo sí, porque ella es mi madre.

Ella tenía veintinueve años cuando fue rechazada por primera vez en su vida. Su autoestima fue destrozada, y se obsesionó con encontrar una manera de no envejecer, de recuperar la belleza de su juventud. Creía que había sido rechazada por las arrugas que empezaban a insinuarse en su rostro, y no porque era una perra.

Durante veinte años investigó por todos lados, en busca del Elixir de la Eterna Juventud, la Piedra Filosofal, el Santo Grial y otros artilugios similares. Todas sus búsquedas fueron en vano, porque todos esos objetos siempre llevaban al Mago Hartwell. Con cincuenta y nueve años, Lena optó por el menor de los males e hizo un trato con el Dios Dragón del Viento: a cambio de una juventud que nunca fuera a marchitarse, ella le daría a su primogénito, nacido de la Unión de ambos.

Al principio Lena se mostró acongojada y reticente, pero finalmente cedió. El Dios Dragón del Viento esperaba mantener atada a Lena, porque lo que en realidad deseaba era poseer el cuerpo de Lena, no carnal sino espiritualmente. Bien es sabido que los Dioses Dragones no comprenden la naturaleza humana ni lo que se oculta en sus corazones, por eso la mayoría prefiere hacer un trato con ellos para sacar ventaja. En cuanto el bebé salió de sus entrañas, Lena desapareció del radar del Dios Dragón, pues ella sabía lo que realmente quería y no le iba a entregar el dominio de su cuerpo.

Sin embargo el Dios Dragón del Viento no se sintió estafado, porque había obtenido un niño que tenía el mismo potencial que Huracán Lena. Durante sus miles de años en este mundo no había engendrado hijos antes. Hay quienes dicen que no quería ataduras emocionales, y otros que afirman que ya lo había intentado en otro mundo y había sido catastrófico. Como fuera, mi nacimiento lo hizo cambiar de parecer radicalmente. Se dedicó a buscar brujas con magias interesantes y tuvo hijos con ellas, a cambio concediendo cualquier deseo que ellas quisieran. Ninguna se resistió a semejante oferta, por lo que terminé con ocho hermanos.

Todos los hijos del Dios Dragón del Viento tenemos el cabello rubio y los ojos carmesí, y un aura angelical, como la describen muchos. Sin embargo, existen varios Fabricantes con la habilidad necesaria para construir objetos que puedan ocultar la verdadera apariencia de alguien, como mi Anillo de Ojos Castaños. Quizá sea más sencillo reconocerlos por sus dones y personalidades.

Después de mi nació Jiro, un año menor que yo, así que tiene trece años como ustedes. Con el poder de manipular a otros como si fueran títeres. Su magia es poderosa, pero lenta. Requiere un buen tiempo dar la serie de órdenes mentales suficientes como para que un individuo haga lo que Jiro desea exactamente. Mi hermano quiere que sus planes se ejecuten a la perfección. A menudo mi padre lo regañó por demorarse tanto. Creo que Jiro siempre envidió que yo fuera el favorito. Cuando el Dios Dragón del Viento estaba vivo, yo era su ejecutor predilecto. Desde los cuatro años me envió a diversas misiones para oponerme a su enemigo número uno, el Mago Hartwell. A Jiro solamente le fue asignada una misión y fracasó de manera bochornosa. Hoy realicé una pequeña investigación, y resulta que una compañera de ustedes desapareció misteriosamente de su casa ayer en la noche. La policía cree que se escapó con su novio o algo por el estilo, pero yo creo que pudo tratarse de Jiro, quien se fue con el rabo entre las piernas tras la muerte de Kuro.

Renzo es tres años menor que yo. Tiene un don bastante peculiar. Cada vez que haya dos personas junto a él, puede escoger que una muera, que otra se enamore y que otra sufra. Lo malo es que tiene que someterse a sí mismo a alguna de esas alternativas. Es una magia inusitada, bien usada podría ser muy peligrosa. Sin embargo Renzo procura usar su magia lo menos posible. Creo que era el único que se oponía abiertamente a nuestro padre cuando estaba vivo, y fue el primero en marcharse con rumbo desconocido. No creo que nos vaya a atacar, pero nunca se sabe. A Renzo le gusta mucho la buena comida y dormir.

