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viernes, 2 de mayo de 2014

Harry Potter y los Métodos de la Racionalidad Capítulo 20

Capítulo 19             Capítulo 21

HARRY POTTER Y LOS MÉTODOS DE LA RACIONALIDAD

Capítulo 20
El Teorema de Bayes
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Aquello que puede ser destruido por el Rowling debería serlo.

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Harry contempló el techo gris del pequeño cuarto, yaciendo desde la portátil pero aun así suave cama que había estado puesta allí. Se había comido una buena cantidad de bocadillos del Profesor Quirrell – intrincadas confecciones de chocolate y otras sustancias, espolvoreadas con salpicaduras resplandecientes y adornadas con pequeñas gemas de azúcar –, que parecieron muy costosas y demostraron, de hecho, ser muy deliciosas. Harry no se había sentido culpable en lo más mínimo. Esto se lo había ganado.

No había intentado dormir. Harry tenía el presentimiento de que no le gustaría lo que pasaría cuando cerrara sus ojos. No había intentado leer. No hubiera sido capaz de concentrarse. Era gracioso como el cerebro de Harry seguía corriendo y corriendo, sin detenerse a pesar de cuan cansado pudiera estar. Se volvía más estúpido pero se rehusaba a apagarse. Pero había, real y verdaderamente había un sentimiento de triunfo.

“Programa Harry-Anti-Señor-Oscuro, +1 punto” no alcanzaba a cubrirlo. Harry se preguntó qué diría el Sombrero Seleccionador ahora, de poder ponérselo en la cabeza.

No era una sorpresa que el Profesor Quirrell hubiera acusado a Harry de avanzar por el camino de un Señor Oscuro. Harry había sido demasiado lento para aceptarlo, debería haber visto el paralelismo de inmediato:

Entiendan que el Señor Oscuro no ganó ese día. Su meta había sido aprender artes marciales, y aun así se fue sin una sola lección.

Harry había entrado a la clase de Pociones con la intención de aprender pociones. Se fue sin una sola lección. Y el Profesor Quirrell se había enterado con aterradora precisión, y había acercado y desviado a Harry de ese sendero. El sendero que lo llevaba a convertirse en una copia de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

Hubo una llamada a la puerta. "Las clases han terminado," anunció la silenciosa voz del Profesor Quirrell. Harry se aproximó a la puerta y se halló repentinamente nervioso. Entonces la tensión disminuyó al mismo tiempo que escuchó los pasos del profesor alejándose de la puerta.

¿En nombre de los Cielos, qué era eso? ¿Acaso sabía que lo que iba a hacer era para que lo despidieran?


Harry abrió la puerta, y vio que el Profesor Quirrell le esperaba a varios metros de distancia.

¿Acaso el Profesor Quirrell lo sentía también?

Cruzaron la desierta plataforma hacia el escritorio del Profesor Quirrell, en el cual se apoyó el Profesor Quirrell; y Harry, como antes, se detuvo antes de llegar a la tarima.

"Así que…" el Profesor Quirrell indagó. Había un tono amistoso en su voz, aunque su cara aún conservaba su usual seriedad. "¿de qué quería hablarme, Sr. Potter?"

Tengo un misterioso lado oscuro. Pero Harry no podía soltarlo así no más.

"Profesor Quirrell," Harry preguntó, "¿estoy ahora fuera del sendero para convertirme en un Señor Oscuro?"

El Profesor Quirrell se quedó mirando a Harry. "Sr. Potter," disertó solemnemente, con nada más que una ligera mueca, "un pequeño consejo. No hay tal cosa como una actuación que sea demasiado perfecta. Las personas genuinas quienes acaban de ser golpeadas y humilladas durante quince minutos no se levantan y graciosamente perdonan a sus enemigos. Esa es la clase de cosa que uno hace cuando está intentando convencer a todos de que no se es un Señor Oscuro,"

"¡No puedo creer esto! ¡No puede hacer que cada observación posible confirme su teoría!"

"Y eso fue casi demasiada indignación."

"¿Qué rayos tengo que hacer para convencerlo?"

"¿Para convencerme de que no alimenta ambiciones de convertirse en un Señor Oscuro?" razonó el Profesor Quirrell, mostrándose francamente divertido. "Supongo que podría alzar su mano derecha."

"¿Qué?", Harry exclamó. "Puedo alzar mi mano derecha sin importar si lo soy o no -" Harry se detuvo, sintiéndose muy estúpido.

"En efecto," concluyó el Profesor Quirrell. "Puede hacerlo con la misma facilidad en cualquier caso. No hay nada que usted pueda hacer para convencerme porque sé exactamente lo que estaba intentando hacer. Y si fuéramos a ser aún más precisos, mientras supongo que es vagamente posible que personas perfectamente buenas existan, incluso cuando nunca he conocido una sola, es improbable que alguien sea apaleado durante quince minutos. Que se levante y sienta entonces una gran urgencia de pedir perdón a sus atacantes. Por otro lado, es menos improbable que un joven niño se imaginara esto como un juego para convencer a su profesor y a sus compañeros de clase de que él no es el siguiente Señor Oscuro. La importancia de un acto no yace en lo que ese acto parece en la superficie, Sr. Potter, sino en los estados de la mente que hacen de ese acto más o menos probable."