Después vinieron las quintillizas. Padre sentía orgullo hacia ellas. Nana, con el don de hacer realidad los deseos más recónditos de las personas y convertirlos en monstruos de carne y hueso. No es el Mago Hartwell, pero se le acerca bastante. Riku, una bruja de tierra con la capacidad de crear ejércitos en un parpadeo. Masaki, especializada en potenciar la magia de otros. Mori, capaz de crear una ilusión de la cual nadie ha podido escapar hasta ahora. Y Suki, que puede hacer que otros se obsesionen con ella al punto de hacerse matar. Las cinco son formidables, y siempre andan en grupo. Su Gremio, Placidus Manibus, está bajo el control directo del Dios Dragón del Fuego.

Reconozco que no conozco realmente a mis hermanos y hermanas. Yo me la pasaba yendo de un lado para el otro haciendo lo que el Dios Dragón del Viento me decía. Para mí lo importante era sobresalir, ser el más digno de su atención, ser su herramienta más útil. En su nombre cometí muchas atrocidades, y habría cometido muchas más, de no ser porque Melodie lo destruyó.


...

Un largo silencio siguió al relato de Zeferino.

—Oye, ¿por qué todos tus hermanos tienen nombres tan extraños? Bueno, tu nombre es extraño, pero al menos no suena como si fuera de otro país. —Inquirió Fernando.

Zeferino sonrió antes de responder, y Melodie sintió que su apariencia angelical era demasiado peligrosa para ella.

—Solamente a mi madre se le permitió darme un nombre. Recuerda que el Dios Dragón del Viento esperaba que ella sintiera amor por mí. Al resto de mis hermanos los nombró mi padre a su antojo. Jiro me dijo varias veces que Renzo, Kuro y él eran los menos favoritos de nuestro padre desde el momento de nacer, que era notorio porque le puso nombres con un significado estúpido.

—De lo que se puede inferir que ese tal Jiro tiene un complejo de inferioridad. —Apuntó Camilo.

—Tal vez, aunque Jiro tenía al menos algo de razón. Incluso desde el vientre, un Dios Dragón puede saber el potencial mágico de una persona. Y nuestro padre era un tarado, eso no se puede negar.

—Zeferino, no te tomes a mal lo que te voy a decir pero, ¿eso es todo? —Cuestionó Persea.

—¿A qué te refieres? —Replicó Zeferino sorprendido.

—Pues, nos has dado datos relevantes, pero son muy sucintos. Hablas de tu familia como si fueran personajes y no como personas. O sea, ¿no hay más que nos puedas decir sobre ellos? Dijiste que no los conocías mucho, sin embargo parece que no los conocías de nada.

Zeferino se quedó mirando los ojos verdes de Persea hasta que ella se sintió incómoda. Luego él se encogió de hombros y suspiró.

—Tienes razón. Nosotros nunca nos relacionamos mucho que digamos. Yo era una persona muy diferente a la que soy ahora, ellos nunca me interesaron más allá de la utilidad de sus habilidades. Lo siento, nunca pensé que eso fuera a morderme en el trasero. Incluso tras abandonar el bando del Dios Dragón del Fuego, no se me ocurrió entrar en contacto con Renzo, el único que podría pensar igual que yo. Espero que no sea demasiado tarde para ello.

—¿Y qué hay del tal Jiro y las quintillizas? ¿No puedes arreglar tu relación con ellos? —Preguntó Melodie, demasiado embelesada en aquellos ojos carmesí.

Zeferino negó con la cabeza.

—Jiro siempre me odio por ser el primogénito, eso nunca me lo va a perdonar. En cuanto a mis hermanas, son el martillo destructor del Dios Dragón del Fuego.

Zeferino jugueteó con el anillo de acero entre sus dedos.