Harry parpadeó. Un mago le acababa de explicar la dicotomía entre la heurística de la representatividad y la definición Bayesiana.

"Pero, de nuevo," prosiguió el Profesor Quirrell, "cualquiera puede querer impresionar a sus amigos. Eso no lo necesita un ser Oscuro. Así que sin que eso sea algún tipo de admisión, Sr. Potter, dígame honestamente. ¿Qué pensamiento pasaba por su mente en el momento en que usted prohibió cualquier venganza? ¿Fue ese pensamiento un verdadero impulso para perdonar? ¿O fue la consciencia de cómo sus compañeros de clase verían ese acto?"

A veces nosotros mismos hacemos nuestra propia canción del fénix.

Pero Harry no lo expresó en voz alta. Era claro que el Profesor Quirrell no le creería, y probablemente lo respetaría menos por intentar pronunciar una mentira tan transparente.

Tras unos momentos de silencio, el Profesor Quirrell sonrió con satisfacción. "Créalo o no, Sr. Potter," dijo el profesor, "no necesita tenerme miedo por haber descubierto su secreto. No voy a parlotear para que se rinda y se convierta en el siguiente Señor Oscuro. Si pudiera regresar atrás en el tiempo y de algún modo eliminar la ambición de la mente del niño que era yo, el yo de este tiempo presente no se beneficiaria de esa alteración. Durante el tiempo que pensé que esa era mi meta, me llevó a estudiar, aprender y a refinar mi persona para volverme más fuerte. Nos convertimos lo que se supone que debemos ser al estar siguiendo nuestros deseos a donde quieran que nos guíen. Esa es la revelación de Salazar. Pídame enseñarle la sección de la librería que guarda aquellos mismos libros que yo leí cuando tenía trece años, y yo felizmente le mostraré el camino."

"Por el amor de la bazofia," Harry maldijo, y se sentó sobre el duro suelo de mármol, y luego yació de espaldas en el suelo, contemplando los distantes arcos del techo.

"Aún es demasiada indignación," observó el Profesor Quirrell. Harry no lo estaba mirando pero pudo escuchar la risa que intentaba disimular en la voz.

Entonces Harry se dio cuenta.

"En realidad, creo que sé qué lo está confundiendo," Harry arguyó. "De eso era de lo que quería hablar con usted, de hecho. Profesor Quirrell, pienso que lo que usted está viendo es mi misterioso lado oscuro."

Hubo una pausa.

"Su... lado oscuro..."

Harry se sentó. El Profesor Quirrell le estaba otorgando una de las más extrañas expresiones que hubiera visto sobre el rostro de alguien, sin hablar de alguien tan dignificado como el Profesor Quirrell.

"Ocurre cuando estoy enojado," Harry explicó. "Mi sangre circula como el hielo. Todo se vuelve frío. Todo parece perfectamente claro... En retrospectiva ha estado conmigo por un tiempo. En mi primer año de escuela muggle, alguien intentó quitarme mi pelota durante el recreo y la oculté detrás de mi espalda y lo pateé en el plexo solar el cual había leído era un punto débil, y los otros niños no me molestaron después de eso. También mordí a un profesor de matemáticas cuando ella no aceptó mi dominio. Pero ha sido recientemente cuando he estado bajo suficiente estrés como para notar que es un verdadero, ya sabe, misterioso lado oscuro, y no solamente un problema del manejo de la ira como dictaminó el psicólogo de la escuela. Y no poseía ningún poder mágico cuando pasó, esa fue una de las primeras cosas que revisé."

El Profesor Quirrell se frotó su nariz. "Déjeme reflexionar sobre esto," dijo.

Harry esperó en silencio por todo un minuto. Usó ese tiempo para ponerse de pie, lo que fue más difícil de lo que había esperado.

"Bien," el Profesor Quirrell admitió después de un rato. "Supongo que había algo que podía decir para convencerme."

"Ya he adivinado que mi lado oscuro no es más que otra parte de mí y que la respuesta no es enojarme, sino aprender a permanecer en control para aceptarlo. No soy tonto ni nada que se le parezca y he visto esta historia suficientes veces para saber hacia dónde se dirige, pero es difícil y usted se ve como la persona adecuada para ayudarme."

"Bueno... sí... muy perspicaz de su parte, Sr. Potter, debo reconocer que ese lado suyo es, como usted ya ha conjeturado, su intención para matar, que como usted ha dicho necesita..."

“Necesita ser entrenado," Harry agregó, completando el patrón.

"Que necesita ser entrenado, sí." Esa extraña expresión aún era parte de la cara del Profesor Quirrell. "Sr. Potter, si usted verdaderamente no desea ser el próximo Señor Oscuro, ¿entonces cuál fue la razón por la cual el Sombrero Seleccionador le intentó convencerle para que abandonara, la razón por la cual fue seleccionado para estar en Slytherin?"

"¡Yo fui seleccionado en Ravenclaw! "

"Sr. Potter," aclaró el Profesor Quirrell, ahora con una más usual seca sonrisa, "Sé que está acostumbrado a que todos a su alrededor sean idiotas, pero por favor no me confunda con uno de ellos. La probabilidad de que el Sombrero Seleccionador hiciera su primera broma en ochocientos años mientras estaba en su cabeza es tan pequeña que no vale la pena considerarla. Supongo que es meramente posible que usted chasqueara sus dedos e inventara alguna simple e ingeniosa manera de derrotar los hechizos anti-manipuladores que tiene el Sombrero. Sin embargo yo mismo no puedo pensar en tal método. Pero es más probable pensar que Dumbledore no estaba feliz con la elección del Sombrero para El-Niño-Que-Vivió. Esto es evidente para cualquiera con la más mínima pizca de sentido común, por lo que su secreto está a salvo en Hogwarts."

Harry abrió su boca, luego la cerró de nuevo con un sentimiento de completa impotencia. El Profesor Quirrell estaba equivocado, pero equivocado de un modo tan convincente que Harry estaba comenzando a pensar que simplemente era el juicio racional, dada la evidencia disponible para el Profesor Quirrell. Había momentos, nunca momentos predecibles pero aun así ocurrían, cuando podías obtener evidencia improbable y la mejor suposición conocible sería incorrecta. Si tenías una prueba médica que únicamente fallaba una de cada mil veces, a veces saldría mal de todos modos.

"¿Puedo solicitarle que nunca diga lo que estoy a punto de decir?" cuestionó Harry.

"Absolutamente," juró el Profesor Quirrell. "Me considero solicitado."

Harry tampoco era un tonto. "¿Puedo considerar que ha dicho sí?"

"Muy bien, Sr. Potter. Puede en efecto considerarlo."

"Profesor Quirrell -"

"Yo no repetiré lo que está a punto de pronunciar," el Profesor Quirrell aceptó, sonriendo.

Ambos se rieron, luego Harry se puso serio otra vez. "El Sombrero Seleccionador creía que yo iba terminar convirtiéndome en un Señor Oscuro a menos de que fuera a Hufflepuff," Harry confesó. "Pero yo no quiero ser uno."

"Sr. Potter..." replicó el Profesor Quirrell. "No se lo tome a mal. Le prometo que no será calificado por esta respuesta. Únicamente quiero saber su propia, honesta, respuesta. ¿Por qué no?"

Harry volvió a a sentir la misma impotencia de nuevo. No te convertirás en un Señor Oscuro era un teorema tan obvio en su sistema moral que era difícil describir los pasos para probarlo. "Um, ¿las personas resultarían lastimadas?"

"De seguro usted ha querido lastimar personas," rebatió el Profesor Quirrell. "Usted quería herir a esos abusones el día de hoy. Ser un Señor Oscuro significa que las personas que quieres lastimar resultan lastimadas."

Harry debatió consigo mismo y luego decidió simplemente ir con lo obvio. "Primero que todo, sólo porque yo quiera herir a alguien eso no significa que sea correcto -"

"¿Qué hace un acto correcto, si no es querer algo?"

"Ah," Harry explicó, "utilitarismo preferencial."

"¿Discúlpame?" interrogó el Profesor Quirrell.

"Es una teoría de la ética de que el bien es aquello que satisface las preferencias de la mayoría de personas -"

"No," el Profesor Quirrell negó. Sus dedos rascaron el puente de su nariz. "No pienso que eso sea lo que estaba intentando decir. Sr. Potter, al final todas las personas hacen lo que que quieren hacer. A veces aquellas personas le dan nombres como 'correcto' a cosas que quieren hacer, ¿mas como podría ser posible que actuáramos por algo excepto nuestros propios deseos?"

"Bien, obviamente," Harry reconoció. "no podría actuar basado en consideraciones morales si carecieran el poder de conmoverme. ¡Pero eso no quiere decir que mi deseo de lastimar a esos Slytherins tenga el poder de conmoverme más que las consideraciones morales!"

El Profesor Quirrell parpadeó.

"Sin mencionar," Harry añadió, "¡ser un Señor Oscuro indicaría que un montón de espectadores inocentes resultarían heridos también!"

"¿Por qué eso le importaría?" El Profesor Quirrell preguntó. "¿Qué han hecho ellos por usted?"

Harry rió. "Oh, eso fue tan sutil como La rebelión de Atlas."

"¿Perdón?" Volvió a cuestionar el Profesor Quirrell.

"Es un libro que mis padres no me dejaron leer porque pensaron que me corrompería, así que por supuesto fui y lo leí de todos modos y quedé ofendido de que ellos pensaran de que caería por una trampa así de obvia. Blah blah blah, apelar a mi sentido de superioridad, otras personas están intentando mantenerme subyugado, blah blah blah."

"¿Entonces estás recomendando que haga mis trampas menos evidentes?" propuso el Profesor Quirrell. Golpeó suavemente con su dedo en su mejilla, pensativo. "Puedo trabajar en eso."

Ambos se rieron.

"Pero para permanecer con la pregunta actual," retomó el Profesor Quirrell, "¿qué han hecho todas esas otras personas por usted?"

"¡Otras personas han hecho grandes cosas por mí!" Harry exclamó. "¡Mis padres me recogieron cuando mis otros padres murieron porque eran buenas personas, y convertirme en un Señor Oscuro sería traicionar eso!"

El Profesor Quirrell guardó silencio por un tiempo.

"Confieso," admitió el Profesor Quirrell en voz baja, "que cuando tenía su edad, ese pensamiento jamás se me ocurrió."

"Lo siento," Harry dijo.