—Lo mejor es que me ponga esto de nuevo, antes de que tu mamá venga y me vea con este aspecto.

—¡Espera un momento! —Espetó Melodie pegando un brinco hacia Zeferino.

Todos se la quedaron mirando. Ella había hablado sin pesar, porque quería verlo así un poco más. Como no podía revelar eso, mintió lo primero que se le ocurrió.

—¿Puedo probarme ese anillo? Quiero saber cómo se ve a mí.

Zeferino sonrió. A Melodie le temblaron las rodillas.

—Dijiste lo mismo la primera vez que te mostré mi verdadera apariencia. Toma, haz la prueba.

Melodie recibió el anillo que Zeferino le ofreció y se paró frente a su espejo que la reflejaba de pies a cabeza. Su cabello negro se hizo más claro y sus ojos se volvieron castaños. No fue un gran cambio en realidad.

—Sutil, me gusta. —Comentó Melodie sobre sí misma.

—¡Ahora yo! —Demandó Fernando.

—¿Yo también puedo? —Pidió Persea interesada.

—Claro. ¿Tú también te apuntas, Cam?

—No. Tengo que memorizar esta reseña que hiciste sobre Moby-Dick. Ustedes dos no deberían perder el tiempo, sobretodo tú Melodie. Y ya te dije que no me llames Cam, Zeferino.

—A lo mejor no tengo necesidad de estudiar. Zefer, ¿puedes soplarme las respuestas durante el examen?

—¿Soplar?

—Ajá. Así como haces tú para obtener calificaciones perfectas. Ya sabes, un poco de trampa a mi favor para mejorar mis notas y que podamos pasar las vacaciones de invierno haciendo cosas divertidas. —La voz de Melodie se había puesto melosa sin que ella se diera cuenta.

—Primero, yo nunca hago trampa en mis exámenes, no necesito hacerlo, yo sí tengo memoria eidética.

—Espera, ¿de verdad? ¡Pensé que eso era una excusa! ¡No es justo! Voy entendiendo por qué tus hermanos te odian tanto. —Bromeó Melodie.

—Segundo, ay dolor, no es mi culpa haber nacido tan perfecto. De hecho, si no fuera tan inteligente no sería ni la mitad de buen mago que soy. Tercero, yo escucho el viento. Nuestra Unión no está al nivel donde lo puedas comprender, aún si lo puedes percibir. Cuarto, si uso mi magia de viento para volverme invisible y estar a tu lado durante el examen, las hojas de los exámenes van a salir volando por todos lados.

—¿Entonces tengo que recuperar mis asignaturas como una persona normal?

—Sí. —Declaró Zeferino con solemnidad.

Melodie saltó a su cama, haciendo brincar los cuadernos de Zeferino y Persea, y con frenética desesperación empezó a auscultar los cuadernos de él.

—¡La magia no sirve para nada! —Estalló Melodie.

—Oye, tú eras la que quería una vida normal. —Se mofó Zeferino, recibiendo el anillo de manos de Persea, volviendo a recuperar su cabello y ojos castaños.

...

Era de noche cuando por fin ser fueron de la casa de Melodie. Zeferino había comprado pizza para todos. Camilo no dejó de notar lo impresionados que estaban los padres de Melodie, a causa del dinero que Zeferino gastaba como si fuera poca cosa. También pudo notar el regocijo de él al causar dicha impresión con su fortuna, y cómo Melodie había contemplado a Zeferino tras quitarse el Anillo de Ojos Castaños.

Había apretado los puños y los dientes más de una vez ese día. Esperaba que ninguno de ellos lo hubiese notado.

Zeferino pagó un taxi para ellos. Camilo dejó a Persea en la puerta de su casa. No habían hablado mucho durante el trayecto. Pensó que ella estaría cansada de tanto estudiar. En cuanto a él, se sentía incapaz de seguir pretendiendo por más tiempo. Sentía que se estaba ahogando en la piel de Camilo.

Por fin llegó a su casa. Saludó a Abdullah, el señor al que llamaba padre.

—Nuestro amo desea verte. —Dijo Abdullah sin preámbulos.

Resignado a lo que era inevitable, Camilo se dirigió al limpio sótano de su falso hogar. Allí empujó una pared corrediza y siguió de largo por el pasillo. Se detuvo momentáneamente en la única habitación que había a lo largo de ese pasillo, la amplia estancia en la que dormía Kuro. Camilo no supo cómo expresar lo que sentía, así que siguió avanzando hasta que llegó a un ascensor.

Tras presionar el botón de bajada, Camilo supo que tenía tres kilómetros para pensar lo que le iba a decir al Dios Dragón del Fuego. No se le ocurrió nada. Lo más que atinó fue pronunciar el conjuro para hacer visible su Anillo de Ojos Negros. Lo removió porque, tal vez, tener el cabello rubio y los ojos carmesí le iba a ganar un ápice de simpatía.

...

Capítulo 10              Índice           Capítulo 12

Nota de autor (28 de Mayo de 2.020)


Ya estoy mejor de la espalda.

El próximo capítulo de Memorias de un mago enamorado lo voy a publicar el Sábado. Pero a partir de la próxima semana, los nuevos capítulos serán publicados los Lunes, Miércoles y Viernes. Creo que así queda más organizado y puedo descansar un poco el Domingo.

Creo que con tres capítulos más ya puedo sacar la primera recopilación en formatos EPUB y PDF, tengo una manía con que mis libros queden alrededor de las cien páginas, un augurio de buena suerte para mí. No estoy seguro de qué subtitulo poner a ese primer libro de la saga. De todos los títulos que he escrito hasta ahora para Memorias de un mago enamorado, mi favorito es La alegre canción del viento, por lo que por ahora ese es el más más probable.

El capítulo de hoy lo dedico a mi pareja Melathana, quien me ha tolerado por tanto tiempo por alguna razón que sólo ella conoce.

De ahora en adelante voy a eliminar el texto de las miniaturas para cada capítulo, creo que queda mejor así.

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martes, 26 de mayo de 2020

Memorias de un mago enamorado 10

Capítulo 9              Índice           Capítulo 11

Memorias de un mago enamorado


hora de estudiar
Foto original por Dan Dimmock

Capítulo 10: Aprobación paterna humana


Faltaban tres semanas para el final de las clases. Eso significaba que los resultados de los exámenes finales en cada asignatura habían sido entregados. Normalmente, Melodie tenía que esforzarse a regañadientes para obtener notas regulares. La última semana ni siquiera había podido hacer ese mínimo esfuerzo, tras haber descubierto que tenía magia y enemigos y una especie de prometido y un ex-novio que no eran tan malo después de todo.

—¡Melodie, estás loca si crees que voy a permitir que tus amigos vengan aquí a perder el tiempo con esas calificaciones tan espantosas! ¡Perdiste seis asignaturas! ¡Seis! ¡Eso es el doble de lo que sueles perder! ¡Tienes tres semanas para recuperarte! ¡Nada de perder el tiempo con tonterías! —La madre de Melodie tenía el rostro hinchado y enrojecido por la ira.

Normalmente, Melodie habría tirado la toalla, se habría resignado. Pero necesitaba hablar de cosas realmente importantes con los demás, no podía esperar tres semanas.

—Camilo es uno de los que va a venir. —Informó Melodie.

La furia en el rostro de la madre de Melodie mermó un poco, se había deshinchado, aunque seguía colorada.

—Además, la razón principal para que nos reunamos es estudiar. Ellos me quieren ayudar. —Mintió Melodie en un rapto de inspiración.

El rostro de la madre de Melodie recuperó su coloración normal.

...

El rostro de la madre de Melodie se puso colorado e hinchado de nuevo en cuanto se presentó el nuevo amigo de su hija.

—Mucho gusto Señora. Mi nombre es Zeferino, encantado de conocerla finalmente.

—¡No puede ser! ¿Tú eres Zeferino? ¡Todos dicen que eres el más fuerte de la escuela! ¡Ni siquiera los de Décimo han podido contigo! —Fernando estrechó la mano de Zeferino con efusión.