"No lo este," cortó el Profesor Quirrell. "Fue hace mucho tiempo, y resolví mis asuntos paternales para mi propia satisfacción. ¿Así que lo que lo detiene es el pensamiento de la desaprobación de sus padres? Eso quiere decir que si ellos murieran en un accidente, no habría nada más para detenerlo de -"

"No," Harry interrumpió. "No es sólo eso. Es su impulso a la bondad lo que me abrigó. Ese impulso no está únicamente en mis padres. Y ese impulso es lo que sería traicionado."

"En cualquier caso, Sr. Potter, usted no ha respondido mi pregunta original," insistió el Profesor Quirrell finalmente. "¿Cuál es su ambición?"

"Oh," clamó Harry. "Um.." Organizó sus pensamientos. "Para entender todo lo importante hay que conocer sobre el universo, aplicar ese conocimiento para volverse omnipotente, y usar ese poder para rescribir la realidad porque tengo algunas objeciones sobre la forma en que funciona por el momento."

Hubo una ligera pausa.

"Perdóneme si esta es una pregunta estúpida, Sr. Potter," replicó el Profesor Quirrell, "¿pero está seguro de que no acaba de confesar querer ser un Señor Oscuro?"

"Eso es solamente si usas tu poder para el mal," explicó Harry. "Si usas el poder para el bien, eres un Señor de la Luz."

"Ya veo," el Profesor Quirrell rumió. Le dio un pequeño golpe a su otra mejilla con un dedo. "Supongo que puedo trabajar con eso. Pero Sr. Potter, mientras el alcance de su ambición es digno del mismísimo Salazar, ¿exactamente cómo propone usted conseguirlo? ¿Es el paso uno volverse un gran mago luchador, o Jefe Innombrable, o Ministro de Magia, o…"

"El paso uno es convertirse en científico."

El Profesor Quirrell estaba mirando a Harry como si se acabara de transformar en un gato.

"Un científico," el Profesor Quirrell murmuró tras un rato.

Harry asintió.

"¿Un científico? " repitió el Profesor Quirrell.

"Sí," Harry afirmó. "Lograré mis objetivos a través del poder... ¡de la Ciencia!"

"¡Un científico! " gritó el Profesor Quirrell. Había genuina indignación sobre su rostro, y su voz creció en fuerza y nitidez. "¡Podrías ser el mejor de todos mis estudiantes! ¡El más grandioso mago luchador que ha venido a Hogwarts en cinco décadas! ¡No puedo imaginarlo desperdiciando sus días en una bata blanca de laboratorio haciéndole cosas inútiles a las ratas!"

"¡Oiga!" protestó Harry. "¡Hay más en la ciencia que eso! No es que haya nada malo con experimentar en ratas, por supuesto. Pero la ciencia es cómo vas y entiendes y controlas el universo -"

"Tonto," reiteró el Profesor Quirrell, en voz baja, amargamente intensa. "Eres un tonto, Harry Potter." Pasó una mano sobre su cara, y cuando esa mano terminó de pasar, su cara estaba más calmada. "O es más probable que aún no haya encontrado su verdadera ambición. ¿Puedo recomendarle fuertemente que intente convertirse más bien en un Señor Oscuro? Haré cualquier cosa en la que pueda ayudar como un asunto de servicio público."

"No le gusta la ciencia," Harry susurró lentamente. "¿Por qué no?"

"¡Esos tontos Muggles nos mataran a todos algún día!" La voz del Profesor Quirrell se elevó aún más. "¡Ellos lo terminaran! ¡Lo terminaran todo!"

Harry se estaba sintiendo un poco perdido aquí. "¿De qué estamos hablando, armas nucleares?"

, armas nucleares!" El Profesor Quirrell casi estaba gritando. "Incluso El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado nunca las usó, ¡quizá porque él no quería gobernar sobre un montón de cenizas! ¡Nunca debieron ser fabricadas! ¡Y únicamente empeorará con el tiempo!". El Profesor Quirrell estaba erguido derecho sin apoyarse en su escritorio. "¡Hay puertas que no se abren, hay sellos que no se rompen! Los tontos que no pueden resistir entrometerse son asesinados por riesgos menores desde el principio, ¡y todo lo que saben los sobrevivientes es que hay secretos que no compartes con cualquiera que carezca de la inteligencia y la disciplina para descubrirlos por ellos mismos! ¡Cada mago poderoso lo sabe! ¡Aún los más terribles Magos Oscuros lo saben! ¡Y esos idiotas Muggles parecen ser incapaces de averiguarlo! ¡Los ansiosos y pequeños tontos que descubrieron el secreto de las armas nucleares no se lo guardaron para ellos mismos, se lo contaron a sus tontos políticos y ahora debemos vivir bajo la constante amenaza de la aniquilación!"

Esta era una forma de ver muy diferente las cosas con la que Harry había crecido. Nunca se le había ocurrido que los físicos nucleares tendrían que haber formado una conspiración de silencio para mantener alejado el secreto de las armas nucleares de cualquiera no lo suficientemente listo para ser un físico nuclear. El pensamiento era intrigante, si nada más. ¿Hubieran tenido contraseñas secretas? ¿Hubieran tenido mascaras?

(De hecho, por todo lo que Harry sabía, había toda clase de secretos increíblemente destructivos que los físicos se guardaban para si mismos, y el secreto de las armas nucleares fue el único que se había escapado desenfrenadamente. El mundo luciría igual para él de todos modos.)

"Tendré que pensar sobre ello," Harry dijo al Profesor Quirrell. "Es una idea nueva para mí. Y uno de los secretos ocultos de la ciencia, entregado por unos pocos profesores a sus estudiantes graduados, es cómo evitar desaguar ideas nuevas por el inodoro en el instante en que escuchas alguna que no te guste."

El Profesor Quirrell parpadeo otra vez.

"¿Hay algún tipo de ciencia que usted apruebe?" preguntó Harry. "¿Medicina, tal vez?"

"Viajes Espaciales," respondió el Profesor Quirrell. "Pero los Muggles parecen estar arrastrando los pies en el único proyecto que podría haber permitido que la comunidad mágica escapara de este planeta antes de que lo estallaran."

Harry asintió. "Soy un gran fan del programa espacial también. Al menos tenemos eso en común."

El Profesor Quirrell contempló a Harry. Algo vaciló en los ojos del profesor. "Usted me dará su palabra, su promesa y su juramento de nunca hablar de lo que sigue."

"Las tiene." Harry aceptó inmediatamente.

"Ten un ojo abierto sobre tu juramento o no te gustaran los resultados," advirtió el Profesor Quirrell. "Ahora lanzaré un raro y poderoso hechizo, no sobre usted, sino sobre el salón de clases alrededor nuestro. Permanezca quieto, así no tocará los bordes del hechizo una vez que haya sido lanzado. No debe tener interacción con la magia que voy a mantener. Sólo mirar. De otro modo daré por terminado el hechizo." El Profesor Quirrell hizo una pausa. "E intente no caerse."

Harry asintió, intrigado y ansioso.

El Profesor Quirrell alzó su varita y pronunció algo que los oídos y mente de Harry no pudieron comprender para nada, palabras que traspasaron la consciencia y desaparecieron en el olvido.

El mármol en un radio cercano alrededor de los pies de Harry permaneció constante. El resto del mármol del suelo se desvaneció, al igual que las paredes y techo.

Harry quedó de pie sobre un pequeño círculo blanco de mármol en el medio de un campo infinito de estrellas, ardiendo terriblemente, brillantes y firmes. No había Tierra, ni Luna, ningún Sol que Harry reconociera. El Profesor Quirrell se erguía en el mismo lugar como antes, flotando en la mitad del campo de estrellas. La Vía Láctea ya era visible como un gran baño de luz y creciendo más brillante mientras la visión de Harry se ajustaba a la oscuridad.

El espectáculo retorció el corazón de Harry como nunca jamás le había pasado.

"¿Estamos... en el espacio...?"

"No," declaró el Profesor Quirrell. Su voz era triste, y reverente. "Pero es una imagen verdadera."

Las lágrimas llegaron a los ojos de Harry. Las limpió frenéticamente, no se perdería esto por alguna estúpida agua emborronando su visión.

Las estrellas ya no eran pequeñas joyas puestas en un gigantesco domo de terciopelo, como estaban en el cielo nocturno de la Tierra. Aquí no había un cielo en lo alto, no había una esfera circundante. Únicamente puntos de perfecta luz contra la perfecta negrura, un infinito y vacío espacio con incontables hoyos diminutos a través del cual brillaba el resplandor de algún reino inimaginable más allá..

En el espacio, las estrellas se veían terriblemente, terriblemente, terriblemente lejos.

Harry siguió enjuagándose sus ojos, una y otra vez.

"A veces," el Profesor Quirrell susurró en una voz tan baja que casi no estaba allí, "cuando este defectuoso mundo se vuelve desusadamente odioso, me preguntó si podría haber algún otro lugar, muy lejos, donde yo debí haber estado. No puedo imaginar cuál podría ser ese lugar, ¿y si ni siquiera puedo imaginarlo entonces cómo puedo creer que exista? Y aún así el universo es tan, tan grande, ¿y quizá podría existir de todos modos? Pero las estrellas están tan, tan lejos. Requeriría un largo, largo tiempo llegar hasta allí, aún si conociera el camino. Y me intriga lo que soñaría, si duermo por un largo, largo tiempo..."

Aunque lo sintió como un sacrilegio, Harry se las arregló para murmurar. "Por favor déjeme quedarme aquí un tiempo."

El Profesor Quirrell asintió, donde se quedó de pie sin soporte contra las estrellas.

Era fácil olvidar el pequeño círculo de mármol sobre el cual te parabas, y tu propio cuerpo, y convertirse en un punto de consciencia que podría haber permanecido quieto, o podría haberse estado moviendo. Con todas las distancias incalculables no había forma de decirlo.

Hubo un tiempo sin tiempo.

Y luego las estrellas se desvanecieron, y el salón de clases regresó.

"Lo lamento," se disculpó el Profesor Quirrell, "pero estamos a punto de tener compañía."

"Está bien," Harry susurró. "Fue suficiente." Él nunca olvidaría este día, y no por las cosas sin importancia que habían ocurrido antes. Aprendería cómo lanzar ese hechizo aún si fuera la última cosa que llegara a aprender.

Luego las pesadas puertas de roble del salón de clases se despegaron de sus goznes y se deslizó a través del suelo de mármol con un chillido agudo.