La madre de Melodie miró a su hijo como si acabase de lamer una cucaracha.

—Sólo peleó cuando tengo que hacerlo. Y hoy vinimos a estudiar, pequeño Fer. —Dijo Zeferino, acomodándose sus nuevas gafas.

—Dudo mucho que un pandillero pueda ser de ayuda en un grupo de estudio. —Atacó la madre de Melodie con sevicia.

—¡Mamá!

—De hecho, Zeferino es el estudiante con las mejores calificaciones en toda la escuela. —Comentó Camilo.

—¿Qué? —Replicaron Melodie y su madre al mismo tiempo.

—Sí, es verdad. De hecho él tiene memoria eidética, ¿no es así? —Insistió Camilo.

—Algo así. —Respondió Zeferino encogiéndose de hombros.

Entonces Melodie cayó en cuenta que Zeferino escuchaba hablar el viento. A lo mejor así podía saber la respuesta a todos los exámenes. Era una trampa genial e imposible de detectar que Melodie tuvo que envidiar.

—Sé que existen muchos rumores sobre mí, por lo que imaginé que mi reputación me iba a preceder. Así que para demostrar que no soy tan malo, traje un pequeño regalo. —Dijo Zeferino.

Le ofreció a la madre de Melodie un paquete como de treinta centímetros de ancho y longitud, y cincuenta centímetros de alto. Ella lo recibió con cierta desconfianza pero lo abrió. Se le abrieron los ojos cuando desgarró el papel regalo y contempló el contenido en su interior.

—¡Un deshumidificador!

—Melodie me contó que lo único que no le gusta de esta ciudad es que siempre hace calor, así que supuse que con un deshumidificador se sentiría más cómoda en su casa.

—Esta marca, ¡esto cuesta como mil dólares! —Protestó la Señora, dudosa de aceptar el regalo.

—No sé preocupe, eso no es gran cosa para mí, soy rico. Entonces, ¿vamos a estudiar o qué?

...

Persea se había ubicado sobre la cama de Melodie. Tenía una sudadera gris y una blusa azul de manga corta que le dejaba descubierto el ombligo. Su cabello rubio estaba atado por un moño rojo y le caía como una larga cola de caballo hasta los omóplatos. Sus ojos verdes estaban fijos sobre los cuatro cuadernos que había abierto delante de ella: Religión, Matemáticas, Química y Física.

Camilo se sentó delante del escritorio de Melodie. Estaba vestido con una pulcra camisa blanca y pantalones tan negros como sus ojos y cabello. Él había sacado solamente un cuaderno, el de Literatura.

Sentado a un lado de Camilo estaba Zeferino, quien había sacado los cuadernos de todas las asignaturas, exhibiendo sus calificaciones perfectas. Era visible el orgullo en sus ojos castaños, también en la manera en que se pasaba la mano encima de su cabello castaño una y otra vez, con una sonrisa jactanciosa. Tenía una camisa deportiva blanca y una sudadera roja.

En el suelo, en la mitad del pequeño cuarto, estaba sentado Fernando. Devoraba lo que hacían los demás con sus ojos avellana. Él no había perdido ninguna asignatura, así que podía deleitarse en el sufrimiento académico ajeno.

Melodie se rascó su cabello rojo con aire confundido.

—¿Ustedes de verdad creyeron que los invité a estudiar? —Preguntó ella.

Los demás se la quedaron mirando como si estuviera loca.

—Sí. —Afirmó Persea.

—Por supuesto. —Dijo Camilo.

—Melodie, perdiste seis asignaturas, serías muy descarada si piensas jugar videojuegos con nosotros. —Se mofó Zeferino.

—¡Eso no es importante! ¡Ayer tuvimos que luchar contra un niño mago loco y es probable que luego se presenten otros problemas! ¡Ustedes dos ya saben que estaban bajo un control mental, y el responsable fue un sujeto diferente! ¡Resulta que estoy comprometida! ¡Y además descubrí que mi hermano tiene magia! ¡No podemos pretender que nada de eso ocurrió, porque sí ocurrió! ¡Y sigue ocurriendo! —Melodie no alzó mucho la voz para no llamar la atención de su madre, aunque sí habló con apremio.