"¡QUIRINUS! ¡CÓMO TE ATREVES!"

Como una vasta nube de tormenta, un anciano y poderoso mago penetró en la habitación, una visión de tan incandescente ira sobre su rostro que la severa expresión que antes había puesto para Harry no parecía nada.

Hubo una fuerte desorientación en la mente de Harry cuando la parte que quería escapar gritando de la cosa más aterradora que jamás había visto, rotando sobre el lugar de la parte de él que podía manejar el impacto.

Ninguna de las facetas de Harry estaba feliz de tener su contemplación de las estrellas interrumpida. "Director Albus Percival -" Harry inició sus palabras con helado tono.

Paf. La mano del Profesor Quirrell cayó duramente sobre su escritorio. "¡Sr. Potter!" ladró el Profesor Quirrell. "¡Este es el Director de Hogwarts y usted es un mero estudiante! ¡Se dirigirá hacia él apropiadamente!"

Harry miró al Profesor Quirrell.

El Profesor Quirrell le estaba dando a Harry una rígida mirada.

Ninguno de ellos sonrió.

Las largas zancadas de Dumbledore se interrumpieron donde Harry estaba parado antes en frente de la tarima y el Profesor Quirrell de pie al lado de su escritorio. El Director los contempló a ambos con sorpresa.

"Lo siento," Harry dijo en un tono mansamente cortes. "Director, gracias por querer protegerme, pero el Profesor Quirrell hizo lo correcto."

Lentamente, la expresión de Dumbledore cambió a una mirada que habría vaporizado el acero. "¡Escuché estudiantes hablando de que este hombre hizo que unos Slytherins más grandes abusaran de usted! ¡Que le prohibió defenderse!"

Harry asintió. "Él sabía exactamente lo que estaba mal conmigo y me mostró cómo arreglarlo."

"Harry, ¿de qué estás hablando?"

"Estaba enseñándole cómo perder," el Profesor Quirrell aclaró secamente. "Es una habilidad importante en la vida."

Era aparente que Dumbledore aún no lo entendía, pero su voz había bajado su registro. "Harry..." él inquirió lentamente. "Si hay alguna amenaza que el Profesor de Defensa te haya hecho para prevenir que te quejes -"

Lunático, justo hoy de entre todos los días realmente cree que yo -

"Director," Harry habló, procurando verse avergonzado, "lo que está mal conmigo no es que me quede callado sobre los profesores abusivos."

El Profesor Quirrell se rió entre dientes. "No fue perfecto, Sr. Potter, pero suficientemente bueno para tu primer día. ¿Director, se quedó usted el tiempo suficiente para escuchar sobre los cincuenta y un puntos para Ravenclaw, o se lanzó al ataque en cuanto escuchó la primera parte?"

Una breve mirada de desconcierto cruzó por la cara de Dumbledore, seguida por la sorpresa. "¿Cincuenta y un puntos para Ravenclaw?"

El Profesor Quirrell asintió. "Él no los estaba esperando, pero pareció apropiado. Dígale a la Profesora McGonagall que pienso que la historia de lo que el Sr. Potter tuvo que pasar para recuperar los puntos perdidos lo hará igual de bien para demostrar su punto. No, Director, el Sr. Potter no me contó nada. Es fácil ver cual parte de los eventos de hoy son el trabajo de ella, al igual que sé que el compromiso final fue sugerencia de usted. Aunque me pregunto cómo en la Tierra el Sr. Potter fue capaz de ganar la mano más alta sobre Snape y usted, y luego la Profesora McGonagall fue capaz de ganar la mano más alta sobre él."

De algún modo Harry se las arregló para controlar su cara. ¿Era así de obvio para un verdadero Slytherin?

Dumbledore se acercó a Harry, escudriñando. "Tu cara luce un poco descolorida, Harry," el anciano mago aseveró. Fisgoneó el rostro de Harry de cerca. "¿Qué tuviste hoy para el almuerzo?"

"¿Qué?" Harry preguntó, su mente tambaleando en inesperada confusión. ¿Por qué estaría Dumbledore inquiriendo sobre el cordero freído en aceite y brócoli en rebanadas delgadas cuando esa era la causa menos probable de…

El anciano mago se enderezó. "No importa, entonces. Pienso que estás bien."

El Profesor Quirrell tosió, fuerte y deliberadamente. Harry miró al profesor, y vio que el Profesor Quirrell estaba contemplando astutamente a Dumbledore.

"¡Ah-hem!" El Profesor Quirrell repitió.

Los ojos de Dumbledore y el Profesor Quirrell se encontraron, y fue como si algo pasara entre ellos.

"Si usted no le cuenta," el Profesor Quirrell dijo entonces, "yo lo haré, aún si me despide por ello."

Dumbledore suspiró y se giró hacia Harry. "Me disculpo por invadir su privacidad mental, Sr. Potter," el Director confesó formalmente. "No tenía otro propósito excepto determinar si el Profesor Quirrell había hecho lo mismo."

¿Qué?

La confusión duró exactamente lo que le tomó a Harry entender lo que acababa de pasar.

"¡Usted… !"

"Gentilmente, Sr. Potter," recordó el Profesor Quirrell. Estaba mal encarado, sin embargo, cuando contemplaba a Dumbledore.

"La Legeremancia es confundida algunas veces por el sentido común," explicó el Director. "Pero deja rastros que otro Legeremante habilidoso puede detectar. Eso fue todo lo que miré, Sr. Potter, y le hice una pregunta irrelevante para asegurarme que usted no pensará sobre nada importante mientras yo miraba"

"¡Debió pedir permiso primero!"

El Profesor Quirrell negó con su cabeza. "No, Sr. Potter, el Director tenía justificación para sus preocupaciones, y de él haberle pedido permiso usted justamente habría pensado en aquellas cosas que no deseaba que él viera." La voz del Profesor Quirrell creció en agudeza. "Estoy más preocupado, Director, ¡que usted no viera necesidad de contárselo después!"

"Usted ha hecho ahora más difícil confirmar su privacidad mental en futuras ocasiones," Dumbledore acusó. Favoreció al Profesor Quirrell con una fría mirada. "¿Era esa su intención, me pregunto?"

La expresión del Profesor Quirrell era implacable. "Hay demasiados Legeremantes en esta escuela. Insisto que el Sr. Potter reciba instrucción en Oclumancia. ¿Me permitirá ser su tutor?"

"Absolutamente no," Dumbledore contestó de inmediato.

"Me imaginé que no. Entonces ya que usted lo ha privado de mis servicios gratuitos, usted pagará las clases del Sr. Potter enseñadas por un Oclumante licenciado."

"Tales servicios no son baratos," Dumbledore señaló, viendo al Profesor Quirrell con sorpresa. "Aunque sí tengo ciertas conexiones…"

El Profesor Quirrell sacudió su cabeza firmemente. "No. El Sr. Potter le pedirá a su gerente de cuentas en Gringotts para recomendarle un instructor neutral. Con todo respeto, Director Dumbledore, tras los eventos de esta mañana estoy en la obligación de protestar que usted o sus amigos tengan acceso a la mente del Sr. Potter. También debo insistir en que el instructor tomé un Juramento Inquebrantable para que no revele nada, y que acceda a ser Desmemorizado inmediatamente después de cada clase."

Dumbledore estaba paralizado. "Tales servicios son extremadamente costosos, como usted bien lo sabe, y no puedo evitar cuestionar por qué usted los considera tan necesarios."

"Si el dinero es el problema," Harry habló, "tengo algunas ideas para producir grandes cantidades de dinero rápidamente -"

"Gracias Quirinus, tu sabiduría es ahora más que evidente y lamento haberla puesto en duda. Su preocupación por Harry Potter lo honra, también."

"Con gusto," dijo el Profesor Quirrell. "Tengo la esperanza de que no objetara si hago de él un foco particular de mi atención." El rostro del Profesor Quirrell estaba serio, y muy calmado.

Dumbledore miró a Harry.

"Ese también es mi propio deseo," Harry confió.

"Así que así es como será..." el anciano mago murmuró lentamente. Algo extrañó cruzó por su cara. "Harry... debes darte cuenta que si escoges a este hombre como tu profesor y tu amigo, tu primer mentor, entonces de algún modo u otro lo perderás, y el modo en que lo perderás podría o no podría permitirte que jamás lo recuperes."

Eso no se le había ocurrido a Harry. Pero había un maleficio en el puesto de Defensa... uno que había funcionado aparentemente con perfecta regularidad durante décadas...

"Probablemente," reconoció el Profesor Quirrell en voz baja, "pero él tendrá el mejor uso de mí mientras dure."

Dumbledore suspiró. "Supongo que es económico, al menos, como el Profesor de Defensa usted ya está condenado de alguna desconocida manera."

Harry tuvo que esforzarse para suprimir su expresión al darse cuenta lo que Dumbledore había implicado en verdad.

"Le informaré a Madam Pince que al Sr. Potter se le permite obtener libros sobre Oclumancia," expresó Dumbledore.

"Hay un entrenamiento preliminar que usted debe hacer por su cuenta," recomendó el Profesor Quirrell a Harry. "Y le sugiero que se apresure en ello."

Harry asintió.

"Entonces me despido de ustedes," concluyó Dumbledore. Asintió tanto como para Harry como para el Profesor Quirrell, y se fue, caminando muy despacio.

"¿Puede lanzar el hechizo de nuevo?" Harry inquirió en el momento en que Dumbledore se hubo ido.

"No el día de hoy," respondió el Profesor Quirrell en voz baja, "y tampoco mañana, me temo. Se necesita mucho de mí para hacerlo, aunque menos para mantenerlo, y por ello usualmente prefiero prolongarlo tanto como sea posible. Esta vez lo lancé por un impulso. De haberlo pensado, me habría dado cuenta que podríamos ser interrumpidos -"

Dumbledore era ahora la persona menos favorita de Harry en el mundo.

Ambos suspiraron.

"Incluso si únicamente lo llegara a ver una vez," Harry dijo, "nunca dejaría de estar agradecido con usted."

El Profesor Quirrell asintió.

"¿Ha escuchado usted del programa Pioneer?" Harry indagó. "Fuero sondas que volarían por diferentes planetas y tomarían fotos. Dos de las sondas llegarían a trayectorias que las harían salir del Sistema Solar y penetrar en el espacio interestelar. Así que pusieron una placa dorada en las sondas, con la foto de un hombre, y de una mujer, y mostrando donde encontrar nuestro Sol en la galaxia."