Los demás intercambiaron miradas entre sí y luego la volvieron a mirar como si estuviera loca.

—Supongo que tienes razón pero, la vida sigue, ¿no? —Comentó Persea.

La rubia se levantó de la cama y cogió los cuadernos de Zeferino que coincidían con las asignaturas que ella había reprobado. Luego volvió a la cama y continuó con su discurso.

—Aún me siento perturbada por haber descubierto que alguien me estaba controlando, sin embargo eso también me produjo cierto alivio. Aunque me sigo sintiendo mal por todo lo que hice, no puedo cambiar el pasado. Estuve pensando mucho sobre lo que Zeferino nos dijo ayer, y decidí que quiero seguir siendo tu amiga, Melodie. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo bueno que hiciste por mí, y todo lo malo que yo te hice. Los amigos deben ayudarse entre sí, y este es un buen momento. No creo que sea de mucha ayuda peleando, mi magia sólo me permite hablar con las plantas, nada poderoso en realidad. Pero pasar tiempo juntos y ayudarnos entre nosotros a recuperar estas asignaturas, es algo que sí puedo hacer. —Persea empezó a garabatear en su cuaderno de Química.

—Hablar con las plantas puede ser muy útil. Podrías ser una Fabricante de productos relacionados con la herbología. Sean plantas medicinales o decorativas, suelen venderse bastante bien, Per. —Señaló Zeferino jugando con sus gafas.

—Gracias. Llevaba un par de años trabajando con ese propósito en mente. Pero tendré que comenzar desde cero. Por culpa de ese control mental perdí todo lo que tenía cultivado en mi invernadero. —Persea sonrió y siguió escribiendo.

—Yo me siento como Persea. Quiero compensar el haber sido un mal amigo. Mi magia tampoco es muy útil que digamos. Puedo potenciar temporalmente mi cuerpo, aunque luego yo quedo extenuado y necesito descansar mucho. Aunque mis calificaciones no son tan buenas como las de Zeferino, soy hábil para ayudar a otros a comprender mejor lo que no entienden. —Camilo se había apoderado del cuaderno de Literatura de Zeferino y lo observaba con beneplácito.

—No te preocupes por lo de tu magia Cam, eres muy bueno tocando el piano y con eso no te vas a morir de hambre.

—Zeferino, no me gusta ese apodo, suena más apropiado para una mujer que para un hombre. —Replicó Camilo.

—¡Yo puedo crear una barrera mágica! ¡Antes la llamaba solamente barrera, pero ahora le digo barrera mágica porque antes no sabía que era magia! —Declaró Fernando con una amplia sonrisa y realizando movimientos jocosos con sus brazos.

—Sigo teniendo la sensación que todo lo relacionado con la magia es más urgente que estudiar. —Dijo Melodie con su voz aún más aguda que de costumbre, pues estaba haciendo un puchero sin darse cuenta.

Zeferino se alejó del escritorio y se acercó a Melodie. Los otros tres los vieron de reojo atentamente.

—Mel, aunque lo de ayer fue espantoso, no significa que tengas que regresar a la vida que tanto quisiste dejar atrás. No tienes por qué. Yo voy a lidiar con cualquiera que quiera perturbar la vida normal que tanto deseabas. Soy lo suficientemente fuerte para ello. En cuanto a lo del compromiso, no es algo obligatorio. Muchos magos y brujas hacen la Unión para tener más poder o variedad en su arsenal. No es definitivo hasta que, ya sabes, lo que mencionó Per ayer. —Zeferino volvió a sonrojarse.

Melodie pensó que tal vez los demás tenían la razón, que a lo mejor se estaba enfocando en lo incorrecto. Luego sacudió su cabeza y se aplaudió los cachetes con suficiente fuerza como para que sus manos quedaran marcadas. La reacción de los otros fue de sobresalto.