El Profesor Quirrell guardó silencio por un momento, luego sonrió. "Dígame, Sr. Potter, ¿puede usted adivinar que pensamiento llegó a mi mente cuando finalicé de armar los treinta y siete puntos de la lista de cosas que nunca haría como un Señor Oscuro? Póngase en mis zapatos – imagínese a si mismo en mi lugar – y suponga."

Harry se imaginó a él mismo repasando la lista para no hacer una vez que se convirtiera en un Señor Oscuro.

"Usted decidió que si tenía que seguir toda la lista todo el tiempo, no tendría mucho sentido convertirse en un Señor Oscuro en primer lugar," Harry afirmó.

"Precisamente," reconoció el Profesor Quirrell. Estaba sonriendo. "Así que voy a violar la regla dos – que era simplemente 'no presumas' – y le contaré sobre algo que he hecho. No veo cómo el conocimiento pueda hacer daño alguno. Y sospecho fuertemente que usted lo habría descubierto de todos modos, una vez que llegáramos a conocernos el uno al otro lo suficientemente bien. No obstante... Yo tendré que tener su juramento de que nunca hablará de lo que estoy a punto de revelar."

"¡Lo tiene!" Harry tenía el presentimiento de que esto iba a ser realmente bueno.

"Me suscribí a un boletín Muggle que me mantiene informado del progreso sobre los viajes espaciales. No escuché sobre el Pioneer 10 hasta que reportaron su lanzamiento. Pero cuando descubrí que el Pioneer 11 también dejaría el Sistema Solar por siempre," el Profesor Quirrell confesó, su sonrisa la más ancha que Harry le hubiera visto, "Entre furtivamente en la NASA, hice, y hago un pequeño y adorable hechizo sobre esa adorable placa dorada que la hará durar mucho más de lo que lo haría normalmente."

...

...

...

"Sí," el Profesor Quirrell habló, ahora parecía medir más de cincuenta pies de altura, "pensé que así era como usted podría reaccionar."

...

...

...

"¿Sr. Potter?"

"...No se me ocurre nada que decir."

"Usted gana' resulta apropiado," propuso el Profesor Quirrell.

"Usted gana," Harry dijo inmediatamente.

"¿Ve?" retomó el Profesor Quirrell. "Únicamente podemos imaginar en que enorme montón de problemas se hubiera metido si usted no hubiera sido capaz de pronunciar eso."

Ambos se rieron.

Otro pensamiento le sobrevino a Harry. "Usted no añadió información extra a la placa, ¿o sí?"

"¿Información extra?" preguntó el Profesor Quirrell, oyéndose como si la idea nunca se le hubiera ocurrido a él antes y estuviera muy intrigado.

Lo que hizo que Harry sospechara bastante, considerando que a Harry le había tomado menos de un minuto pensarlo.

"¿Quizá usted incluyó un mensaje holográfico como en Star Wars?" supuso Harry. "O... hm. Un retrato puede guardar todo un cerebro humano de vasta información... no pudo haber añadido masa extra a la sonda, ¿A lo mejor pudo haber convertido una parte existente en un retrato de usted mismo? O encontró un voluntario moribundo a causa de una enfermedad terminal, penetró dentro de la NASA, y lanzó un hechizo para asegurarse de que su fantasma terminara en la placa -"

"Sr. Potter," el Profesor Quirrell advirtió, su voz afilada de un momento a otro, "un hechizo que requiera una muerte humana ciertamente sería clasificada por el Ministerio como Arte Oscura, sin importar las circunstancias. Los estudiantes no deberían hablar de tales cosas."

Y lo sorprendente sobre el modo en que el Profesor Quirrell hablaba era como perfectamente mantenía una negación plausible. Había sido dicho en el tono exactamente apropiado para alguien que no estaba dispuesto a discutir tales cosas y pensaba que los estudiantes tendrían que alejarse de ellas. Harry honestamente no sabía si el Profesor Quirrell sólo estaba esperando hablar sobre esto hasta que Harry hubiera aprendido a proteger su mente.

"Lo entiendo," Harry clamó. "No hablaré con nadie más sobre esa idea."

"Por favor sea discreto con todo este asunto, Sr. Potter," el Profesor Quirrell sugirió. "Prefiero ir por mi vida sin atraer la atención pública. No hallará nada en los periódicos sobre Quirinus Quirrell hasta que yo decidí que era el momento para enseñar Defensa en Hogwarts."

Eso era un poco triste, pero Harry lo comprendió. Luego Harry se dio cuenta de las implicaciones. "Así que cuántas cosas asombrosas ha hecho sin que nadie más lo sepa -"

"Oh, algunas," aseveró el Profesor Quirrell. "Pero creo que es suficiente por el día de hoy, Sr. Potter, confieso que me estoy sintiendo un poco cansado -"

"Entiendo. Gracias, Por todo."

El Profesor Quirrell asintió. Harry salió rápidamente.



Capítulo 19             Capítulo 21

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Notas del Traductor

Este capítulo ya había aparecido en FFN hace un tiempo y había olvidado subirlo al blog antes, por ello me disculpo. También pido excusas por la demora con el siguiente episodio, espero que la situación de ocupe extremo que sufre mi Beta pueda solucionarse pronto.


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