—¡No, ustedes están mal! Confieso que yo tampoco sé muy bien cómo debe comportarse una ante circunstancias tan bizarras, ¡pero pretender que no tiene importancia y dedicarse a algo más no es la solución! Persea, Camilo, ustedes dos estaban en una relación. Aún si fue instigada por alguien más,¿todos los sentimientos que hubo entre ustedes desaparecieron? ¿Están seguros que no quieren seguir juntos? —Melodie los apuntó a ambos con un dedo acusador.

Persea abrió la boca como para decir algo pero luego la cerró.

—Es complicado. —Dijo Camilo lacónicamente.

—¿Complicado? ¿Y qué hay de disparar contra alguien? Ese tal Kuro era un niño psicópata y asesino serial y definitivamente merecía morir como murió, ¿pero qué hay de ti Camilo? ¡Tú fuiste el que jaló el gatillo! ¡De seguro no te sientes bien por eso! Lo hiciste para salvarme y desde luego no quiero que te sientas mal, ¡sin embargo es probable que te sientas mal! ¡Tienes grandes ojeras, de seguro anoche no pegaste el ojo!

Persea, Zeferino y Fernando voltearon para ver a Camilo, no se habían fijado en ese detalle.

—Tienes razón. Yo nunca le había disparado a nadie, y aunque fuera un loco peligroso, tenía el aspecto de un niño. No me arrepiento, lo volvería hacer para salvarte Melodie. Es algo en lo realmente no quiero pensar, prefiero hacer otra cosa, como estudiar. —Camilo regresó a inspeccionar el cuaderno de Zeferino.

—Melodie, la relación que hubo entre Camilo y yo fue falsa de principio a fin. Estoy segura que ambos lamentamos mucho de lo que hicimos cuando estábamos juntos. Ambos fuimos víctimas, por eso no debe haber rencores ni pretensiones entre nosotros. —Habló Persea con serenidad, sin levantar la vista de sus deberes.

Melodie agitó su cabello rojo al mirar primero a uno y luego a la otra. Luego se dirigió hacia Zeferino.

—Supongo que tú vas a decir algo como que la muerte de tu hermano menor no tiene importancia y que no hay nada de qué preocuparse porque podrás lidiar con los otros hijos del Dios Dragón del Viento, ¿o me equivoco?

Zeferino suspiró.

—No, estás en lo correcto. O sea, con respecto a que sí tiene importancia. Lo del control mental tuvo que haber sido obra de mi hermano Jiro. Y tras la muerte de Kuro, es probable que los demás también entren en acción. Lo mejor es que les cuente todo lo que conozco sobre ellos, en caso de que aparezcan, para que así puedan estar preparados.

Zeferino llevó su mano derecha sobre su mano izquierda, murmuró algo y en un parpadeo un anillo apareció sobre el dedo corazón de su mano izquierda. Parecía ser de acero por su color gris, y tenía inscrito alrededor runas diminutas. Zeferino removió el anillo, y de inmediato su apariencia cambió: su cabello pasó de castaño a rubio, y sus ojos pasaron de castaños a un carmesí brillante.

Melodie se sobresaltó. No había notado las similitudes hasta ahora, pero era como si Zeferino fuera una versión mayor de Kuro. No era solamente el color de los ojos y del cabello, también el rostro angelical estaba ahí.

—Esta es mi verdadera apariencia, que procuro mantener oculta para alejarme del legado de mi padre. Les voy a relatar mi historia y la de mis hermanos, los hijos del Dios Dragón del Viento.

...

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Nota de autor (26 de Mayo de 2.020)


Cuando me da mucho estrés, me da por limpiar. Empiezo a mover todo y a remover el polvo en los rincones y más. Como consecuencia, suelo lastimar mi espalda por ese ímpetu de limpieza. Adivinen quien tiene una bolsa de agua calienta en la espalda mientras escribe.

Esta entrada fue posible gracias a Rocio Tou, Sergio Andres Rodriguez Vargas, Nkp, Kbrem y Claudio Andres Cayulao Martinez.

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